Con Musk, Nvidia y Apple en la comitiva, EEUU busca acuerdos mientras China marca su “línea roja” y acelera su ecosistema de inteligencia artificial. Los americanos no deberíamos subestimar el peligro de que el ecosistema de IA chino avance a gran velocidad.
La guerra trascendió las fronteras de Medio Oriente, desencadenando un realineamiento geopolítico que cambiará el equilibrio de poder global durante la próxima década. Mientras las alianzas tradicionales en el Golfo se fracturan y Europa busca una autonomía defensiva frente a una Casa Blanca impredecible, el conflicto acelera una transición energética y diplomática que parece beneficiar a China.
China puede considerarse (hasta ahora) una de las pocas vencedoras en esta guerra. Lejos de la vulnerabilidad energética del pasado, Pekín aprovecha la guerra entre EEUU-Israel e Irán para fortalecer su autosuficiencia, estudiar las tácticas militares de Washington y posicionar sus tecnologías limpias en un mercado global sediento de alternativas al petróleo. Pero incluso en Pekín, abrigan grandes esperanzas de que los combates terminen pronto.
Como ocurrió con Hitler en Alemania, la historia demuestra que, cuando un régimen peligroso declara abiertamente sus intenciones, el mayor riesgo no es actuar demasiado pronto, sino esperar hasta que sea demasiado tarde. La diplomacia no es suficiente para frenar a un régimen que declara abiertamente su hostilidad hacia Occidente.