De "America First" a la ofensiva global: el intervencionismo de Trump conflictúa al movimiento MAGA
Tras haber prometido en campaña acabar con las "guerras interminables", durante su segundo mandato Trump ordenó operaciones militares en siete países, entre ellas las intervenciones en Venezuela y en Irán. La política exterior del presidente desató una crisis interna en el movimiento MAGA, con figuras relevantes cuestionando su gestión.
Durante su campaña presidencial, Donald Trump prometió evitar que Estados Unidos se involucrara en nuevos conflictos externos.Bajo el lema America First, el republicano aseguró que acabaría con las "guerras interminables". Sin embargo, desde el inicio de su segundo mandato, su gobierno realizó ataques en al menos siete países. Entre estos destacan la ofensiva contra Irán, que culminó con la muerte del ayatolá Ali Jamenei, y la intervención en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro.
Aunque la mayoría de sus seguidores apoya estas medidas, un grupo pequeño pero influyente dentro del movimiento MAGA comenzó a expresar su disconformidad. De cara a las midterms de este año, que definen la mayoría en el Congreso, queda por ver si Trump se beneficiará políticamente de estas intervenciones, como ocurrió con anteriores presidentes, o si terminarán fragmentando a su base electoral.
La promesa de acabar con las "guerras interminables"
Durante sus campañas presidenciales, tanto en el 2016, como en el 2020 y el 2024, el compromiso de terminar con las intervenciones permanentes fue un eje central de la plataforma de Trump. La promesa de poner fin a las "guerras interminables" y mantener a EEUU fuera del tipo de conflictos extranjeros que podrían conducirlas, captó la atención de muchos votantes.
Para ganar la Casa Blanca en 2016, Trump tuvo que superar al exgobernador de Florida, Jeb Bush, hijo y hermano de dos expresidentes estrechamente vinculados a los conflictos de Estados Unidos en Medio Oriente. El ataque a la familia Bush se convirtió en un rasgo distintivo de su estrategia, lo que implicó redoblar las críticas a la Guerra de Irak. "La guerra en Irak fue un error grande y gordo", respondió Trump cuando se le preguntó en un debate presidencial republicano en febrero de 2016 si todavía creía, como dijo en 2008, que Bush debería haber sido sometido a un juicio político por ello.
Acto MAGA de campaña por Tex Paxton en Texas. AFP
Históricamente, los presidentes de Estados Unidos suelen tener un rédito político inmediato al encabezar conflictos armados. Después de lanzar el operativo que inició la Guerra del Golfo en 1991, el índice de aprobación de George H. W. Bush subió del 64% al 82%, según datos de The Economist. Y a su hijo le fue aún mejor: tras declarar la "guerra contra el terrorismo" e invadir Afganistán en 2001, la popularidad de George W. Bush saltó del 51% al 90%. Aunque el apoyo disminuyó en los meses posteriores, volvió a repuntar hasta el 75% con el inicio de la guerra de Irak.
La retórica antibelicista permitió a Trump articular una coalición bajo el slogan America First (Estados Unidos primero), que unía a un republicanismo que rechazaba la política exterior de los halcones intervencionistas. De hecho, el movimiento Make America Great Again (MAGA) se autodefinía como un movimiento aislacionista.
La exitosa campaña de 2024 de Trump para volver al poder se basó en gran medida en el hecho de que no había iniciado ninguna guerra en su primer mandato. "Toda mi vida adulta estuvo marcada por presidentes que lanzaron a EEUU a guerras imprudentes y no lograron ganarlas", escribió JD Vance, en una columna de invitados para The Wall Street Journal en enero de 2023, respaldando la candidatura de Trump para 2024. "En los cuatro años de Trump en el cargo, no inició ninguna guerra a pesar de la enorme presión de su propio partido e incluso de miembros de su propia administración", añadió Vance, veterano de la Guerra de Irak y actual vice.
Un mes antes de ganar un segundo mandato en 2024, Trump prometió: "Conmigo no van a tener una guerra". Sin embargo, ahora, las circunstancias parecen haber cambiado.
Trump habla después del ataque a Irán. AFP
El cambio de paradigma y las críticas de figuras MAGA
La política exterior de este segundo mandato de Trump se vio envuelta por una serie de conflictos sin precedentes. En poco más de un año de gestión, su administración lanzó ataques aéreos o navales en al menos siete países: Irán, Irak, Nigeria, Siria, Somalia, Venezuela y Yemen. El comienzo de la guerra con Irán ocurrió apenas semanas después de la operación militar que derrocó a Maduro en Venezuela, y en medio de renovadas amenazas contra el régimen cubano.
A este escenario se suman las polémicas declaraciones del 2025, cuando Trump amenazó con tomar el Canal de Panamá y ocupar Groenlandia, insinuó la anexión de Canadá como el estado 51 y renombró oficialmente al Golfo de México como "Golfo de América".
Steve Bannon.webp
Las voces disidentes no suelen ser frecuentes dentro del movimiento MAGA, que generalmente mantiene un alineamiento total con su líder. Sin embargo, después del último ataque contra Irán, algunos sectores críticos alzaron la voz rápidamente para cuestionar si una intervención de este tipo responde a los intereses de EEUU y si realmente se ajusta al principio de America First.
"Fue absolutamente repugnante y malvado", dijo el podcaster de derecha Tucker Carlson sobre la operación militar a ABC News, y aseguró que "esto cambiaría las reglas" del movimiento MAGA "de un modo profundo". Se supo también que el exasesor de Trump Steve Bannon acudió días antes del ataque a la Casa Blanca para tratar de convencer al presidente de no hacerlo.
También se pronunció la excongresista Marjorie Taylor Greene, quien supo ser una de las más férreas defensoras de Trump hasta su ruptura con el presidente tras criticar su política exterior y presionar por la desclasificación de los archivos del caso Epstein. Greene escribió en X: "¿Preguntó el Gobierno cuántas muertes (de estadounidenses) están dispuestos a aceptar los votantes en esta guerra con Irán? ¿Qué tal CERO? Votamos por Estados Unidos Primero y CERO guerras".
"Siempre es una mentira y siempre es EEUU al final. Pero esta vez se siente como la peor traición porque proviene del mismo hombre y de la administración que todos creíamos que era diferente y que dijo que no más", dijo.
Marjorie Taylor Greene - BBC
La congresista Taylor Greene se enfrentó a Trump por los archivos del caso Epstein
Getty Images
Para un sector del republicanismo, el debate es estrictamente constitucional: el Artículo I otorga al Congreso la facultad exclusiva de declarar la guerra. Por ello, varios legisladores de la bancada oficialista se unieron a la oposición demócrata para cuestionar que la administración Trump lanzara los ataques sin autorización parlamentaria.
El senador Rand Paul, republicano de Kentucky, manifestó en X su "simpatía por la difícil situación del pueblo iraní", pero rechazó la ofensiva por eludir el control del Capitolio. En la misma línea, el congresista de Kentucky, Thomas Massie fue tajante: "Me opongo a esta guerra. La guerra requiere autorización del Congreso".
Las motivaciones detrás de los ataques y el factor de la brevedad
Las motivaciones detrás de las recientes intervenciones en Venezuela e Irán no resultan del todo claras. Con las midterms a pocos meses y una economía que, pese a estar en crecimiento, aún no alcanza los niveles esperados, los republicanos necesitan victorias estratégicas. Dado que el costo de vida fue el eje de las campañas locales el año pasado, el oficialismo podría buscar ahora un impulso externo que logre revertir la opinión pública a su favor.
El enfoque de Trump hacia la guerra prioriza la brevedad.Las intervenciones de su segundo mandato fueron diseñadas para ser rápidas y limitadas, evitando compromisos prolongados o costosos. Para los seguidores del movimiento MAGA, el gran fracaso de las guerras en Afganistán e Irak no fue la intervención en sí, sino lo que siguió: el despliegue masivo de tropas con el objetivo de instaurar democracias.
En esta línea, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, rechazó que Irán pudiera convertirse en el nuevo Irak, prometiendo que el conflicto no seguiría "sin fin". "Ningún atolladero de construcción nacional ni ejercicios de democracia", sentenció Hegseth. El objetivo de la administración no parece ser reemplazar regímenes por sistemas democráticos, sino asegurar que los nuevos líderes, como Delcy Rodríguez en Venezuela, tengan una mayor disposición a negociar con Estados Unidos.
Aunque Trump manifestó su expectativa de que el conflicto en Irán dure entre "cuatro y cinco semanas", en sus últimas declaraciones aseguró que no detendrá la ofensiva hasta lograr la "rendición incondicional" de Irán. Esta postura, sumada a la posibilidad de una disrupción duradera en los mercados financieros globales por el alza sostenida del petróleo, incrementó significativamente las presiones internacionales.
"MAGA soy yo"
Trump MAGA.jpg
Trump sube al 50% aranceles al acero y aluminio de Canadá y repite que "lo único sensato" es que sea un estado más de EEUU
AFP
Por el momento, los republicanos que cuestionan la ofensiva representan una minoría. La gran mayoría en el Capitolio, incluyendo a los líderes de ambas cámaras, cerraron filas con Trump, calificando la operación como una medida decisiva y necesaria tras el estancamiento de la diplomacia.
A este respaldo se sumaron figuras radicales como la activista Laura Loomer, quien celebró el ataque en redes sociales: "El presidente pasará a la historia como un protector de la humanidad. Espero que este sea el comienzo de su ofensiva contra el islam".
Esta reacción sugiere que MAGA, más que un movimiento de principios rígidos, es una estructura articulada en torno a la figura de Trump y su pragmatismo. El propio mandatario simplificó esta dinámica al ser consultado sobre cómo su base, teóricamente aislacionista, asimilaba la intervención en Venezuela: "A MAGA le encanta lo que estoy haciendo. A MAGA le encanta todo lo que hago. MAGA soy yo" sentenció y reafirmó su punto cuando se le preguntó si su ataque a Irán podría dividir al movimiento.