Por otra parte, según la evaluación 2022 del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés), el 30,6% de las y los estudiantes a los 15 años no lograron niveles de suficiencia en las tres áreas consideradas - lengua, matemáticas y ciencia-, lo cual los ubica próximos a una situación de analfabetismo funcional. Asimismo, solamente el 3,4% de las y los estudiantes logran estar en la escala más alta de desempeño en por lo menos en una de las tres áreas. Si consideramos las tendencias en el tiempo, las evaluaciones de PISA entre el 2003 y 2022, no se registran mejora significativas. Mas bien, en el caso de Matemáticas, los resultados empeoran ya que el porcentaje de estudiantes por debajo del umbral de competencia mínima fue respectivamente del 48,1% en el 2003, y del 56,5% en el 2022. (ver PISA, Program for International Student Assessment, 2023 https://www.oecd.org/pisa/ ).
No nos podemos dar el lujo de seguir empantanados y crispados en torno a si es cuestión de ajustar, o flexibilizar o de reformar o inclusive de transformar la educación. Se trata más bien de repreguntarse sobre su razón de ser, su esencia y su relevancia para formar a las nuevas generaciones. Poco o ninguno cariño exhibimos hacia los futuros de las nuevas generaciones si nos aferramos a los “roles adulto-céntricos” de quien tiene la “sellada” para cambiar la educación, o peor aún, para consolidar el estatus quo. Cabe el recuerdo a lo que decía el ilustre Dr. Ricardo Pascale que aplica muy bien a la educación: “Uruguay siempre ha tenido una mala relación con el futuro y el corto plazo es el que domina” https://www.cronicas.com.uy/news-44889-ricardo-pascale-uruguay-siempre-ha-tenido-una-mala-relacion-con-el-futuro-y-el-corto-plazo-es-el-que-domina ).
La educación en Uruguay, aprisionada en el reflejo condicionado de lo políticamente “correcto, coyuntural y permisible”, padece la ausencia de confianza, convicción y priorización entre las élites – políticas, educativas, económicas, sociales, tecnológicas, corporativas o de otra índole - y la ciudadanía en torno a que la educación es una base insoslayable de sociedades más democráticas, prósperas, justas e inclusivas. Asimismo, el Uruguay sufre los desacoples entre una educación concebida para un mundo de cambios incrementales, que carga con altos costos transaccionales en sus decisiones y de poco impacto en mejorar la equidad y calidad de los aprendizajes, y un mundo permeado por cambios disruptivos que interpelan severamente el para qué, en qué y cómo de educar y aprender.
Seguir transitando un camino de cambios acotados en los márgenes de lo que se entiende por políticamente correcto, de altos costos transaccionales entre grupos con poder, y lo que una interpretación en extremo cautelosa, poco ambiciosa, de la economía política indicaría, es quizás condenar a la educación a su irrelevancia para las nuevas generaciones.
Resulta perentorio, al nivel de un compromiso ético y humanista con el bienestar y desarrollo de las nuevas generaciones, avanzar en un acuerdo político y social en educación que la posicione como una prioridad país y en el cerno de las políticas públicas. No parecería ser el caso cuando el sistema político encara la discusión de temas candentes tales como pobreza, marginalidad y convivencia. Suele mencionarse la educación vinculada a mejorar la asistencia a los centros educativos, que es, sin lugar a duda, la condición sine qua non de la mejora de los aprendizajes, pero vista como una medida aislada y puntual, pierde relevancia e incidencia. Los desafíos en torno a mejorar los aprendizajes, que son el correlato insoslayable de la asistencia a los jardines de infantes, las escuelas, los liceos y las escuelas técnicas, tienden a ocupar un lugar secundario en las agendas educativas.
Un acuerdo político y social, concebido por lo menos para una década y que cruce a dos administraciones de gobierno, podría asentarse en tres ejes:
- reafirmar la relevancia tanto del rol del estado, así como de la participación ciudadana en fortalecer la educación como un derecho humano y un bien común que implicaría mayores niveles de entendimiento, colaboración y acciones conjuntas entre estado, sociedad civil, sector privado y ciudadanía.
- diversificar los espacios educativos tanto hacia su interior como hacia otros espacios de aprendizaje, no formales e informales, y de intensa conexión con la sociedad en su conjunto.
- priorizar la dimensión específicamente pedagógica que se organiza en torno al trabajo de las y los estudiantes con el apoyo del educador como referente y facilitador de múltiples experiencias de aprendizaje.
Con el ánimo de alimentar el debate de ideas en torno a un acuerdo político y social, redoblamos la esperanza en 8 ideas fuerza que planteamos en el 2024 ( https://confederacionuy.com/wp-content/uploads/2024/06/anexo-cce-sobre-las-nuevas-generaciones-y-los-futuros-de-la-educacion-renato-opertti.pdf ).
La primer idea fuerza consiste en combinar una política de infancia desde cero en adelante con una educación unitaria de 3 a 18 años articulada en torno a centros de educación básica (3 - 14 años) y de la adolescencia y la juventud (15-18). El foco de esta educación unitaria consistiría en:
- universalizar aprendizajes de calidad en las alfabetizaciones fundacionales – lectura y escritura, formación ciudadana, matemáticas, ciencias, tecnologías y humanidades –;
- apuntalar los aprendizajes socioemocionales (empatía, colaboración, confianza en sí mismo, entre otros) en educadores y estudiantes;
- contrarrestar las vulnerabilidades y exclusiones al interior y exterior de la educación por medio de políticas intersectoriales e interinstitucionales asentadas en las familias y las comunidades; y
- garantizar la fluidez en los procesos de aprendizaje y su completitud por la vía de integrar niveles y ofertas educativas en torno a objetivos y estrategias comunes de formación y evaluación.
La segunda idea fuerza propone la creación de una Agencia de Desarrollo y Evaluación Curricular, Pedagógica y Docente, que tenga, entre otros objetivos, proponer, desarrollar y evaluar las estrategias más efectivas de enseñanza y aprendizaje de las alfabetizaciones fundacionales con foco prioritario en la lectura y escritura, y en los sectores más vulnerables. Dicho agencia, que formaría parte del ecosistema nacional en ciencia, tecnología e innovación, trabajaría estrechamente con los centros educativos de 3 a 18 años, y los institutos de formación docente y universidades, a efectos de producir, compartir y triangular evidencia sobre cómo mejorar la calidad y equidad de los aprendizajes, y con base en una fuerte inversión pedagógica y docente. Ceibal es el punto de referencia para pensar dicha agenda hacia el futuro.
La tercera idea fuerza versa sobre que la educación verde – vinculada esencialmente al cambio climático y a la biodiversidad - y azul – vinculada esencialmente a los recursos hídricos, y a la alfabetización en océanos – constituya un eje de formación en sostenibilidad en la educación unitaria de 3 a 18. Se trata de fortalecer la vinculación entre las ciencias naturales y sociales, las humanidades y la ética a efecto de generar oportunidades y espacios en los centros educativos para que los educadores trabajen juntamente con las y los estudiantes, y conectados con sus entornos y comunidades, en comprender y responder a desafíos en torno a la sostenibilidad.
La cuarta idea fuerza yace en fortalecer la libertad y la autonomía de pensamiento desde la infancia en adelante a través de talleres para pensar que sean entendidos como espacios de formación ciudadana democrática donde niñas y niños, y adolescentes, formulan preguntas, reflexionan y discuten sobre múltiples temas e ideas. La filosofía es un vector fundamental de estimulación del espíritu crítico que puede permear la diversidad de experiencias de aprendizaje a lo largo y ancho de toda la formación del estudiante. Complementariamente, se puede recurrir a los relatos – por ejemplo, en la literatura y en el cine – como mediaciones culturales que les ayuden a reflexionar.
La quinta idea fuerza refiere a universalizar modos educativos híbridos, esto es, de complementariedad entre espacios de aprendizaje presenciales y virtuales, en las edades de 6 a 18, con el objetivo de democratizar el acceso al conocimiento y contar con la participación de educadores y expertos en diversos temas que puedan llegar, por vía remota, a todos los rincones del país. Su consecución es viable dada la alta conectividad así como capitalizar los avances significativos de Ceibal en facilitar acceso y uso de dispositivos, plataformas, aulas virtuales, recursos educativos, formación, y de extensión progresiva de la inteligencia artificial generativa como sostén de mejora de los aprendizajes.
La sexta idea fuerza se centra en promover que los centros educativos de 3 a 18 se transformen en comunidades de enseñanza y aprendizaje a la largo y ancho de la vida, abiertas a la comunidad y a todas las edades. El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), señala “que casi la mitad de la población reside en hogares donde algún adulto presenta privación en años de escolarización” (https://www5.ine.gub.uy/documents/Demograf%C3%ADayEESS/HTML/ECH/Pobreza%20IPM/IN-IPM-2025-00-V4-0.html ). Se requieren redoblar los esfuerzos, recursos, iniciativas, estrategias e impactos para lograr una mejora sensible, y con alto sentido de equidad social, en que la población de 18 años o más logre completar la educación media obligatoria – media básica y superior que comprende seis años. A efectos que los centros educativos puedan abrirse en mayor medida a las necesidades educativas de la comunidad, resulta necesario contar con marcos normativos sólidos y flexibles que les permitan desempeñarse y ejercer una autonomía responsable.
Asimismo, cada centro sería un irradiador de las diversas expresiones de la cultura y de la historia, de apreciación de los conocimientos nativos, y sus conexiones con otros conocimientos locales y globales. También los centros colaborarían codo a codo con las familias y las comunidades con relación a la estimulación temprana de los infantes así como en la promoción y la accesibilidad a la lectura por diversos medios.
La séptima idea fuerza implica una educación alineada con el objetivo de promover la empatía intergeneracional y facilitar interacciones virtuosas entre educadores y estudiantes enmarcadas en el principio de inclusividad – cada estudiante preocupa y ocupa por igual.
Por un lado, se propone jerarquizar el rol de los educadores, en su formación y desarrollo profesional así como en la carrera docente y condiciones de trabajo, para que el foco prioritario sea formar aprendices libres y pensantes que forjen y protagonicen futuros mejores en sus vidas individuales y colectivas. Por otro lado, se estimularía el involucramiento activo de las y los estudiantes en los centros educativos como ejercicio democrático, de convivencia y de apreciación de las diferencias, así como se garantice y se vele por el cumplimiento de su derecho a conocer en profundidad los temas a través de la integración y pluralidad de saberes y enfoques.
La octava idea fuerza estriba en impulsar una nueva ley de educación sustentada en, por lo menos, seis aspectos:
- orientaciones claras y vinculantes sobre el para qué y qué de educar, aprender y evaluar hermanado con el cómo, cuándo y de dónde hacerlo;
- un modo de gobierno unitario y ejecutivo que congenie conducción de la política educativa con capacidad programática y de gestión con rendición de cuentas;
- compromiso claro y evidenciable con metas de cobertura, egreso y aprendizaje;
- régimen de autonomía responsable de los centros educativos;
- batería de instrumentos para jerarquizar y apuntalar el rol y las responsabilidades de educadores y estudiantes; y
- introducir mecanismos de aseguramiento de la eficiencia y eficacia de las inversiones y los gastos en educación así como una dotación progresiva de más recursos alineada a mejoras en la calidad y equidad de los aprendizajes.
En síntesis, uno de los mayores desafíos que enfrenta Uruguay como sociedad y en particular en educación, radica en preparar a las nuevas generaciones para que, en ejercicio pleno y garantizado de su libertad y autonomía de pensamiento, puedan liderar, desarrollar y hacer responsables por estilos de vida sostenibles, cooperantes, solidarios y saludables.
A tales efectos proponemos un acuerdo social en educación en torno a ocho ideas fuerza, pivoteado por el sistema político, cimentado en la educación como bien común, y alineado con la tradición del país de liberalismo democrático y social. Se trata de recrear el sentido de la construcción colectiva en educación, horizontal y democrática, sin exclusión de ningún tipo, y convocando a diversidad de actores políticos, sociales, educativos, comunitarios, de la producción y la sociedad civil, y a la ciudadanía, para su gestación y concreción.