24 de julio de 2026 13:34 hs

A fines de los 90, el argentino Hernán Kazah cofundó Mercado Libre junto a Marcos Galperín. Ambos se hicieron amigos en la Universidad de Stanford. Sus compañeros de MBA eran escépticos respecto al éxito del modelo eBay en América Latina. Los orígenes de la compañía fueron modestos. Por momentos, demasiado modestos: Kazah respondía mails desde un garage húmedo e inundable en Buenos Aires.

Tres décadas después, lidera Kaszek junto a Nicolás Szekasy. Se trata de uno de los fondos de venture capital más influyentes de América Latina.

En esta edición de Playbook, el ciclo de entrevistas de El Observador USA, Kazah repasa la decisión de dejar un trabajo seguro para estudiar en Stanford, los inicios (y situaciones límite) de Mercado Libre y la lógica de invertir con información imperfecta. Revela qué busca en los emprendendores y startups, detalla cómo entiende la IA y su mirada sobre la Argentina de Javier Milei.

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¿Cuál fue la decisión más difícil de tu carrera?

Creo que fue ir a Stanford a hacer el MBA. En ese momento tenía un muy buen trabajo en Buenos Aires, que creía me iba a dar una buena carrera. No tenía los fondos y, así y todo, renuncié y me fui un poco a la aventura. Mis amigos me decían: 'La gente va al MBA para conseguir el trabajo que vos ya tenés, ¿para qué te estás yendo?'. Y la verdad que no tenía la famosa red de contención, no tenía plan B.

¿Cómo es tu proceso de toma de decisiones, es muy analítico o te guiás más por el corazón?

Es un poco de las dos cosas. Hago mi árbol de decisión, pero en un momento veo dentro de esas alternativas que me parecen razonables, lógicas, qué me dice el estómago, qué me dice el corazón. Sí escucho mucho a las personas, sus puntos de vista. Generalmente no hago lo que la mayoría me recomienda, pero sí escucho, y creo que en ese proceso uno se va dando cuenta de qué es lo que quiere también. Nosotros, que trabajamos mucho con fundadores de startups, buscamos siempre esa característica: gente que escuche mucho, pero a la vez tenga mucha convicción de qué quiere hacer y no se deje influenciar por otros.

Entrevista completa

Mi vida siempre fue buscar un poco empujarme al límite y llevarme a una situación no tan confortable para testearme, para tratar de avanzar. Mi vida siempre fue buscar un poco empujarme al límite y llevarme a una situación no tan confortable para testearme, para tratar de avanzar.

En algún momento te escuché decir que cuando uno toma una decisión hay que tratar de mirar un 80% el largo plazo y un 20% el corto. ¿Cómo encaja en general esa regla para vos en el mundo real?

Creo que uno siempre tiene que saber hacia dónde quiere ir y no perder de vista esa montaña que queremos subir en largo plazo. Si estamos en la montaña incorrecta, por más que hagamos pasitos que parecen apropiados en el corto plazo, no nos van a llevar ahí. Hay veces que hablamos con emprendedores que tienen 30 oportunidades arriba de la mesa y más o menos saben hacia dónde quieren ir, pero se pierden.

La experiencia de Stanford

Contabas que fuiste a Stanford, pero antes te formaste en la educación pública, ¿no?

Primaria, secundaria y universidad. Estudié en la Universidad de Buenos Aires, me recibí de economista ahí y antes había ido al Nacional de Buenos Aires, otro colegio público, y a la primaria en la escuela pública 16 de La Lucila. Creo que es bueno tener educación pública, me peleo a veces cuando le quitan la parte meritocrática o de exigencia. El mejor nivelador hacia arriba que tenemos es la educación, no hay que degradarla para que parezca lindo que es de acceso para todos, pero al final nadie aprende.

A los 25 años te habías recibido en la UBA, ¿de dónde salió la idea de ir a Stanford, tan lejos de Argentina?

Siempre tuve un poco la fantasía de estudiar en el exterior, admiraba las instituciones educativas de Estados Unidos. De hecho, cuando fui a la universidad tenía la idea de que me convenía ser buen alumno por si eventualmente me ganaba una beca. Y a veces las cosas surgen de pequeños momentos, que terminan llevándote a algo que en mi caso fue bastante transformacional. Un día, ya graduado, estaba en el subterráneo de Buenos Aires y me encontré con un conocido que tenía unos libros grandotes bajo el brazo y me contó que se estaba preparando para hacer un MBA en EEUU. Y de ahí me fui a un lugar donde vendían esos libros, me los compré, me encerré en mi casa el fin de semana a hacer un test de prueba, me fue bien, saqué un puntaje más o menos lógico, y ahí empezó el proceso, fue medio de casualidad.

A la par se revelaba un gen competitivo tuyo, estabas recibido, en un buen trabajo, pero viste a una persona que quizás estaba aspirando un poquito más y dijiste: ¿por qué él sí y yo no?

Algo así. Esos desafíos me motivan. Mi vida siempre fue buscar un poco empujarme al límite y llevarme a una situación no tan confortable para testearme, para tratar de avanzar. Yo trabajaba en Procter & Gamble y una de las cosas que tenía que hacer era dar presentaciones a la fuerza de venta. Y me daba mucha vergüenza y transpiraba, pero en lugar de evitarlo iba todos los viernes para forzarme a superarlo.

¿Y cómo fue el aterrizaje en Stanford?

Al principio no hablaba bien inglés y todas las clases eran con mucha participación oral. Durante tres, seis meses, transpiré mucho, pero bueno, más o menos me acomodé y pude sobrevivir bien. Creo que una de las cosas que tienen muchos de los emprendedores es cierto perfeccionismo, que es muy bueno, pero también hace que uno sea muy autocrítico. En mi negocio actual, que es invertir en startups, uno tiene que abrazar el error, porque se va a equivocar muchas más veces de la que va a estar en lo cierto.

Pasaste de estar en un lugar muy bueno en Buenos Aires, con todas las variables dominadas, a un lugar donde estaba la elite, no manejabas bien el idioma, ¿hubo algo de golpe al ego?

Definitivamente. Cuando me aceptaron me puse muy contento y me decían que era buenísimo, entonces a uno se le va hinchando el pecho, llega con optimismo y hasta un poco se la cree. Cuando llegás te das cuenta que recién estás empezando. Más de una vez pensé que me había equivocado. El mundo no era tan global como ahora, no teníamos internet, estaba empezando, no estaba tan expandido el poder ver qué hacen en otras partes del mundo tan fácilmente. Mis compañeros me decían que trabajaban en un hedge fund y yo no sabía lo que era. Me parecía que eran todos genios y obviamente hay gente muy capaz, pero al final del día son más terrenales de lo que uno cree. Tuve la suerte de estar en una clase con Steve Jobs, con Bill Gates o Warren Buffett, y son claramente de otro planeta.

La vuelta a Argentina y la creación de Mercado Libre

¿Por qué volvés a Buenos Aires después de Stanford? Cuando subiste la montaña, te adaptaste, entiendo que obtuviste un trabajo ahí. ¿Cómo fue esa vuelta?

Fui a Stanford a prepararme, pensando que era algo que en el largo plazo me iba a permitir tener más opcionalidad, pero no tenía muy claro si quería quedarme en Estados Unidos o quería volver a Latinoamérica. Y recibí las típicas ofertas que te hacen ahí, más de consultoría, alguna de banca también, que te las dan un año antes de terminar el MBA. Así que ese año empecé a trabajar en una startup de tecnología y me empecé a meter mucho ahí y a aprender. En Stanford podés tejer una red muy interesante y aprender muchísimo.

¿Ahí conociste a Marcos Galperín?

Mi compañero de clase era Marcos, lo conocí justo antes de ir, nos hicimos muy amigos allá. Mientras yo recorría ese camino con esta startup, él empezaba a decir, ¿por qué no hacer eBay en Latinoamérica? En un momento me convenció de sumarme a Mercado Libre, nos graduamos en el año 99 y ahí arrancamos. La verdad que fue espectacular. Y arrancar con Mercado Libre era llevar esta revolución de tecnología que estábamos viendo en el Silicon Valley a Latinoamérica.

Marcos Galperín, cofundador y actual CEO de Mercado Libre

Marcos Galperín, cofundador y actual CEO de Mercado Libre

Te escuché decir que tus compañeros decían que ese modelo eBay no iba a funcionar en América Latina, ¿es así?

La típica objeción era por qué dos desconocidos van a confiar entre sí para entregar un producto y que el otro le entregue dinero por ese producto. Era algo que podía ser, pero en realidad uno se da cuenta que la confianza estaba, la necesidad sobre todo estaba, y que después eventualmente uno podía elaborar mecanismos para construir esa confianza. La realidad era que en Latinoamérica los mercados de intercambio existieron durante años, entonces no era algo tan innovador, lo gran innovador era llevar eso a internet.

Estamos hablando de Buenos Aires, fines de los 90. La palabra startup creo que ni existía en Argentina, no la decía nadie. ¿les costó el fondeo los capitales?

Hubo dos etapas. Cuando arrancamos Mercado Libre fue durante el famoso boom de las puntocom. Ahí había mucho capital disponible en Estados Unidos, alrededor de Silicon Valley, pero algunos jugadores fueron, entre otros lugares, a buscar oportunidades a Latinoamérica. Cuando a los pocos meses el Nasdaq se desploma y se derrumba todo el boom de la puntocom sí se hizo muy difícil conseguir capital, pero medio que milagrosamente logramos cerrar una segunda ronda de financiamiento. Ahí entendimos que había que cambiar el negocio, nos enfocamos en crear una compañía rentable. Eso fue a comienzos del año 2000 y en 2006 la compañía fue rentable y sale a la bolsa un año después.

Hablaste de milagro, ¿Mercado Libre estuvo a punto de caer en algún momento?

Sí, hubo dos instancias muy críticas. Una fue esa ronda de financiamiento que fue muy difícil de cerrar. Recibimos un montón de ofertas, y a medida que el Nasdaq empezó a caer, empezaban a retirarse. Ahí hicimos mortal en el aire, la logramos salvar con bastante ayuda también de algunos de los inversores que ya estaban en la compañía. Y después hubo otra instancia clave: el negocio era chiquito, poco a poco iba creciendo, pero demoraba el momento de empezar a tener rentabilidad. Entonces eBay, que era nuestro modelo inspirador, decide venir a Latinoamérica y asociarse con alguien y ganamos esa asociación, en un proceso bien competitivo. Algunos de nuestros inversores quisieron vender, fue una pelea interna, pero seguimos adelante.

¿Cuándo dijiste "esto camina"?

Diría que recién en 2006, cuando empezó a ser rentable. Hasta ese momento estábamos confiados con las señales positivas que veíamos, que todo el tiempo había más usuarios, más transacciones, pero faltaba llegar a la rentabilidad. El día que te vas a dormir con 10 dólares en el banco y el otro día te levantás con 11, respirás más tranquilo que cuando el proceso es el inverso.

La búsqueda de nuevos desafíos

Atravesaste todas esas vicisitudes, pero en algún momento te bajaste después de 12 años en Mercado Libre. ¿Por qué tomaste esa decisión?

Desde Mercado Libre vimos todo el proceso de ser emprendedores y levantar capital y también cómo era Silicon Valley, donde había muchos inversores que invertían en startups. Estábamos súper convencidos de que había una oportunidad increíble en Latinoamérica. Y Nicolás Szekasy, que era el CFO de Mercado libre y quien es mi socio en Kaszek hoy, se empezó a entusiasmar con esta idea de que tenemos una misión y una oportunidad de ayudar al desarrollo del ecosistema tecnológico en Latinoamérica. Creíamos que estaba faltando un venture capital que pudiese ayudar a las compañías y saltamos de un lado de la mesa al otro.

¿Cuántas compañías manejan ahora desde Kaszek?

Hoy en día debemos tener activas unas 80 compañías. Si uno mira el retorno de los fondos del portfolio actual, el 90% del valor debe estar concentrado en las top 10 y el resto es redondeo. Al momento de invertir nosotros creemos que esas 80 tienen muy buenas chances de tener éxito. Después la realidad te demuestra que tal vez la tecnología que querías largar era más difícil de desarrollar, o lo que ibas a ofrecer al consumidor no termina siendo tan atractivo. No necesariamente el equipo que hace todo bien es el que tiene éxito y los otros no hicieron las cosas bien.

Lo que queremos ver es que haya fuego en los ojos, que haya deseo de alguna manera irracional por llevar adelante esa idea, por desarrollar el negocio. Lo que queremos ver es que haya fuego en los ojos, que haya deseo de alguna manera irracional por llevar adelante esa idea, por desarrollar el negocio.

Hasta ahora levantaron 3 billones de dólares, cuando apuestan por las empresas, ¿cuál es el criterio, hay países que les gustan más, tipos de idea o liderazgo, van viendo según el caso?

Miramos toda Latinoamérica y todo el espacio tecnológico. Obviamente el mercado más grande es Brasil, donde invertimos más o menos el 50% del capital. El segundo mercado es México, con 20%, 25%. En los últimos 12 meses Argentina se consolidó de nuevo como el tercer mercado y luego Colombia, pero invertimos en Uruguay, en Ecuador, en Chile, donde encontremos un buen emprendedor. Buscamos 3 cosas fundamentales: un mercado grande, que sea un modelo de negocio que pueda austosustentarse una vez que uno llega a escala y el equipo. Para nosotros el equipo es fundamental, que tenga mucha sensibilidad de producto, de tecnología, porque lo que queremos es que construyan esa compañía donde la columna vertebral sea la tecnología.

¿Hay algo del fuego sagrado que vos ves en una idea, incluso más valorable a veces que una presentación de PowerPoint más fría y muy prolija? ¿Cómo mensurás ese equilibrio?

Ese es un punto fundamental. Lo que queremos ver es que haya fuego en los ojos, que haya deseo de alguna manera irracional por llevar adelante esa idea, por desarrollar el negocio. Siempre decimos que hay dos tipos de emprendedores, el emprendedor de Excel y el emprendedor de Google, de las vísceras. Ese segundo es el que queremos apoyar. No queremos al que es un oportunista, que tal vez tiene buenas ideas y las articula bien, pero se le ocurrió porque vio algo que otro hizo.

La IA, un cambio de paradigma

Vos hablás de apostar a emprendimientos vinculados a la tecnología, ¿cómo ves el tema de la inteligencia artificial, es un hype o un verdadero cambio de paradigma?

Creo que es una gran revolución, un cambio de paradigma, probablemente el más grande que hayamos visto hasta ahora. Pasamos por Internet, por Internet en el celular, que fue otra revolución, por la nube, el mundo cripto, pero la de ahora es mucho más grande. Porque tiene impacto en el consumidor y a la vez está cambiando cómo las compañías trabajan. Nosotros no tenemos compañía que no esté cambiando su forma de operar por inteligencia artificial. Y somos optimistas. Como todo cambio de paradigma, va a haber ciertos sectores que van a quedar de alguna manera dislocados, pero el neto es muy positivo, todos vamos a poder acceder a mejores servicios y productos gracias a la inteligencia artificial.

Peter Thiel

Peter Thiel

Thiel en Argentina y los cambios con Milei

Sos un tecno optimista, pero hay figuras que dicen lo contrario, que estamos estancados tecnológicamente ¿Cómo ves ese debate? ¿Cómo fue tu encuentro con Peter Thiel en Buenos Aires?

Es un lujo tener a alguien así en Buenos Aires, ojalá pase más tiempo allá. Lo que nos pasa mucho a nosotros como inversores, y de alguna manera él lo comentó en su momento, es que generalmente uno tomaba decisiones con un nivel de convicción muy alto, pero con la inteligencia artificial el desafío es tratar de entender qué de eso que está siendo construido hoy es defendible mañana. Si miro los modelos fundacionales, los LLM, de repente sacan una funcionalidad nueva y esto mata una industria. Es muy dinámico, es una pelea que está abierta, no cabe duda que la tecnología es increíble. Cómo va a resultar en cuanto a la inversión de esas compañías no se sabe todavía. Sobre Thiel: es alguien que tiene una idea de libre mercado y ve a Argentina como un experimento interesante, está tratando de entender qué se puede aprender de ahí y buscando a alternativas de lugares para vivir fuera de Estados Unidos.

¿Y cómo ves vos a la Argentina? Tuviste mucho protagonismo en la Argentina Week, que fue un showroom de Argentina en Nueva York, muy exitoso, ¿pero cómo estás viendo a tu país?

La verdad que Argentina está logrando un progreso increíble en algunas áreas macroeconómicas, cosas que eran impensables. Como economista miraba los números de Argentina y decía que un gobierno con ganas de resolverlo por ahí lo podía hacer en cinco años, y la verdad que vino el gobierno de Milei y lo hizo en seis meses. Me refiero a ordenar la macro, pasar a tener superávit fiscal, ordenar la deuda, empezar a controlar el dólar, la inflación. Estoy convencido de que si podemos mantener esas variables ordenadas por un buen tiempo, las oportunidades van a venir. Obviamente todavía hay desafíos microeconómicos muy grandes, no es que todos los sectores están creciendo y que todo el mundo está disfrutando de los beneficios de esta macro ordenada. Estoy convencido que en 3, 5, 7 años eso va a pasar, tenemos que ver si los argentinos somos suficientemente pacientes para poder esperar o si el gobierno es suficientemente hábil para tratar de jugar un poquito a corto plazo y no sólo de largo plazo. Hagamos que la torta crezca, independientemente de quién gobierno, y después definamos como sociedad qué queremos hacer con eso, cómo se distribuye eso.

¿Hay un error que hayas cometido a lo largo de tu carrera, que recuerdes hasta hoy y del que aprendiste?

Cometí muchos errores, pero ninguno de esos que te matan. Pero algo que es un error, y a la vez algo que hicimos bien, fue que las mejores inversiones que hemos hecho han sido también las peores a veces porque las vendimos demasiado temprano.

¿Qué sigue para vos?

Más de lo mismo: tratar de encontrar emprendedores extraordinarios que están tratando de desafiar las estadísticas y con mucha sangre en el ojo, con mucho fuego interno. Con la inteligencia artificial creo que estamos en un momento único de poder hacer esto exponencial, que termine siendo algo que impacte de manera significativa en el producto bruto de la región, en el bienestar de la población y queremos aprovecharlo.

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