Transcurrido un año desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, eligiera a Brasil como uno de los países a cargar con un significativo aumento de aranceles, se instaló una nueva tendencia. Existe un marcado retroceso en la relación comercial de Washington con la principal economía de América Latina, mientras que China, en contraste, fortalece el vínculo y consolida su influencia.
El 9 de julio de 2025, Trump impuso aranceles del 50% a las importaciones brasileñas. Alegó una “caza de brujas” contra el expresidente Jair Bolsonaro, su aliado, entonces en pleno juicio por el supuesto intento de desconocer la derrota electoral de 2022 frente a Luiz Inácio Lula da Silva. Bolsonaro fue hallado culpable, pero la turbulencia comercial dejó huella aun cuando parte de los aranceles fueron revocados.
Luiz Inácio Lula da Silva
AFP
Los datos de la Cámara Estadounidense de Comercio indican que en el primer semestre de este año las exportaciones de Brasil a EEUU sumaron 17.400 millones de dólares, una caída de 13% respecto al mismo lapso de 2025. Tras este descenso, la participación estadounidense en las exportaciones brasileñas se redujo a 9,4%, el nivel más bajo desde 1997.
En paralelo, Brasil también redujo sus compras a Estados Unidos. Las importaciones cayeron un 12,5% en el primer semestre y se ubicaron en 19.000 millones de dólares, el menor registro de los últimos cinco años.
Pekín, el aliado
En medio de la guerra comercial decretada por Trump, Brasil fortaleció sus ventas a otros mercados como la Unión Europea, pero sobre todo a China, la potencia que Estados Unidos busca debilitar en la región como parte de su estrategia de predominio en el hemisferio occidental.
De acuerdo con el Consejo Empresarial Brasil-China, en el primer semestre de este año el intercambio comercial “alcanzó máximos históricos” gracias a un crecimiento de 22% en las exportaciones brasileñas, que llegaron al récord de 58.300 millones de dólares, impulsadas principalmente por las ventas de petróleo, soja y hierro.
Buque de carga navegando en el puerto de Santos, Brasil
EFE
Tras este incremento, China se consolidó como el principal socio comercial de Brasil, al recibir 31,6% de todas las exportaciones brasileñas. En paralelo, las importaciones provenientes de China también marcaron récord y sumaron 38.500 millones de dólares, con un alza de 8% impulsada por la compra de vehículos eléctricos, chips de memoria y paneles solares.
“Brasil se está diversificando hacia otros destinos, está negociando con Canadá a través del Mercosur. También saldrán otros acuerdos a medida que el mercado estadounidense se cierre”, señaló Welber Barral, abogado comercial y exsecretario de Comercio Exterior de Brasil, a la agencia AP.
Otro tarifazo
El cortocircuito comercial con Washington tiende a profundizarse. La semana pasada, Estados Unidos anunció nuevos aranceles de 25% sobre productos brasileños tras concluir una investigación por "prácticas desleales", y esta semana aplicó un gravamen extra de 12,5% bajo el argumento de que Brasil no ha tomado suficientes medidas para controlar las importaciones de bienes producidos mediante trabajo forzoso. Otros 59 países también fueron afectados por esta nueva barrera de la administración Trump.
Diversos sectores y productos de Brasil pasan a contar con un arancel que suma las dos tasas, es decir, 37,5%. El ministro de Industria y Comercio, Márcio Elías Rosa, explicó al diario Folha de Sao Paulo que "este es el caso, por ejemplo, del calzado, la maquinaria, los equipos, las piezas, los componentes, la ropa y los productos químicos, siempre que no sean farmacéuticos".
Cálculos de la Cámara Estadounidense de Comercio señalan que la tasa de 37,5% se aplicará a productos que representan exportaciones brasileñas por un valor de 10.700 millones de dólares, lo que convierte a Brasil en uno de los países más castigados por el muro arancelario de Washington.
Productos como carne, café, aceite, naranjas, jugo de naranja y piezas para la fabricación de aviones quedaron exentos de los dos aranceles.
Al justificar el arancel de 25% el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, afirmó que "las prácticas comerciales desleales de Brasil han impedido que los trabajadores y productores estadounidenses accedan a este importante mercado".
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) señaló que, tras una investigación de un año, concluyó que Brasil sostenía prácticas desleales en ámbitos como el comercio digital, la propiedad intelectual, la deforestación ilegal y el acceso al mercado del etanol.
Sobre el gravamen de 12,5% la USTR afirmó que "el presidente Trump está combatiendo la esclavitud moderna en su origen al exigir a los socios comerciales de Estados Unidos que adopten y apliquen prohibiciones de importación para garantizar que los productos fabricados por trabajadores sometidos a condiciones tan terribles dejen de circular en el comercio mundial".
El representante comercial de EEUU, Jamieson Greer
AP
La respuesta
El gobierno brasileño rechazó las acusaciones de prácticas desleales y sostuvo que más de dos tercios de las importaciones provenientes de Estados Unidos ingresaron al país libres de aranceles en 2025. Además, aseguró que el gravamen promedio aplicado a los productos estadounidenses fue de apenas 3,1%.
Sobre el gravamen justificado en la necesidad de combatir el trabajo forzoso, el gobierno brasileño explicó en un comunicado que “ante la ausencia de una base jurídica interna que respalde su política comercial proteccionista, la USTR ha optado por manipular un tema fundamental para los derechos humanos y la lucha de los trabajadores en todo el mundo”.
Agregó que contempla aplicar mecanismos de reciprocidad y acudir a la Organización Mundial de Comercio (OMC). “Dada la naturaleza completamente arbitraria e injustificada de los aranceles anunciados contra Brasil, iniciaremos de inmediato los procedimientos para activar los instrumentos previstos en la Ley de Reciprocidad, aprobada por unanimidad por el Congreso Nacional, y someteremos el asunto al mecanismo de solución de controversias de la OMC”, dice el comunicado.
En paralelo, Lula anunció que pondrá en marcha un plan de créditos para las empresas afectadas por 3.600 millones de dólares y que el objetivo será diversificar los mercados: “Estamos buscando mecanismos de negociación, estamos dialogando con muchos países para poder abastecernos e incluso ganar más de lo que ganábamos”, aseguró.