4 de julio de 2026 16:01 hs

Una mayor ambición en el uso del poder, con menos límites para frenarlo, sed de venganza, un vistazo inédito al interior de la Sala de Crisis de la Casa Blanca y una insólita obsesión por el diseño de interiores. Estos son algunos de los ejes que abordan los periodistas Maggie Haberman y Jonathan Swan, de The New York Times, en el libro que lanzaron recientemente sobre el segundo mandato de Donald Trump.

Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump, de 464 páginas, aborda el primer año de la segunda presidencia de Trump y se basa en exhaustivas entrevistas bajo condición de anonimato a más de 1.000 personas para reconstruir debates internos y analizar los temas sensibles de una administración que, según los autores, es "muy buena guardando secretos".

Haberman y Swan describen a Trump como el "presidente estadounidense más poderoso" que vieron en sus vidas y aseguran que, en este regreso, el republicano gobierna con mucho más poder y menos restricciones que durante su primer mandato. Regime Change retrata a un líder que actúa movido por sus "resentimientos e instintos" y al que, al menos en una ocasión, se lo vio decorando la Casa Blanca con un tubo de pegamento instantáneo.

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La mirada hacia el mundo y un poder sin contrapesos

Una de las cuestiones que los autores más destacaron fue la nueva concepción de Trump sobre el ejercicio del poder. Durante una entrevista para el libro, realizada apenas dos semanas después de haber iniciado la guerra con Irán, el mandatario reflexionó sobre el alcance de su poder.

Trump le dijo a los autores que un "historiador" lo comparó con Alejandro Magno, los Césares, Guillermo el Conquistador, Gengis Kan, Atila el Huno, Tamerlán, Napoleón Bonaparte, Adolf Hitler, Mao Zedong y Joseph Stalin, pero aseguró que el poder de estas figuras históricas no se comparaba con el suyo porque carecían de alcance global.

Durante una entrevista en MS NOW, Swan aseguró que Trump quiere ser "el Gran Hombre de la historia, con mayúsculas" y que lo que busca es "transformar el mundo".

"No creo que hubiera ido a la guerra en Irán en las mismas circunstancias durante su primer mandato. No creo que se hubiera arriesgado con lo que hizo en Venezuela… No habría iniciado una guerra comercial con el mundo entero… Pero tiene una mentalidad diferente y está libre de todas esas consideraciones políticas internas del primer mandato", aseguró.

Los autores también marcaron el contraste entre el primer mandato de Trump, en el que no conocía a su gobierno y estaba rodeado de asesores que veían su comportamiento como peligroso, y este segundo período. "Ya no hay nada de eso", sostuvo Haberman, y agregó: "Creen que hay algo casi místico en él, que puede oír frecuencias que ellos no pueden. Y odian más a los medios de comunicación tradicionales que a las propias acciones del presidente que les generan preocupación".

Los secretos de la Sala de Crisis de la Casa Blanca

Los autores del libro aseguraron que los funcionarios de la administración Trump 2.0 "son increíblemente buenos guardando secretos". Sin embargo, a lo largo de su investigación pudieron acceder a datos de carácter estrictamente reservado y en el libro se incluyeron transcripciones textuales de varias reuniones de la Sala de Crisis.

En uno de los capítulos describen cómo las repercusiones del caso Epstein encendieron las alarmas en el Gobierno, al punto de forzar una reunión en la Sala de Crisis de la Casa Blanca. Allí se discutieron los intentos fallidos por contener el escándalo, el impacto del tema dentro del movimiento MAGA y la presión del Congreso para obligar al gobierno a desclasificar los documentos relacionados con el delincuente sexual.

La Sala de Crisis es un recinto blindado que normalmente se reserva para asuntos de seguridad nacional de máxima prioridad. Según el libro, un funcionario describió más tarde como "surrealista" la experiencia de estar sentado en ese lugar hablando de Trump y las vinculaciones con el caso Epstein. Además citaron conversaciones sobre la guerra con Irán.

Cuando se publicó el libro, altos funcionarios de la Casa Blanca le dijeron al medio Axios que sospechaban que los periodistas habían obtenido grabaciones de audio de las reuniones de la Sala de Crisis y que Trump estaba furioso. "Tememos que algunas de nuestras conversaciones más delicadas estuvieran siendo grabadas y no tenemos ni idea de cuáles", dijo una fuente de la administración, asegurando que una filtración grabada de este tipo constituiría una grave violación de uno de los entornos más seguros del planeta.

La concentración de la información

Los autores sostienen que en esta administración "es un grupo minúsculo de personas dirigiendo el gobierno" y que la actual política exterior de la Casa Blanca se maneja con extrema opacidad, al punto de que los sectores clave de la administración son excluidos de las decisiones de máxima seguridad nacional.

Como ejemplo, señalaron que el reciente Memorando de Entendimiento con Irán, destinado a poner fin al conflicto bélico, fue ocultado deliberadamente a altos cargos del Departamento de Estado, el Pentágono y el círculo más íntimo del Gobierno. "¿Cuáles eran los términos? Casi nadie dentro del gobierno estadounidense había visto ese documento hasta que se anunció públicamente", dijo Swan.

Esta concentración del mando quedó en evidencia durante la escalada militar que llevó a EEUU a la guerra con Irán. Según detalla el libro, el mandatario optó por bombardear instalaciones nucleares y aliarse con Israel en una ofensiva aérea a gran escala sin consultar a su propio gabinete económico y energético.

"Las dos personas del gobierno que tendrían que afrontar la mayor crisis energética de la historia mundial, Scott Bessent, el secretario del Tesoro, y Chris Wright, el secretario de Energía, no estuvieron presentes en las reuniones que precedieron a esta guerra. Se enteraron de la guerra recién el día anterior en la Sala de Crisis", dijeron.

Cuando Trump volvió a la Casa Blanca, se vio consumido por un "fuerte deseo de venganza", apuntaron los autores. Según el libro, una de las cuestiones que más lo alegraban era ver cómo los líderes tecnológicos que antes lo habían despreciado ahora buscaban ganar sus simpatías. El acercamiento que más lo entusiarmó fue el de Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, quien había expulsado a Trump de Facebook e Instagram después del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.

Trump parecía maravillarse ante la nueva recepción que tenía con los titanes tecnológico. "Me odiaban", le dijo a Elon Musk en alusión a Mark Zuckerberg y Jeff Bezos, según relata el libro. "Y miralos ahora", añadió. "Lamebotas de primera clase", respondió Musk, de acuerdo con el libro.

Otra de las escenas que narra el libro es el momento en el que el mandatario se enteró del asesinato del activista conservador Charlie Kirk. Según los periodistas, quien le dio la noticia fue su hijo de 19 años, Barron Trump, en una llamada telefónica cargada de pánico. El joven estaba preocupado por la seguridad de su padre, reviviendo el temor del 2024, cuando una bala le rozó la oreja.

Barron le advirtió que se ponía en riesgo al hablar ante multitudes y le manifestó que no quería que volviera a ser el blanco de un atentado. Según el libro, aunque Trump intentó tranquilizar a su hijo, el propio mandatario se mostraba visiblemente nervioso por la situación.

La decoración de la Casa Blanca

Mientras algunos de los proyectos arquitectónicos de Trump en Washington, como un nuevo salón de baile que reemplazará al Ala Este de la Casa Blanca o un arco triunfal de 76 metros junto al río Potomac, son obras multimillonarias que exigen grúas gigantes y ejércitos de obreros, su obsesión por remodelar el entorno también se manifestó en una escala más pequeña.

El libro relata que una mañana, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, entró al Despacho Oval y encontró al mandatario modificando la decoración por mano propia. Trump sostenía un tubo de pegamento extrafuerte e intentaba pegar nuevos ornamentos dorados sobre la repisa de mármol de la chimenea.

"Como ya se sabía que prefería sus propias creaciones artísticas a las de cualquier otra persona, ver al presidente echando pegamento sobre los adornos dorados y colocándolos él mismo en la pared no sorprendió a nadie de su círculo más cercano", dijeron los autores.

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