Sin embargo, a medida que el cambio climático intensifica la sequía en diversas regiones, especialmente en el oeste de EEUU, las crecientes exigencias hídricas de estos complejos continúan encendiendo las alarmas entre la población y las autoridades locales.
Sam Altman, CEO de OpenAI
EFE
¿Cuánta agua consumen los centros de datos?
Las cifras sobre el consumo de agua en los centros de datos no son del todo claras. Existe una gran opacidad respecto al uso individual que hace cada instalación, debido a la falta de transparencia y a la escasez de exigencias regulatorias sobre la divulgación de datos. De hecho, en muchos casos, las empresas desarrolladoras firman acuerdos de confidencialidad con los municipios para impedir que se hagan públicos sus niveles de consumo.
El análisis del uso de agua en un centro de datos se puede hacer teniendo en cuenta la extracción y el consumo. Mientras que la extracción mide el volumen total que una instalación retira de las fuentes locales, el consumo contabiliza la fracción que se pierde de forma definitiva, principalmente por evaporación.
El agua extraída que no se evapora suele ser devuelta a los cauces superficiales o subterráneos para su posterior tratamiento; sin embargo, este vertido con frecuencia retorna a mayor temperatura o con la química alterada, lo que representa un riesgo para los ecosistemas locales.
Los datos más recientes sobre el consumo hídrico de los centros de datos en Estados Unidos corresponden a 2023. Según cifras del Departamento de Energía difundidas en un informe del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, ese año estas instalaciones consumieron directamente unos 65.800 millones de litros a nivel nacional, un volumen equivalente al consumo anual de cerca de medio millón de habitantes. Si bien esto puede parecer una cifra desproporcionada, representa menos del 0,1% del total de agua utilizada por las granjas estadounidenses en el mismo período.
Para 2028 podrían llegar a consumir hasta 280.000 millones de litros anuales, principalmente para refrigeración, según estimaciones del Laboratorio.
El centro de datos de Amazon Web Services en Boardman, Oregón.
AP
Aunque algunos grandes proveedores, como Microsoft, Google y Meta, ofrecen informes de agua más detallados por instalación, la información continúa siendo limitada. Por lo general, las empresas divulgan cifras anuales en lugar de datos mensuales o estacionales. Esta falta de desglose resulta clave, ya que los centros de datos pueden consumir muchísima más agua durante los meses más calurosos, justo cuando la demanda de refrigeración se dispara y las fuentes locales de agua sufren mayor estrés.
La demanda indirecta
La generación de la electricidad empleada por estas instalaciones consumió otros 798.000 millones de litros de agua en 2023, una cifra aproximadamente 12 veces superior a su consumo directo. Esta disparidad se explica porque las centrales eléctricas a base de combustibles fósiles, al igual que los propios servidores, requieren grandes volúmenes de agua para su enfriamiento.
Las fuentes nucleares, geotérmicas e hidroeléctricas también registran un gasto variable del recurso, mientras que la energía solar y la eólica consumen cantidades mínimas o nulas.
Muy pocas industrias informan de manera sistemática sobre su huella hídrica indirecta, en gran parte por la dificultad para obtener estimaciones precisas. Este cálculo surge del promedio del consumo hídrico de todas las fuentes de la red eléctrica regional, lo que incluye a las represas hidroeléctricas con alta evaporación en sus embalses. En consecuencia, los datos sobre consumo indirecto pueden terminar subestimando o sobreestimando la responsabilidad real de cada planta en particular.
¿Cómo utilizan el agua los centros de datos?
Dentro de los centros de datos, miles de microprocesadores trabajando en simultáneo generan temperaturas extremas que exigen un control térmico riguroso para evitar fallas en los equipos. La refrigeración se realiza, por lo general, en dos etapas: primero se extrae el calor de los servidores y luego se expulsa al exterior. Sin embargo, la elección de la tecnología para disipar el calor determina el volumen de agua directa e indirecta que consume cada instalación.
Existen diversos métodos para enfriar un centro de datos. Tradicionalmente, la industria recurrió a las torres de enfriamiento evaporativo, sistemas a través de los cuales el agua absorbe la temperatura interna de las instalaciones y se evapora en el aire, liberando el calor. Aunque este mecanismo resulta muy eficiente desde el punto de vista térmico, implica una pérdida constante de agua dulce o potable.
Para evitar este gasto directo, los principales gigantes tecnológicos comenzaron a priorizar los sistemas de circuito cerrado. Este esquema hace circular agua por las placas de los servidores para absorber el calor, para luego enfriarla mediante ventiladores de aire exterior, tecnología conocida como dry cooling, y reutilizarla continuamente. Centros de datos de gran escala como Stargate de OpenAI en Texas, Hyperion de Meta en Luisiana o los Fairwater de Microsoft en todo el país operan bajo este modelo.
Al no perder agua por evaporación, estos circuitos cerrados teóricamente no requieren recargas constantes, un argumento en el que se apoyan líderes del sector como Sam Altman para matizar la alarma sobre el consumo hídrico.
El principal incentivo para adoptar este esquema es logístico. Construir infraestructura para conectarse a embalses locales puede demorar años, la extracción de agua subterránea genera fuertes tensiones con la comunidad y trasladar recursos hídricos a regiones áridas resulta inviable. Un sistema de circuito cerrado permite instalar centros de datos en casi cualquier ubicación.
Sin embargo, el uso de agua reciclada o regenerada enfrenta severas limitaciones de infraestructura y costo. Este recurso suele contener un mayor nivel de sales y minerales corrosivos, lo que impide su uso en sistemas donde el líquido entra en contacto directo o cercano con los componentes informáticos de alta precisión.
La paradoja: reducir el uso directo de agua puede terminar aumentando su consumo total
Pese a los beneficios aparentes de eliminar el consumo directo de agua en las instalaciones, esta decisión conlleva consecuencias secundarias para el medio ambiente. Los sistemas de refrigeración por aire requieren entre un 10% y un 65% más de electricidad para alimentar sus ventiladores.
Para satisfacer semejante demanda sin esperar las demoradas mejoras de la red eléctrica local, muchas tecnológicas optaron por construir sus propias plantas de gas natural. Sin embargo, la generación de electricidad, incluso en estas centrales privadas de combustibles fósiles, también exige grandes volúmenes de agua.
Paradójicamente, la decisión de la industria de la IA de evitar el uso de agua para disipar el calor dentro de sus centros de datos podría aumentar la huella hídrica total de algunas instalaciones.
En definitiva, la huella hídrica de un centro de datos nunca es uniforme. Según datos del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, el consumo de agua por unidad de procesamiento puede variar más de 10.000 veces según el clima local, la tecnología empleada, la eficiencia de los servidores y el costo de la energía en cada región.
Ante este escenario, la industria comenzó a explorar soluciones integrales: desde ubicar complejos en climas fríos para aprovechar el aire exterior o diseñar microchips que soporten mayor temperatura, hasta alimentar las instalaciones con energía eólica y solar, cuyo ciclo de generación prácticamente no requiere recursos hídricos.
¿Cómo afecta el uso de agua de los centros de datos a las comunidades locales?
En Estados Unidos, la inmensa mayoría de estas instalaciones se abastece de los sistemas de agua de las comunidades, empleando principalmente fuentes potables, salvo contadas excepciones que extraen agua de acuíferos subterráneos privados.
Por ello, el impacto sobre los sistemas de agua y la población varía sustancialmente en función del territorio. Mientras que en zonas con abundancia de recursos el gasto hídrico resulta manejable, en regiones afectadas por sequías o con reservas limitadas la llegada de un centro de datos puede agravar drásticamente la situación.
Además, el costo de la infraestructura local asociada a los centros de datos de IA suele recaer en la sociedad. Por lo general, los desarrolladores financian únicamente los trabajos dentro de sus predios; sin embargo, las grandes actualizaciones de la red eléctrica, las ampliaciones de los sistemas de agua y las reparaciones viales fuera del complejo provocan un "traslado de costos". Esto deriva en que sean los usuarios de los servicios públicos y los contribuyentes locales quienes terminen pagando la factura.
Ante este panorama, el rechazo ciudadano va en aumento. Según una encuesta de Gallup publicada en mayo, siete de cada diez estadounidenses se oponen a la construcción de centros de datos de IA en sus localidades, incluyendo a un 48% que manifiesta una postura firmemente contraria. En contraposición, solo una cuarta parte de la población apoya estas iniciativas, y apenas un 7% se declara totalmente a favor.
¿Cómo están respondiendo las comunidades?
Frente al creciente descontento local, al menos 46 proyectos de centros de datos en Estados Unidos sufrieron retrasos o cancelaciones públicas debido a la oposición comunitaria entre enero de 2024 y mayo de 2026, según un análisis de la firma de asesoría ambiental Carbon Direct.
Estos desarrollos, repartidos en 20 estados, sumaban en conjunto inversiones por unos 170.000 millones de dólares. En paralelo, grupos de vecinos y organizaciones ecologistas recurrieron a la justicia para exigir el acceso a las cifras reales sobre el consumo hídrico proyectado en sus municipios.
No obstante, los especialistas enfatizan que el impacto de estas instalaciones no es homogéneo: mientras que en ciertas localidades un centro de datos puede generar severos desequilibrios, en otras el balance puede ser neutro o positivo. Todo depende de las condiciones geográficas y de infraestructura de cada caso en particular.
Ante este escenario, varios estados promulgaron leyes para aumentar la transparencia y exigir una mayor rendición de cuentas. Utah, por ejemplo, obliga a las desarrolladoras a revelar el consumo hídrico estimado antes de aprobar nuevas granjas de servidores. Por su parte, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, anunció una moratoria temporal sobre estas obras mientras el estado diseña un marco regulatorio que impida el aumento desmedido de las tarifas de servicios públicos y proteja el suministro de agua.
A nivel municipal también se registran medidas drásticas: el sur de Nevada prohibió la instalación de sistemas de refrigeración por evaporación en nuevos edificios comerciales e industriales, citando el consumo intensivo que exige esta tecnología en una región azotada por la sequía.
En última instancia, la solución no pasa necesariamente por eliminar el uso directo de agua en la refrigeración, sino por evaluar integralmente los riesgos ambientales locales, la disponibilidad de recursos hídricos y la capacidad de la red eléctrica al momento de elegir la ubicación y el sistema de enfriamiento de cada proyecto.