31 de agosto de 2026 5:05 hs

El líder blanco Luis Lacalle Pou ya dijo que no quiere un Partido Nacional al límite del agravio, ni dirigentes que se dejen ganar por el ego, ni heridas que luego de infringidas son difíciles de cerrar.

Pero más allá de esa convocatoria pacificadora del líder nacionalista en el discurso por los 190 años de su partido, se sabe que los blancos son incorregibles y es de esperar que cada corriente le imprima su impronta a su accionar hasta que llegue la campaña electoral de 2029.

La interna blanca en las actuales circunstancias está medio entreverada y aún resulta dificultoso conocer con exactitud cuál será la forma y la disposición con la que cada uno apoyará la candidatura de Lacalle Pou. Porque la presencia transversal del líder empuja a que todos los blancos quieran ser de Lacalle Pou y que Lacalle Pou sea un poco de todos.

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Nadie podrá usar la chapa del oficialismo, y cada cual deberá marcar diferencias sin incomodar al principal activo del bloque anti Frente Amplio.

Fungir como principal fuerza opositora cuando del otro lado el gobierno del Frente Amplio navega en horas difíciles representa para el Partido Nacional un real desafío. Lacalle Pou ya no tendrá sector propio o, por lo menos, un delfín como lo fue Alvaro Delgado (Aire Fresco), quien vapuleó a Laura Raffo en las internas de 2024.

Aquel buque insignia lacallista, ya está fragmentado. Por un lado camina Delgado –convertido en presidente del directorio nacionalista – y por el otro anda el excandidato a la intendencia de Montevideo y senador, Martín Lema (404). Lema ha hecho buenas migas con el Herrerismo y habrá que ver como coordinan los discursos porque mientras Lema ha mantenido un perfil bastante dialoguista, los herreristas Luis Alberto Heber y Juan Martin Rodríguez suelen transitar las cuchillas. Rodríguez llegó a tratar de “delincuente” al presidente de ASSE, Álvaro Danza, dijo sentir vergüenza del presidente Yamandú Orsi y, luego de que Lacalle Pou convocara a evitar agravios, respondió con equiparaciones futboleras y dijo que para que exista un Diego Forlán que deleite con su juego, debe existir un Ruso Pérez que te coma los talones. Cómo hará la 400 de Lema y el Herrerismo para equilibrar discursos, se verá.

Por otro lado está Alianza País el ala liderada por el senador Javier García (lista 40) que se convirtió en la mayoría nacionalista en las pasadas internas y que no se caracteriza por su moderación. Esa coalición interna unió a la 40, con Alianza Nacional del senador Carlos Camy (el ex sector de Jorge Larrañaga) y el “grupo de los intendentes” de Sergio Botana y Enrique Antía.

No es seguro que Botana y Camy continúen dentro de la esa alianza y el acuerdo que funcionó ayer no tiene por qué ser el de mañana. Además, la lista 40 tiene un jugador de alto perfil, el senador Sebastián Da Silva, un hombre que quiere recorrer el camino de la “derecha popular” con un discurso de alta confrontación con la izquierda.

¿Armará Da Silva un rancho aparte dentro del mismo condominio? Con un Lacalle Pou transitando abiertamente por el centro, Da Silva puede completar el rompecabezas por la margen derecha.

Porque en el ala más volcada a la centroizquierda anda el intendente de Paysandú, Nicolás Olivera, quien con su espacio D Centro es acompañado, entre otros, por el diputado Pablo Abdala, y el director de la Jutep, Luis Calabria.

El sector De Centro reivindica la impronta de Jorge Larrañaga y Olivera quiere inclinar la balanza de los blancos un poco más hacia la siniestra ante tanto transeúnte caminando por la diestra.

En todo caso, de llegar al posible cielo del poder, los blancos tienen que transitar tres años de purgatorio opositor del que deben emerger sin heridas de consideración. No debería resultar complicado dada la importancia del objetivo final pero, tratándose de blancos, el pacto de no agresión siempre es una tregua frágil.

En un partido donde la épica se ha nutrido tanto de las batallas contra el de afuera como de las dentelladas puertas adentro, siempre representa un acto de dificultoso autocontrol eso de ganar una elección sin terminar desangrados en la víspera.

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