La inteligencia artificial no flota en una nube etérea: se extrae de la tierra. Esa es la verdad material que la conversación contemporánea sobre AI parece ignorar. Mientras el mundo discute modelos, chips, data centers y productividad, debajo de todo eso opera una infraestructura menos glamorosa, pero mucho más decisiva: la de los minerales críticos. Cobre, litio, grafito, níquel, tierras raras. Sin ellos, la economía de la inteligencia artificial simplemente no existe. En la mitología griega, Atlas era el titán condenado a sostener el cielo sobre sus hombros.
La metáfora sirve porque la AI también tiene su Atlas. La AI pretende volverse el mundo entero, pero depende de un soporte inmenso, silencioso y casi invisible. Ese Atlas son los minerales críticos y la capacidad política, social y productiva de asegurarlos. Hoy se habla de la carrera global por la inteligencia artificial como si se tratara apenas de una disputa entre algoritmos, laboratorios y plataformas. Es una mirada incompleta.
La AI no es sólo software; es también electricidad, infraestructura, redes, hardware, refrigeración, baterías, transmisión y capacidad industrial. Y todo ese edificio tecnológico descansa sobre una base física que hay que explorar, extraer, procesar, transportar y proteger. Ahí aparece una verdad incómoda para los evangelistas del mundo digital: el futuro no lo decidirán únicamente quienes diseñen los mejores modelos, sino también quienes garanticen el acceso estable a los materiales que vuelven posible esa revolución. Esa materialidad subyace en debates como el de Javier Milei y el best-seller Yuvah Noah Harari.
Marco Rubio en cumbre sobre minerales críticos - 4-2-26 - AFP
Marco Rubio en la cumbre sobre minerales críticos en Washington, con más de 55 países aliados presentes.
AFP
La otra carrera por la IA
La competencia por el liderazgo en AI es también una competencia por cadenas de suministro, seguridad de abastecimiento y control estratégico de recursos minerales. Pero hay una segunda capa, despreciada y menoscabada por la nueva industria de unos y ceros. Asegurar minerales críticos no depende sólo de geología ni de capital. Depende también de algo mucho más difícil de construir: legitimidad. La minería no se impone, se viabiliza. Y para viabilizarla no alcanza con maquinaria, permisos o balances.
Hace falta licencia social, consenso político, conocimiento local, diálogo comunitario y capacidad de construir confianza en contextos casi siempre atravesados por tensión, desconfianza y conflicto.
Dicho de otro modo: la inteligencia artificial necesita minería, pero la minería necesita habilidades blandas de altísima sofisticación. Es decir, inteligencia territorial. Necesita comprensión cultural, lectura política, sensibilidad social y una práctica seria de engagement. Quien crea que la seguridad mineral se resuelve con Excel, lobby o voluntarismo empresario no entendió nada.
https://www.bbc.com/mundo/articles/cy7jy3d7jr8o
EE.UU. tiene la lista de 60 minerales críticos.
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El cuello de botella no siempre está en el subsuelo; muchas veces está en la superficie, en la incapacidad de alinear actores, ordenar expectativas y construir una narrativa legítima del desarrollo. Esto cambia por completo la conversación.
América Latina tiene una oportunidad formidable, pero también un desafío monumental. La región posee buena parte de los recursos que el nuevo ciclo tecnológico demanda América Latina tiene una oportunidad formidable, pero también un desafío monumental. La región posee buena parte de los recursos que el nuevo ciclo tecnológico demanda
La discusión sobre AI ya no debería limitarse a semiconductores, propiedad intelectual o regulación algorítmica. Debería incluir también la pregunta por quién puede extraer, procesar y sostener los minerales críticos que alimentan esa economía. Y, más aún, quién tiene la capacidad institucional y cultural para hacerlo sin que cada proyecto derive en parálisis, fragmentación o conflicto permanente.
Oportunidad y desafío para América Latina
Aquí, América Latina tiene una oportunidad formidable, pero también un desafío monumental. La región posee buena parte de los recursos que el nuevo ciclo tecnológico demanda. Sin embargo, sigue narrando la minería como si fuera un tema técnico, periférico o sectorial, cuando en realidad se trata de una discusión sobre poder, soberanía, industrialización y posición geopolítica.
El problema no es sólo producir más. El problema es entender que quien no asegure su lugar en esta cadena material quedará condenado a mirar, una vez más, cómo otros capturan el valor, la tecnología y el mando.
La gran ironía del siglo XXI es que la economía más avanzada de la historia depende, en el fondo, de una actividad tan antigua como excavar la tierra. Y la lección política es todavía más filosa: no habrá liderazgo en inteligencia artificial sin liderazgo en minerales críticos, y no habrá liderazgo en minerales críticos sin la capacidad de construir acuerdos humanos duraderos alrededor de ellos. La AI podrá tener rostro de algoritmo. Pero sus hombros siguen siendo de roca y su corazón siempre será humano.