Tras el poder
La perseverancia de Keiko Fujimori en la búsqueda de la presidencia es notoria. Su camino hacia el poder comenzó en 2011, cuando fue derrotada por Ollanta Humala, un exmilitar que intentó un golpe de Estado. Luego perdería ante Pedro Pablo Kuczynski, economista y empresario. En las pasadas elecciones cayó por un estrecho margen frente a Pedro Castillo, maestro rural de izquierda que irrumpió como outsider y que, tras un año y cuatro meses de caótica presidencia, fue encarcelado al intentar disolver el Congreso.
Ha construido su carrera política como heredera de su padre, Alberto Fujimori, el líder que un sector de la población recuerda por haber derrotado a Sendero Luminoso y ordenar la economía, pero severamente cuestionado por violaciones a los derechos humanos y por edificar un régimen autoritario.
Nacida en 1975 y primogénita de cuatro hermanos, Keiko Fujimori asumió de manera inesperada el rol de primera dama cuando el matrimonio de sus padres se quebró. Desde entonces se hizo visible en la vida pública como acompañante de su padre en actos oficiales y viajes de Estado.
Tras estudiar Administración de Empresas en Estados Unidos, regresó a Lima para dedicarse de lleno a la política. En 2006, con Alberto Fujimori ya detenido en Chile y a las puertas de una condena que lo mantendría encarcelado hasta nueve meses antes de su muerte en septiembre de 2024, obtuvo su primer cargo como congresista.
En 2022, Keiko Fujimori se separó de Mark Vito, empresario estadounidense con quien estuvo casada durante 18 años y tuvo dos hijas. Siempre de bajo perfil, Vito sorprendió tras la ruptura al dedicarse a grabar videos en TikTok y convertirse en protagonista de programas de entretenimiento en la televisión peruana.
En un país signado por los casos de corrupción, Keiko Fujimori no ha escapado a los escándalos. Fue acusada de ocultar y recibir aportes ilegales de campaña, incluidos fondos ilícitos de la constructora brasileña Odebrecht, e incluso estuvo en prisión preventiva. El Tribunal Constitucional archivó el caso y le permitió regresar a la política justo a tiempo para estas elecciones.
La criminalidad se ha convertido en uno de los mayores problemas de Perú: las cifras oficiales reportaron 2.400 homicidios el año pasado —un promedio de 200 al mes— y los casos de extorsión se han multiplicado. Frente a ese escenario, Fujimori propone una política de mano dura: deportar a migrantes fuera de la legalidad, instaurar “jueces sin rostro” para proteger a magistrados que procesen a criminales de alto riesgo y reforzar los cuerpos policiales.
“Nuestra misión es clara: recuperar el orden. Toda nuestra energía estará centrada en lo que sabemos hacer: mano dura contra el crimen”, ha repetido en sus intervenciones públicas. Asimismo ha prometido construir cuatro penales y un megapenal para reos de alta peligrosidad, inspirado en el Cecot de El Salvador.
Esto le ha permitido reivindicar la figura de su padre, recordado por derrotar a la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso. “Para combatir el terrorismo se fortalecieron las fuerzas armadas, la policía, se trabajó con las rondas campesinas, los comités de autodefensa y la población organizada, con presencia del Estado a nivel nacional”, dijo recientemente al recordar al expresidente. Eso mismo haremos para luchar ahora contra la criminalidad”, añadió.
En lo económico se ha centrado en la defensa de la propiedad privada, disciplina fiscal, reglas atractivas a la inversión extranjera y en el propósito de sumar al país a la ola de gobiernos de derecha en América Latina, acercándose a Estados Unidos.
¿Será esta la vez que Keiko Fujimori regrese al palacio de Gobierno de Perú, ya no como primera dama sino como presidenta?
La imagen de Castillo
Roberto Sánchez, psicólogo de 57 años, al inicio de su campaña levantó las mismas banderas que llevaron a Pedro Castillo a la presidencia: la desigualdad y el reclamo de las zonas andinas y del sur, las más pobres y postergadas, que buscan forzar un cambio en el orden económico.
Sánchez se presenta como sucesor de Castillo: fue su ministro de Comercio Exterior y Turismo, adoptó el sombrero que lo caracterizó y promete indultarlo. En la primera vuelta se impuso en cinco de los siete departamentos más pobres del país.
Con un estilo sereno y un tono conciliador en medio de la crispación política, Sánchez logró moverse con habilidad en el gabinete. A diferencia de otros ministros, no terminó involucrado en procesos judiciales por el fallido intento de Pedro Castillo de disolver el Congreso.
Poco después de que Pedro Castillo apareciera en televisión con la voz temblorosa para anunciar sus medidas de excepción, el entonces ministro Roberto Sánchez presentó su renuncia. En el Congreso, optó por abstenerse en la votación que terminó destituyendo al presidente, gesto que muchos interpretaron como un intento de no hundirse con él.
Hijo de migrantes de la sierra andina, casado y padre de dos hijas, nació en la provincia agrícola de Huaral, a 75 kilómetros al norte de Lima. Estudió psicología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y, antes de dedicarse a la política, incluso pensó en ser sacerdote, tras haber pasado por el seminario.
Su trayectoria política comenzó en el Partido Humanista, liderado por el exministro Yehude Simón. Desde 2017, tras las acusaciones de corrupción que golpearon a Simón en el caso Odebrecht, Sánchez tomó el control de la organización, lo rebautizó como Juntos por el Perú y fue señalado por su antiguo jefe como un “traidor”.
En el sector público trabajó como gerente en las municipalidades de Huaura, Huaral y San Borja, mientras que en 2021 fue elegido congresista cargo que abandonaría temporalmente para unirse al gobierno de Castillo.
Durante la primera parte de la campaña promovió la necesidad de una reforma constitucional para “recuperar la soberanía nacional sobre los recursos naturales”, fortalecer el rol del Estado en la economía, revisar los contratos tributarios con las grandes mineras y los tratados de libre comercio. También cuestionó a Julio Velarde, presidente del Banco Central durante dos décadas y considerado pieza clave en la estabilidad macroeconómica del país.
Dijo que usaría las reservas internacionales de Perú —cercanas a 100.000 millones de dólares— para financiar salud, infraestructura y educación. “Se necesita una buena caja fiscal para las grandes transformaciones que queremos hacer”, afirmó. En el debate con Fujimori buscó diferenciarse subrayando: “Yo vengo de abajo. No le voy a fallar a nuestro pueblo, sobre todo a los más pobres”.
Más que ajustar el modelo vigente, planteaba levantar una alternativa al capitalismo, al que describía como un sistema que en su versión neoliberal había profundizado la pobreza y la desigualdad. En sus planteamientos, el capitalismo aparecía como responsable de la degradación ambiental, la explotación de los recursos naturales y los conflictos que atraviesan al mundo actual.
Consciente de los límites electorales de una candidatura anclada exclusivamente en la izquierda, en la semana previa a la segunda vuelta Sánchez se ha movido hacia el centro. Su nuevo plan de gobierno plantea “ser un Estado de economía de mercado abierta, respetuoso de los tratados internacionales de libre comercio”, preservar “la autonomía y capacidad técnica del Banco Central” y “consolidar una senda de reducción del déficit fiscal”. Donde antes se hablaba de una Constituyente como signo de ruptura, ahora se propone un gran acuerdo nacional para concretarla.
Si logra atraer a votantes de centro y a parte de los indecisos, Sánchez podría convertirse en quien derrote nuevamente a Keiko Fujimori.