7 de septiembre de 2026 5:05 hs

No son ya noticia los repetidos tropezones dialécticos del presidente Yamandú Orsi, sus errores de comunicación, su escasa facilidad de palabra que le han valido la burla opositora y más de un problema interno. Ya ha dicho Orsi que él es así y que seguirá fiel a su estilo informal que, eso no lo dijo, tiene frontera con la impericia. Pero lo que tampoco es nuevo, y que también era sabido desde antes de que asumiera la Presidencia, es su innegable actitud de diálogo y sus intenciones de evitar la confrontación siempre que sea posible.

Y, a diferencia de sus desatinos verbales, no suele ser responsabilidad suya el clima de permanente pelea entre la fuerza política que lo llevó al gobierno y la oposición de la Coalición Republicana. El propio Frente Amplio camina muchas veces por un andarivel de aspereza verbal que complica las intenciones de Orsi de encontrar una paz que le ha sido casi siempre esquiva desde que asumió el 1° de marzo de 2025.

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Todo iba bien hasta que aparecieron en escena el Frente Amplio y el Partido Nacional. El lunes 24 el oficialismo convocó a una conferencia de prensa para presentar las conclusiones de sus legisladores en la Comisión Investigadora de la Asamblea General que analizó la compra de las patrulleras oceánicas al astillero español Cardama.

Y allí sonó un nombre que para los blancos es intocable. “Ha quedado claro que nos quisieron estafar, que había joda, que los documentos eran truchos. Hay claras responsabilidades políticas: los ministros de Defensa, los cargos de confianza del Ministerio, miembros de la Armada, pero también el expresidente Luis Lacalle Pou, que siguió esta compra y la avaló", dijo el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira.

Entonces tronó la furia nacionalista y el presidente del directorio blanco, Álvaro Delgado, reclamó la postergación del encuentro con Orsi.

Ojeda insistió con la importancia de la reunión y en el propio CEN colorado, según informó El País, el expresidente Julio Sanguinetti respaldó el encuentro porque, sostuvo, la imagen exterior de Uruguay no podía quedar “hipotecada” por peleas internas.

Finalmente, habrá reuniones por separado de los líderes de los partidos con el presidente. De esa forma, los blancos evitaron la foto conjunta que pretendía el presidente Orsi. Una suerte de empate.

Lo cierto es que lo último que le conviene a Orsi, a diferencia de sus compañeros y sus adversarios que se miden para ver qué heridas conviene infligir de cara a la competencia de 2029, es un clima de tensión política.

Probablemente, el exintendente canario no tendrá una segunda oportunidad para demostrar que la Presidencia no le quedó grande. Y si tiene que quemar sus naves tendrá que ser en el ejercicio del gobierno y no en la pelea política de los que están unos peldaños más abajo.

Por eso el mandatario sigue estirando la mano pese a los tarascones de adentro y de afuera. Por lo pronto, invitó a los intendentes de todo el país a reunirse el jueves 10 en la estancia presidencial de Anchorena. Un gesto que se parece más a una necesidad de entibiar la fría relación entre las partes que en buscar algún acuerdo concreto, aunque se espera que haya reclamos de sus excolegas

No es fácil el camino de Orsi en esa búsqueda de paz. Los gestos de acercamiento con el adversario incomodan en los Comités de Base en donde suele recibir palos por su moderación y se le pide más firmeza y más “izquierda” en su gestión.

Ni que hablar de la estrategia opositora donde el llamado publico del expresidente Lacalle Pou a evitar infligir heridas y ser “blando con las personas” no es moneda corriente.

La verdad es dura pero no parece tener remedio. Al exintendente canario le ha tocado gobernar en tiempos de confrontación y si en este setiembre de 2026 la virulencia es mucha, nada cuesta imaginarse lo que será a medida que se acerquen las elecciones.

El senador del MPP Daniel Caggiani dijo el miércoles 2 en el programa Todo un tema de El Observador que uno de los problemas que debe resolver el Frente Amplio es la necesidad de “reconocer en el otro alguna cosa buena”. “A veces se discute mucho sobre el antagonismo y no tanto de las cosas que nos unen. Creo que ahí tenemos un defecto”, dijo el parlamentario.

En ese trecho que va del dicho al hecho, en ese defecto que aqueja a ambas partes, se juega buena parte de la tranquilidad en los días presidenciales de un hombre de diálogo atrapado en un tiempo de trincheras.

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