Es una visita muy importante: es la primera vez en casi una década que un presidente de Estados Unidos pisa China. Tanto Donald Trump como Xi Jinping han repetido que este encuentro es crucial no solo para la relación bilateral, sino para el marco internacional. El recibimiento fue majestuoso: desfile militar al pie del avión y miles de niños con banderas de ambos países. El tono, por ahora, es positivo. Pero lo que importa serán los resultados.
Desde la óptica de Trump y de Estados Unidos, el paquete buscado incluye que China compre más productos agrícolas (soja, carne, huevos), aviones Boeing, y que incremente la inversión manufacturera en territorio estadounidense. También pesa el expediente Irán: cerca del 40% del petróleo de Oriente Medio que cruza el Estrecho de Ormuz se dirige a China. Trump presionará a Xi para que haga lo posible por lograr que Irán reabra el Estrecho.
AFP__20260514__B2U979A__v2__MidRes__TopshotChinaUsDiplomacy
Xi Jinping puede desempeñar un rol de “peso pesado” en el conflicto estancado entre EEUU e Irán. China es uno de los socios comerciales más relevantes de Teherán: compra mucho petróleo y ha vendido productos de doble uso. Xi, por tanto, tiene palancas para presionar a Irán.
Acabo de regresar de Taiwán. Varios funcionarios me expresaron su preocupación por esta visita: Taipei no tenía claridad sobre la agenda exacta de Trump con Xi. Con el capricho de Trump, temen concesiones inesperadas.
Los comunicados oficiales del primer día confirman el foco: la versión china subrayó que Taiwán es “línea roja” y advirtió que manejar mal el tema dañaría la relación bilateral. La versión estadounidense no lo mencionó. Es evidente que Xi intentará que Trump reafirme oposición total a cualquier movimiento hacia la independencia taiwanesa y, quizá, reduzca las ventas de armas a la isla.
En última instancia, una victoria para Xi es proyectar a China como país estable en un entorno internacional caótico. Y ese caos, en buena medida, tiene relación con algunas acciones de Trump.
Primera visita de Donald Trump a China junto a Xi Jinping. AP
A Trump lo acompaña una delegación de altos empresarios: Elon Musk, el líder de Nvidia, Tim Cook y otros. EEUU aprobó además la venta de semiconductores H200 de Nvidia —el segundo chip más potente de la firma— a unas diez empresas chinas. Para Pekín sería una victoria: compañías como Huawei, DeepSeek y otras de IA dependen de chips estadounidenses. Veremos qué otros contratos firman.
Entiendo que ambas partes también crearán una junta de comercio para gestionar tensiones de forma sistemática y, posiblemente, un consejo para monitorear el desarrollo de la inteligencia artificial, evitando su uso en armamento.
Donadl Trump, Elon Musk, Jensen Huang, y otros llegando a China. AFP
Conviene subrayar que el ecosistema de IA chino avanza a gran velocidad. En EEUU no siempre se percibe esa dinámica, en parte porque hoy menos estadounidenses viajan a China. DeepSeek, Minimax, “Chimpool” y otras están progresando día a día, compitiendo ya con los LLMs norteamericanos y consumiendo menos energía. Están desplegando modelos con mayor eficiencia e integrándolos en robótica —incluida humanoide— con ritmos que rivalizan, cuando no superan, a los nuestros. En este hemisferio debemos estar alerta y activos si queremos liderar desde EEUU esta industria en los próximos 5 a 10 años.
El riesgo de uso militar existe, y no es teórico. En la gala del Año Nuevo chino —el “Super Bowl” de China, con miles de millones de espectadores— se presentó un equipo de robots humanoides haciendo artes marciales. Tecnologías así pueden tener usos duales, no solo comerciales.