26 de octubre de 2026 14:21 hs

Flavio Bolsonaro esperaba por Lula da Silva dentro de una camioneta gris plomo. Se acercaba la medianoche y el bolsonarismo hacía silencio sobre cómo interpretar la "virada" histórico y, especialmente, si iba a aceptar la derrota o patear el tablero. Lula celebró el triunfo desde San Pablo con lo que le quedaba de físico y en un hilo de voz. Apenas terminó su discurso, Bolsonaro dio la cara ante el pelotón de periodistas que esperaba por su palabra.

El senador de Río de Janeiro caminó hacia un precario estrado de acrílico, montado en la entrada de la casa donde esperó los resultados. Llevaba jean claro y camisa blanca. En el silencio de la escena, se escuchaban sus pasos sobre las piedras del camino para que ingresen los autos a la mansión de Lago Sul. El bolsonarismo organizó una suerte de bunker informal y al aire libre en ese barrio residencial de Brasilia. No había agua, enchufes, ni comida para los cientos de periodistas que aguardaban. Apenas, 2 baños químicos al fondo del playón.

Bolsonaro optó por reclamar la anulación de la elección. Con el correr de las horas, esa posición empezó a quedar en soledad. Tanto a nivel judicial como político, en Brasil y América Latina. El presidente del Tribunal Superior Electoral, Kássio Nunes Marques, le bajó el precio a la denuncia.

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Las fuerzas aliadas al Partido Liberal evitaron sumarse a la hipótesis de "golpe judicial" de la mano del supremo Cristiano Zanin, ex abogado de Lula. Y los presidentes de la región, aun los del centro a la derecha (con la excepción de Javier Milei hasta pasado el mediodía del lunes), felicitaron a Lula por el triunfo.

Si bien es prematuro afirmarlo, no hay clima en Brasil para vivir un deja vú. ¿Cuál? El de las protestas callejeras, los campamentos frente a los cuarteles y, finalmente, el asalto a las sedes de los tres poderes en Brasilia, el 8 de enero de 2023.

Existe un dato que desalienta el levantamiento. La diferencia que Lula le sacó a Bolsonaro es demasiado amplia. Casi 4 puntos de gap desestimulan el pateleo.

Lula da Silva rompió la lógica gracias al miedo que despertó el nombre Bolsonaro en los días previos al balotaje. El viernes previo a la segunda vuelta, un consultor advertía desde Brasilia que al presidente le había bajado sensiblemente la desaprobación. El fin del 6x1 como semana laboral y la suba del (paralizado) plan Bolsa Familia ayudaron al cambio de clima.

Así, el líder del PT consiguió algo inédito en la historia del país. Desde 1989, cuando Brasil volvió a las elecciones presidenciales directas e introdujo la segunda vuelta electoral, nunca se dio un vuelco en las elecciones entre una vuelta y otra. Hasta ayer.

El veterano presidente logró que, Brasil prácticamente en bloque, zigzagueara tras la primera vuelta. Los votantes se habían corrido hacia Flávio en comparación con 2022.

Respecto de hace tres semanas, la diferencia se movió hacia Lula en el 97% de los municipios, y Lula mejoró en los 27 estados. Flávio había ganado unos 2.900 municipios en la primera vuelta, y 211 de ellos pasaron a Lula en el balotaje. El camino inverso lo hizo uno solo.

Lula ganó y accedió a un histórico cuarto mandato presidencial.

Pero ahora viene lo más difícil. Gobernar un país profundamente dividido, con problemas económicos serios y un Congreso más conservador que tiene cada vez más poder.

Estos son los ocho grandes desafíos que tendrá Lula a partir de enero.

Una economía en problemas

Los mercados reafirmaron su decepción con el triunfo de Lula. El lunes posterior a la segunda vuelta, la Bolsa de Brasil se hundió más de 16% y el real se devalúa alrededor del 10% en un entorno en que los inversionistas consideran que Lula, quien recurrió a un importante aumento de gasto en la campaña electoral, no aplicará el ajuste que necesitan las cuentas públicas.

Los gastos superan a los ingresos en una abultada proporción cercana al 9% del PIB, un agujero que en buena parte se cubre con una deuda que equivale al 83% del PIB, tras experimentar un salto de 11 puntos porcentuales en los últimos cuatro años.

Para aumentar su opción de ganar el balotaje, Lula incrementó en 15% el principal programa de asistencia social de Brasil, Bolsa Família, que calcula los beneficios según el tamaño de la familia y el número de hijos. El aumento entró en vigor días antes de las elecciones para casi 50 millones de personas. A esto añadió otras medidas como transporte público gratuito los fines de semana, exoneraciones de impuestos y subsidios que suman alrededor de 58.000 millones de dólares y agravarán el déficit fiscal.

Lula promete mantener los programas sociales, impulsar la obra pública y estimular el crecimiento.

Pero tiene un problema: ¿de dónde saldrá el dinero?

Tendrá que ordenar las cuentas públicas sin abandonar las políticas que son centrales para su gobierno. Y convencer a los mercados de que Brasil puede crecer sin seguir aumentando su deuda.

La designación del nuevo ministro de Hacienda dará una pista de qué planes tiene Lula. La elección de un nombre con reconocimiento en el mercado sería una señal de austeridad fiscal. Luiz Carlos Trabuco Cappi, presidente del consejo de administración del banco Bradesco, es el ejemplo de perfil para Hacienda que calmaría a un mundo poderoso y que, por estas horas, está en llamas.

Congreso opositor y el poder del Centrão

El Partido Liberal de los Bolsonaro contará con 121 bancas en Diputados, posicionándose como la fuerza única más grande al comienzo de una legislatura desde 1988.

Lula ganó la presidencia, pero la derecha y el centroderecha mantienen una enorme influencia en el Congreso. Y eso limita su margen de maniobra.

En Brasil, los legisladores controlan alrededor de 12.000 millones de dólares en partidas presupuestarias a través de las llamadas enmiendas parlamentarias.

Para aprobar reformas y gobernar, Lula tendrá que negociar con el poderoso Centrão, un conjunto de partidos que administra buena parte del poder político brasileño.

Y que no necesariamente comparte su proyecto.

"El Congreso tiene más poder ahora que hace 10 años. Encontró la manera de sumar recursos y de sobrevivir adaptándose a los cambios de ideología de los gobiernos" opina el politólogo Thiago Vidal, director de análisis político de la consultora Prospectiva.

En Brasilia, Vidal le dice a este medio que a Bolsonaro no le interesaba tanto gobernar. "A Lula, sí le interesa. Eso va a generar choques con el Congreso", anticipa.

La Justicia y el Supremo

En el plano político e institucional Lula deberá manejar la ofensiva que alista la bancada del Partido Liberal en el Senado para promover el juicio político contra el ministro del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes. El magistrado fue la figura central en la instrucción del proceso judicial que culminó en la condena de Jair Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión por intento de golpe de Estado.

La viabilidad de este choque no es menor: según estimaciones del centro de estudios Ranking dos Políticos, al menos 54 de los 81 senadores —la mayoría cualificada de dos tercios requerida constitucionalmente— se han mostrado dispuestos a dar curso a un proceso de destitución.

Lula tendrá que administrar esta tensión entre el Congreso y una Corte cuestionada por sectores de la oposición. Y hay un tema particularmente sensible: qué ocurrirá con los reclamos del bolsonarismo para liberar a Jair Bolsonaro.

Calle y polarización extrema

Brasil sale de una elección extremadamente polarizada.

Casi la mitad de los votantes respaldó a Flávio Bolsonaro.

Eso significa que Lula tendrá enfrente una oposición con millones de seguidores, capacidad de movilización y una fuerte presencia en las redes sociales.

El desafío será evitar que la confrontación electoral se transforme en una crisis política permanente.

Porque ganar las elecciones no significa haber terminado con el bolsonarismo.

Estados Unidos y China

Acá aparece uno de los desafíos geopolíticos más importantes de América Latina.

Lula tendrá que convivir con Donald Trump, que tiene una visión muy distinta sobre el comercio internacional, la seguridad regional y el papel de China.

Brasil es una potencia de los BRICS y China es su principal socio comercial.

Le vende soja, petróleo y minerales, y compra productos industriales, tecnología y autos cada vez más baratos.

Pero al mismo tiempo, Estados Unidos sigue siendo un socio estratégico.

Trump quiere que América Latina se alinee con su agenda de seguridad, incluido el Escudo de las Américas y una ofensiva más dura contra las organizaciones criminales.

La decisión de la administración de Donald Trump de clasificar al Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho como organizaciones terroristas encendió las alarmas en Brasilia ante el riesgo de que la medida sirva de pretexto para intromisiones en la soberanía nacional.

A este recelo en materia de seguridad se suma la tensión comercial: tras aplicar aranceles en represalia por el proceso judicial contra Jair Bolsonaro y sumar un nuevo gravamen del 25% a los productos brasileños, la Casa Blanca mantiene una posición distante con el gobierno brasileño.

Lula tendrá que decidir hasta dónde coopera con Washington sin renunciar a su política exterior autónoma ni comprometer sus relaciones con Pekín.

"Veremos una relación más complicada en lo político entre Lula y la administración de Trump, pero con espacios para seguir negociando en lo económico", opina ante El Observador la diplomática y analista Kristina Rosales Kostrukova.

Experta en relaciones internacionales y ex vocera del Departamento de Estado, Rosales Kostrukova agrega que "también está el factor de los midterms en Estados Unidos, que podrían cambiar bastante la dinámica en Washington de ojo a la política externa y 2028".

En concreto, Lula gobernará por 4 años más. Trump, sólo por dos.

Mercosur en debate

Acá hay una cuestión importante para Argentina y Uruguay.

Lula seguirá defendiendo al Mercosur como instrumento de integración regional.

Pero deberá convivir con gobiernos que presionan para abrir más el bloque, flexibilizar sus reglas y negociar acuerdos comerciales con otros países.

La pregunta es si Lula aceptará acelerar esa apertura o si Brasil seguirá priorizando la protección de su industria.

Para Argentina y Uruguay, esa decisión será determinante.

Porque sin Brasil, cualquier transformación profunda del Mercosur es prácticamente imposible.

Una funcionaria del gobierno de Lula adelanta a este medio que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea no va a retroceder en el cuarto mandato del jefe del PT. "Fue muy fuerte, requirió muchos años y estrés", dice. Proyecta que se profundizará pese a al choque a cielo abierto entre los gobiernos de Lula y de Javier Milei en Argentina.

Escándalos e investigaciones

Lula también tendrá que administrar los costos políticos de las investigaciones que salpican a su entorno.

Uno de los casos más sensibles es el que involucra a su hijo, conocido como Lulinha, en el marco de las investigaciones sobre irregularidades en el sistema de seguridad social.

El presidente deberá evitar que estas controversias se conviertan en un nuevo foco de desgaste político.

Y demostrar que su gobierno puede responder a los cuestionamientos con transparencia y sin interferir en la Justicia.

Sucesión y futuro del lulismo

Y hay un último desafío, quizás el más personal: su propia sucesión.

Lula inicia su cuarto mandato con 81 años y sigue siendo la figura que ordena al Partido de los Trabajadores y a buena parte de la izquierda brasileña.

Pero no tiene un heredero político indiscutido.

¿Quién conducirá al PT después de Lula? ¿Fernando Haddad? ¿Alguno de los gobernadores? ¿Una figura nueva?

Mientras tanto, el bolsonarismo conserva una base electoral enorme y también deberá reorganizar su liderazgo después de la derrota de Flávio.

Lula tendrá que gobernar, pero también preparar a su espacio político para el día en que él ya no sea candidato.

Lula tendrá que negociar con un Congreso conservador, ordenar la economía, convivir con Trump sin alejarse de China y administrar una sociedad profundamente dividida.

Pero también deberá responder una pregunta que atraviesa a toda la política brasileña:

¿Puede el lulismo sobrevivir políticamente a Lula?

Ganó su cuarta presidencia. Ahora empieza el desafío de gobernar Brasil.

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