Al vencer a Flávio Bolsonaro en el balotaje del pasado domingo, Luiz Inácio Lula da Silva se convirtió en el primer candidato que gana la presidencia en Brasil tras perder en la primera vuelta desde los comicios 1989, tras la vuelta a la democracia. Cuando todo parecía señalar el fin de su carrera, Lula logró remontar una desventaja de más de dos millones de votos para imponerse por más de cuatro; una hazaña sustentada en su indudable instinto político, pero también en un despliegue de gasto público que aumenta las sombras sobre la economía.

En la recta final de la campaña, obligado a reconectar con su base, persuadir a los indecisos y contener la abstención, el ícono de la izquierda anunció un aumento del 15% en Bolsa Familia, el programa de transferencias a los hogares en situación de pobreza. A ello sumó un bono de 1.000 dólares para microempresarios, la exención del impuesto sobre la renta a la clase media baja, la promesa de transporte público gratuito los fines de semana, condonaciones de deudas y subsidios para que los conductores de Uber renueven sus vehículos.

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Seguidores de Lula celebran la victoria

Según la Institución Fiscal Independiente, un organismo de investigación adscrito al Senado brasileño, el paquete de medidas podría costarle al gobierno unos 58.000 millones de dólares el próximo año. La cifra representa más del 2% del PIB, justo cuando el desequilibrio de las cuentas públicas se consolida como el principal motivo de preocupación de analistas y entidades financieras.

Déficit y deuda

El gasto supera al ingreso en una brecha cercana al 9% del PIB, un agujero que en buena parte se cubre con emisión de deuda. El resultado es que la deuda bruta, que incluye al gobierno federal, al Instituto Nacional de la Seguridad Social y a las administraciones estatales y municipales, equivale al 83% del PIB, un nivel relativamente elevado para una economía emergente, tras haber aumentado 11 puntos porcentuales en los últimos cuatro años.

Recortar el gasto para buscar el equilibrio no es tarea sencilla. Las pensiones y las ayudas por discapacidad y desempleo se ajustan de forma automática cada vez que sube el salario mínimo, un indicador que se actualiza anualmente en función de la inflación y del PIB. El resultado es que cerca del 90% del gasto federal es obligatorio y deja muy poco margen para la discrecionalidad.

El aumento en las transferencias fue clave en la campaña

Las tasas de interés también entran en el rompecabezas. El Banco Central se ha visto forzado a aumentarlas para contener la inflación, enfriando la demanda. Actualmente, la tasa de referencia se ubica en el 13,8%, un nivel similar al alcanzado durante el repunte de precios posterior a la pandemia. Dado que cerca de la mitad de la deuda pública está atada de forma directa a esta tasa, cada incremento eleva de inmediato la carga de los intereses y acentúa la presión sobre las cuentas del gobierno.

Temblor en el mercado

La remontada de Lula tomó por sorpresa a los inversionistas que apostaban por la victoria de Bolsonaro y por su compromiso de aplicar recortes de gasto. Entidades financieras como Morgan Stanley, JPMorgan y Citigroup se apresuraron a recomendar la compra de activos brasileños tras la primera vuelta, propiciando el ingreso de miles de millones de dólares desde el exterior.

Sin embargo, el triunfo final de Lula, visto por los analistas como reticente a un ajuste fiscal que ordene las cuentas públicas y frene la deuda, provocó un severo cortocircuito en los mercados: el lunes posterior al balotaje, la Bolsa cayó 13,8% y el real se desplomó respecto al dólar.

Goldman Sachs señaló en un reporte que "una contabilidad exhaustiva y transparente del costo fiscal de las medidas y promesas de campaña, así como de las revisiones y ajustes necesarios para el presupuesto de 2027, resulta fundamental", al tiempo que advirtió que "la sostenibilidad fiscal sigue siendo la principal ancla de valoración para el riesgo soberano brasileño".

Lula en la concentración posterior al triunfo

"La discrepancia entre las expectativas del mercado y los resultados electorales provocó una venta masiva en la bolsa, lo que pone de manifiesto la cautela de los inversores respecto a las futuras políticas económicas y fiscales del país", señaló a Folha de S.Paulo Rebecca Nossig, estratega de renta variable de Nomad.

El analista Mariano Machado, de la firma de análisis de riesgos Verisk Maplecroft, indicó a la agencia AFP que "una reforma fiscal sólida es el precio que Lula 4.0 debe pagar para recuperar la confianza del mercado". Añadió que, superada una fase inicial de volatilidad en las plazas financieras, "un plan creíble para contener el gasto marcará el tono para 2027 y los años posteriores".

A los 81 años, Lula alcanzó una de las mayores victorias políticas de su carrera. Sin embargo, este cuarto mandato como presidente podría ser el más complicado si no es capaz de responder a las expectativas de millones de brasileños que no votaron por el ajuste fiscal que reclaman la economía y los mercados.

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