En el Partido Nacional hay una suerte de código no escrito, pero bastante explícito, que se activa ante el menor síntoma de amenaza: a Luis Lacalle Pou no se lo toca. Podrán existir rispideces internas, pases de factura o matices más o menos importantes sobre cómo encarar la oposición, pero el líder es el líder; el que se meta con el único talismán que los nacionalistas tienen para las elecciones de 2029 que no pida clemencia.
Y el Frente Amplio volvió a cruzar esa línea imaginaria cuando el lunes 24 presentó sus conclusiones de la investigadora de Cardama y le apuntó a la cabeza al expresidente. “Entendemos que el primer responsable político de esta situación en la cual se encuentra el Estado uruguayo es el expresidente Luis Lacalle Pou”, afirmó el senador del MPP Nicolás Viera durante una conferencia de prensa junto a otros legisladores del partido y al presidente de la fuerza política, Fernando Pereira.
La respuesta fue casi inmediata. A pedido del presidente del Directorio del Partido Nacional, Álvaro Delgado, fue postergada "sin fecha" la reunión de líderes políticos convocada para este jueves por el presidente Yamandú Orsi, a propuesta del senador colorado Andrés Ojeda. El encuentro iba a servir de preámbulo a la participación de Orsi en la Asamblea General de las Naciones Unidas, y tenía el objetivo de lograr cierto consenso sobre la postura de Uruguay en esa coyuntura.
Pero, como fue dicho, el FA dio un paso que los blancos no toleran. “Quedó al descubierto por confesión de parte que todo el tema de la OPV tiene un solo objetivo y es político electoral: Lacalle Pou. El resto es sanata y operación política con ese fin”, tuiteó el senador blanco Javier García.
El caso Cardama había representado el cruce más duro entre el gobierno y la oposición cuando, en una conferencia de prensa a finales de octubre pasado protagonizada por Orsi, el secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, y el prosecretario, Jorge Díaz, se anunció que se rescindiría la compra de dos patrulleras oceánicas concretadas en la pasada administración ante la sospecha de “estafa o fraude”.
Aquello motivó que Lacalle Pou suspendiera el mutismo que lo acompañó luego de que abandonara el poder para señalar que el presidente Orsi había sido arrastrado a una “operación política” en contra de su gobierno.
Y, ahora, otra vez, el FA le apuntó a Lacalle Pou y los blancos reaccionaron sin demora.
Lo que sucede es que, ciertamente, la izquierda tiene al jefe de los blancos en la mira y no pierde oportunidad para dispararle. El FA ni siquiera fue piadoso cuando el pasado domingo 9 Lacalle Pou aprovechó su discurso por los 190 años del Partido Nacional y convocó a evitar agravios y enfrentamientos entre la oposición y el gobierno. En esa coyuntura el presidente del FA Fernando Pereira acusó a Lacalle Pou de ser muy bueno en la tribuna pero malo en el gobierno y, más tarde, la exsenadora Lucía Topolansky también cortó grueso. “A Lacalle Pou le falta la potencia que tienen los liderazgos. ¿Por qué está escondido? Está conservando la posibilidad de un capital. Tiene temor al flechazo. Veremos cuando salga al ruedo qué pasa. Para mí no es un líder todavía, es un dirigente”, dijo Topolansky el lunes 17 en el programa Todo un Tema del streaming de El Observador.
La reciente decisión de poner el pie en el freno y postergar el encuentro con Orsi es una bajada de línea contundente del Partido Nacional y un mensaje inequívoco dirigido al Poder Ejecutivo y al Frente Amplio: no es posible una relación más o menos amable entre el gobierno y la mayor fuerza de la oposición si el oficialismo sigue importunando al jefe de los blancos.
Pero las cosas no tienen miras de cambiar. Así, el margen para la tregua entre unos y otros se achica y parece que la polarización será el signo de estos tiempos.