La apuesta petrolera de Trump en Venezuela: los obstáculos que enfrenta y la millonaria inversión que demanda
Recuperar la producción exigirá años de esfuerzo y una inversión estimada en 100.000 millones de dólares, mientras las principales compañías se mantienen cautelosas ante la persistente incertidumbre jurídica y política.
Tras la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump anunció un tutelaje sobre Venezuela y dejó en claro que el petróleo figura en el centro de sus intereses. Con tono entusiasta aseguró que las grandes empresas estadounidenses invertirán para reactivar la producción del país sudamericano, dueño de las mayores reservas de crudo del planeta. Pero las condiciones políticas, jurídicas y de negocio revelan que los objetivos de Washington enfrentan enormes obstáculos.
“Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura gravemente deteriorada y comiencen a generar dinero para el país”, dijo Trump, como si además de haber trasladado al mandatario venezolano a Nueva York para ser juzgado por narcotráfico hubiese disipado la incertidumbre y las limitaciones que pesan sobre la industria.
Trump conferencia de Prensa Sobre Venezuela. AFP
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La combinación de una gestión deficiente, corrupción extendida, un marco legal poco competitivo y las sanciones de Estados Unidos ha golpeado con fuerza al sector. De acuerdo con los datos de la OPEP, Venezuela produce 934.000 barriles diarios, un tercio de lo que extraía antes de la llegada del chavismo en 1999.
Francisco Monaldi, director del Programa Latinoamericano de Energía del Instituto Baker de la Universidad Rice, explica que elevar la producción hasta 4 millones de barriles diarios necesitaría inversiones por 100.000 millones de dólares en 9 o 10 años de trabajo continuo.
Los analistas de RBC señalan en un reporte que ejecutivos de compañías petroleras que operan en Venezuela indican que reflotar al sector requiere inversiones anuales por el orden de 10.000 millones de dólares. En declaraciones a NBC, Trump sugirió la posibilidad de reembolsar a las empresas estadounidenses y aseguró que, bajo ese esquema, podrían poner en marcha operaciones ampliadas en un plazo inferior a 18 meses.
Trump admitió que el proceso demandará “una enorme cantidad de dinero”, aunque evitó precisar montos y que “las compañías petroleras lo gastarán, y luego recibirán el reembolso a través de nosotros o de sus ingresos”. El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, prevé reunirse esta semana con ejecutivos de empresas estadounidenses.
En cuanto a costos de producción y al punto de equilibrio de nuevas inversiones, Venezuela está en desventaja frente a los mejores yacimientos del Medio Oriente, pero resulta competitiva respecto a Canadá, Europa, África y el resto de los países de Latinoamérica. Sus crudos pesados son especialmente valiosos para las refinerías ubicadas en la Costa del Golfo de Estados Unidos, pero cuenta con restricciones importantes.
Venezuela - petróleo - EFE
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Las compañías extranjeras están obligadas a asociarse con Pdvsa, la estatal venezolana, en empresas mixtas donde participan como socios minoritarios. Pdvsa arrastra una deuda de 56.000 millones de dólares por bonos en default y compromisos vencidos con socios y proveedores. A ello se suma una disposición que garantiza al Estado venezolano al menos el 50% de los ingresos totales generados por los proyectos de producción de crudo.
En el estudio elaborado para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Análisis del Marco Fiscal Petrolero de Venezuela, James Smith concluye que “el régimen fiscal existente en Venezuela desalienta severamente la inversión en exploración, desarrollo y operaciones de recobro mejorado”.
Estas normas siguen vigentes, aunque el gobierno venezolano, amparado en lo que denomina Ley Antibloqueo —aprobada para enfrentar las sanciones de Estados Unidos— ha flexibilizado en algunos contratos las condiciones para ciertos socios. Sin embargo, se trata de una plataforma jurídica poco sólida.
"Hay que distinguir entre dos escenarios. Uno es la recuperación de la industria petrolera y el otro es el incremento marginal de la producción de Venezuela. El problema son las condiciones objetivas de inversión, toda la estructura legal. Eso no ha cambiado”, señala Luis Pacheco, académico no residente del Instituto Baker de la Universidad Rice.
Los interesados
Washington mantiene sanciones sobre el régimen venezolano que impiden la operación de compañías extranjeras en el país, excepto con licencias especiales. Ese es el caso de Chevron, la única firma estadounidense presente en Venezuela, cuya producción se estima en unos 200.000 barriles diarios.
Chevron
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Empresas energéticas como la francesa Maurel & Prom, la española Repsol y la italiana Eni disponían de licencias que fueron suspendidas en marzo del año pasado, en el marco de la estrategia de máxima presión impulsada por la Casa Blanca contra el régimen venezolano. Entre las compañías europeas figura también Shell, con un proyecto de gas costa afuera actualmente congelado. Todas ellas han gestionado ante la administración de Donald Trump la obtención de nuevas licencias.
Además hay jugadores pequeños que ven oportunidades en el interés de Washington. Ali Moshiri, exdirector de operaciones en América Latina de Chevron, explicó al Financial Times que su fondo Amos Global Energy busca captar 2.000 millones de dólares para proyectos petroleros en Venezuela. A su vez, el magnate Harold Hamm, cercano a Trump y pionero del fracking con su empresa, ha señalado que evalúa distintas opciones.
Si únicamente se reactivan las licencias y se suman algunos jugadores menores, las perspectivas apuntan a una recuperación muy lenta y con un techo bajo. De acuerdo con los analistas de Jefferies, en una transición ordenada Venezuela podría, en un plazo de tres a cinco años, añadir unos 500.000 barriles diarios mediante las empresas mixtas ya existentes, entre ellas Chevron. “Aumentos adicionales por encima de ese nivel podrían resultar mucho más complejos y costosos”, advirtieron en un reporte.
Venezuela -petróleo - EFE
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ExxonMobil y ConocoPhillips, dos de las principales compañías petroleras estadounidenses que podrían sumarse a la presencia de Chevron, reclaman a Venezuela una indemnización de 10.000 millones de dólares por la expropiación de sus activos en 2007. Un vocero de Conoco declaró a medios internacionales que “sería prematuro especular sobre cualquier actividad comercial o inversión futura”.
El pasado noviembre, ante la pregunta de si contemplaba regresar al país sudamericano, el director ejecutivo de Exxon, Darren Woods, dijo a Bloomberg: “Hemos sido expropiados de Venezuela en dos ocasiones diferentes. Tenemos nuestra historia allí”.
Las sanciones
Tras la detención de Maduro, la vicepresidenta y ministra de Petróleo, Delcy Rodríguez, asumió la presidencia del país. El secretario de Estado, Marco Rubio, dejó en claro que Washington, con el objetivo de mantener una herramienta de presión, continuará interceptando buques petroleros que transporten crudo venezolano sancionado hasta que “se hagan cambios que no sean solo en interés del pueblo de Venezuela, sino también en interés de Estados Unidos y de las cuestiones que son importantes para nosotros”.
Delcy Rodríguez. AFP
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Como consecuencia de esta medida, las exportaciones petroleras —que representan el 90% del ingreso de divisas del país— se encuentran en declive, mientras la capacidad de almacenamiento de crudo está llegando al límite, por lo que no se descarta una reducción de la producción.
Analistas consideran poco factible que China, principal comprador del crudo venezolano, ejerza una presión relevante sobre Washington para flexibilizar las sanciones. El gigante asiático dispone de alternativas inmediatas, como incrementar sus adquisiciones de petróleo proveniente de Irán o Rusia, lo que reduce su necesidad de intervenir en favor de Caracas.
Las sanciones de Estados Unidos obstaculizan el objetivo de reactivar la producción petrolera de Venezuela, pero si fueran levantadas por completo, la administración de Donald Trump podría incurrir en la contradicción de apuntalar la recomposición de un régimen al que ha acusado de ilegítimo y de favorecer al narcotráfico. Salvo que adopte medidas para controlar el flujo de ingresos.