Wall Street pone la lupa en la Reserva Federal. El indicador de precios que más sigue el banco central estadounidense volvió a mostrar una inflación persistente en julio, lo que profundiza las diferencias dentro del organismo justo cuando su nuevo presidente, Kevin Warsh, se prepara para dar su primer discurso en el tradicional simposio económico de Jackson Hole, en Wyoming.

El índice de Gastos en Consumo Personal (PCE, por sus siglas en inglés), la métrica de inflación preferida por la Fed, subió en julio 3,3% interanual en su medición núcleo, es decir, excluyendo los rubros más volátiles de alimentos y energía. La cifra estuvo en línea con lo previsto por el mercado y repitió el mismo nivel registrado en junio, lo que confirma que la inflación sigue firme muy por encima de la meta del 2% que persigue el banco central.

más Noticias

Kevin Warsh

Sin embargo, la lectura mensual ofreció una señal algo más alentadora: los precios subieron 0,2% respecto de junio, también acorde con lo esperado, aunque en aceleración frente al 0,1% del mes anterior. Ese repunte moderado en el margen es la variable que hoy divide las opiniones en la Fed. Para algunos funcionarios alcanza para sostener la pausa en las tasas, mientras que para otros es apenas una tregua transitoria que no despeja el riesgo de una inflación más persistente.

Los díscolos de la Fed

El presidente de la Fed de Nueva York, John Williams, había anticipado un criterio concreto para evaluar la trayectoria de los precios: si la variación mensual del PCE se ubica en 0,2% o menos, eso indicaría que la inflación converge por sí sola hacia el objetivo del 2%, sin necesidad de que el banco central suba las tasas de interés. El dato de julio, justo en ese umbral, deja margen para leerlo como una confirmación de que el proceso desinflacionario sigue en marcha, aunque a paso lento.

No todos comparten ese optimismo. La presidenta de la Fed de Boston, Susan Collins, señaló que si bien acompañó la decisión de mantener las tasas sin cambios en la última reunión, esa postura no es indefinida: necesita ver evidencia concreta de que la inflación desciende para seguir sosteniendo la pausa. De no producirse esa mejora, consideró que sería apropiado subir las tasas en el corto plazo para asegurar que el proceso de desinflación se complete dentro de un plazo razonable.

Ese contraste entre la lectura de Williams y la advertencia de Collins resume el clima que atraviesa hoy al Comité Federal de Mercado Abierto. Ni una mayoría clara a favor de mantener las tasas, ni consenso para subirlas, sino un cuerpo de gobernadores y presidentes regionales con diagnósticos distintos sobre cuánto peligro representa todavía la inflación.

Inflación no cede

El dato del PCE llegó apenas horas antes de que comience el retiro anual de Jackson Hole, el encuentro de banqueros centrales y economistas que cada año marca el pulso de la política monetaria global. Allí, el flamante presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, dará el viernes su primer discurso al frente de la institución. Los analistas no esperan que Warsh anticipe decisiones concretas sobre la reunión de septiembre, sino más bien un mensaje de carácter general sobre el rumbo de la economía y la política monetaria.

Será, de todos modos, una intervención observada con atención especial: se trata del debut de Warsh en el cargo más importante de la política monetaria estadounidense, en un momento en que los mercados buscan cualquier indicio sobre si la Fed se inclinará por un recorte, una pausa prolongada o incluso una suba de tasas en los próximos meses.

El petróleo conspira

Más allá de la lectura estrictamente doméstica del dato, hay dos frentes externos que podrían complicar el escenario. Por un lado, los precios de la energía continúan elevados por la persistencia del conflicto en Medio Oriente, un factor que la propia Collins dijo estar monitoreando de cerca. Por otro, la administración de Donald Trump reavivó la disputa comercial con Canadá, con ambos países preparando nuevos aranceles para septiembre.

La combinación de energía cara y una eventual escalada arancelaria es, precisamente, lo que más preocupa a los sectores más cautelosos de la Fed. Ambos factores podrían presionar nuevamente al alza los precios y desandar buena parte del terreno ganado en la lucha contra la inflación, justo cuando el banco central intentaba consolidar la idea de que el ciclo desinflacionario está encaminado.

Con este cuadro de fondo, el mercado llega a Jackson Hole sin certezas. Un dato de PCE que no sorprendió ni para bien ni para mal deja a la Fed en la misma posición de cautela que viene sosteniendo en los últimos meses: ni con argumentos suficientes para bajar tasas de manera inminente, ni con una señal de alarma que justifique subirlas ya mismo. La definición, todo indica, quedará para más adelante, condicionada tanto por los próximos datos de inflación como por la evolución de los conflictos geopolíticos y comerciales que hoy pesan sobre los precios de la energía y el comercio internacional.

Temas:

inflación fed Kevin Warsh Jackson Hole petróleo

seguí leyendo