La nominación de Kevin Warsh y la próxima era de la política monetaria en Estados Unidos
Un análisis sobre qué podría significar para los mercados y para el rumbo futuro de la política monetaria la nominación de Kevin Warsh por parte del presidente Trump como próximo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos.
La nominación de Kevin Warsh por parte del presidente Donald Trump para suceder a Jerome Powell marca una de las transiciones más relevantes en la presidencia de la Reserva Federal (Fed) en más de una década. No porque Warsh represente una ruptura extrema con las normas de la institución, sino porque combina instintos restrictivos con una disposición a repensar las herramientas de la Fed para un nuevo entorno económico.
Warsh no es un gradualista al estilo Powell ni un leal político. Más bien, parece preparado para redefinir la mecánica de la política monetaria preservando, al mismo tiempo, la independencia de largo plazo de la Fed.
Kevin Warsh. AP
Kevin Warsh.
AP
Un balance más chico, acompañado de tasas más bajas
Uno de los rasgos distintivos del marco conceptual de Warsh es su convicción de que el balance de la Fed ha crecido mucho más allá de lo necesario para una política monetaria eficaz.
Desde hace tiempo critica la expansión de los activos tras la crisis financiera global y ha manifestado su apoyo a una nueva reducción del balance. Sin embargo, a diferencia de los debates previos sobre el “tapering”, Warsh vincula explícitamente esa contracción con la posibilidad de aplicar tasas de interés más bajas, argumentando que eliminar las distorsiones generadas por un portafolio sobredimensionado puede volver a habilitar recortes convencionales de tasas sin poner en riesgo la estabilidad financiera.
Esta combinación —un balance más pequeño con tasas más bajas— se perfila como el primer gran cambio en el marco teórico de la Fed, incluso si en la práctica su implementación es gradual.
Una nueva dinámica entre la Fed y el Tesoro
También se espera que Warsh se sienta más cómodo trabajando en estrecha coordinación con el Departamento del Tesoro en temas como la gestión de la deuda y las formas de reducir el costo financiero del gobierno sin afectar el correcto funcionamiento de los mercados.
Departamento del Tesoro. AP
Departamento del Tesoro.
AP
Sin implicar un regreso al esquema previo al Acuerdo de 1951, el mercado anticipa una relación más coordinada —aunque no subordinada— entre ambas instituciones. Esta cooperación podría facilitar la reducción del balance, minimizando disrupciones en los mercados hipotecarios y en la liquidez de los bonos del Tesoro.
Menos guía prospectiva, más volatilidad en los mercados
Warsh ha sido explícito al señalar que la fuerte dependencia de la Fed en la guía prospectiva ha perdido utilidad. Es probable que reduzca tanto el volumen como el nivel de detalle de las señales de política, llevando a la institución hacia un enfoque más opaco y dependiente de los datos, similar al de la era previa a los años 2000.
Creemos que los mercados deberían prepararse para mayores oscilaciones en las tasas, a medida que los inversores cuenten con menos “barandas” verbales por parte de los responsables de política monetaria y cada dato macroeconómico gane mayor relevancia.
Un regreso a los 90: productividad, IA y un mundo de mayor crecimiento
Una de las visiones más orientadas al futuro de Warsh es su adhesión a la idea de un “nuevo ciclo de productividad” impulsado por la difusión de la inteligencia artificial (IA), en línea con la tesis de la era Greenspan de que un mayor crecimiento potencial puede coexistir con una política monetaria más laxa y una inflación contenida.
Si Warsh interpreta los datos entrantes bajo ese prisma, podría mostrarse dispuesto a recortar tasas incluso con cifras sólidas de crecimiento del PIB, argumentando que los aumentos de productividad compensan las presiones inflacionarias.
Kevin Warsh - AFP
AFP
Este marco ofrece una justificación filosófica para flexibilizar la política monetaria en un entorno de fuerte crecimiento, aunque sus críticos advierten que podría repetir el error de fines de los años noventa, quedándose detrás de la curva si la narrativa de productividad resulta exagerada.
La independencia, por encima de todo —aunque incomode a la Casa Blanca
A pesar de coincidir con algunas preferencias de política de la actual administración, Warsh tiene un largo historial de defensa de la independencia institucional. Es poco probable que actúe como un leal político si los datos lo empujan en otra dirección. Su disposición histórica a disentir, e incluso a dejar la Fed por desacuerdos de política, refuerza esa postura independiente.
Qué implica para los mercados
La reacción del mercado a lo largo de la curva de rendimientos refleja la dualidad del enfoque de Warsh:
Los rendimientos de corto plazo han tendido a la baja ante la expectativa de que los recortes de tasas lleguen antes de lo previsto.
Los rendimientos de más largo plazo han subido, ya que los inversores anticipan una menor disposición a utilizar el balance para contener las primas por plazo, generando una dinámica de empinamiento bajista de la curva.
Es probable que aumente la volatilidad de las tasas, dada la menor guía prospectiva y la persistente incertidumbre sobre la interacción entre la política de balance y las decisiones sobre tasas.
Conclusión
Kevin Warsh aporta una combinación poco habitual de instintos restrictivos, apertura a la innovación y un profundo respeto por la independencia de la Fed.
Su nominación sugiere un régimen de política monetaria más flexible en materia de tasas, más disciplinado en el uso del balance, menos comunicativo en su señalización futura y fuertemente influido por una narrativa estructural de productividad impulsada por la inteligencia artificial.
Creemos que los mercados deberían prepararse para una Fed que será, al mismo tiempo, más impredecible y más ortodoxa: una combinación que marca un cambio genuino en el panorama monetario posterior a la crisis.