Las elecciones de mitad de mandato de 2026 están en camino a convertirse en las más caras de la historia para un año sin comicios presidenciales. Ya durante las primarias, la inversión en publicidad alcanzó cifras sin precedentes. Sin embargo, los resultados recientes demuestran que, en estas midterms, el dinero no siempre garantiza la victoria y que los candidatos pueden gastar mucho dinero y luego perder elecciones.
Este escenario evidencia un cambio en la dinámica habitual del ciclo electoral. Según Kinetiq Political Insights (KPI), que realiza el seguimiento del gasto de las campañas, este será el ciclo no presidencial más costoso en la historia de Estados Unidos.
"Históricamente, los periodos de adversidad política han provocado una desaceleración en la recaudación de fondos y una reducción en el gasto publicitario. Este año, sin embargo, esas señales no están alineadas. La recaudación se mantiene sólida y las proyecciones de gasto continúan en aumento, lo que perfila un entorno de elecciones de medio mandato más competitivo y menos predecible", señalaron en su informe.
Sin embargo, el enorme despliegue de dinero en las campañas no siempre se traduce en victorias electorales, lo que demuestra que el presupuesto no lo es todo.
En tres de las primarias demócratas con mayor presupuesto, los vencedores terminaron siendo candidatos superados ampliamente en gasto de televisión y radio, según datos de KPI.
En Michigan, por ejemplo, Haley Stevens y sus aliados gastaron casi diez veces más en medios tradicionales que Abdul El-Sayed, 52 millones de dólares frente a 5,2 millones de dólares, pero el progresista musulmán logró quedarse con la candidatura al Senado.
Una dinámica similar se vivió en Minnesota, donde Angie Craig y sus grupos afines invirtieron 13,8 millones de dólares frente a los 3,3 millones de dólares de la vicegobernadora Peggy Flanagan, quien finalmente ganó por un amplio margen la candidatura al Senado.
En Illinois, la ventaja financiera de 21,8 millones de dólares del representante Raja Krishnamoorthi tampoco alcanzó para frenar a la vicegobernadora Juliana Stratton, cuya campaña y super PAC asociados invirtieron 12,4 millones de dólares en su candidatura al Senado y lograron imponerse en las urnas.
"Los dólares no votan, las personas sí", señaló Adam Wise, consultor estratégico de KPI a Axios. "El patrón es innegable: los vencedores no fueron quienes más gastaron, sino quienes consiguieron más votos por cada dólar invertido. Con audiencias fragmentadas en más pantallas que nunca, el rendimiento de la inversión en medios ahora importa más que la cantidad total gastada", explicó.
Entre los republicanos, la moneda de cambio más valiosa es Trump
En el bando republicano, las tres primarias al Senado más disputadas dejaron al descubierto el mismo patrón: contar con la pauta publicitaria más abultada no garantizó el triunfo.
En Texas, por ejemplo, el senador John Cornyn y sus aliados desplegaron 58,8 millones de dólares, siete veces más que los 8,2 millones de dólares que invirtió el fiscal general Ken Paxton, pero Paxton se quedó con la nominación en la segunda vuelta.
Una historia similar ocurrió en Luisiana y Georgia. En el primer estado, la representante Julia Letlow superó al senador Bill Cassidy a pesar de haber invertido 9,5 millones de dólares frente a los 13,6 millones de su rival. En el segundo, Mike Collins venció a Buddy Carter aun cuando este último lo cuadruplicaba en recursos publicitarios, 4,4 millones de dólares contra 925.000 dólares.
Más allá de las diferencias presupuestarias, las tres contiendas tuvieron un factor común decisivo. Donald Trump respaldó a los tres candidatos ganadores, demostrando que su sello continúa siendo la moneda de cambio más valiosa dentro del Partido Republicano.
El dinero sí consiguió algunas victorias
En otras tres contiendas demócratas el financiamiento sí terminó inclinando la balanza, pero el peso del dinero estuvo respaldado por un claro impulso político en favor de los vencedores.
En Texas, por ejemplo, el legislador estatal de 36 años James Talarico y sus aliados invirtieron 14,7 millones de dólaresen publicidad para las primarias al Senado, quintuplicando los 2,8 millones destinados por la representante Jasmine Crockett.
Talarico captó la atención en el estado gracias a un perfil disruptivo que combina una agenda de mayores impuestos a los multimillonarios con una retórica cristiana basada en el mensaje social del evangelio. Ante ese impulso, diversos sectores demócratas lo ven como la principal apuesta para intentar arrebatarle en noviembre un escaño que los republicanos controlan desde hace más de tres décadas. Ahora se enfrentará contra Paxton.
En Maine ocurrió algo similar. El candidato outsider Graham Platner invirtió 5,4 millones de dólares en televisión y radio, en comparación con los 700.000 de la gobernadora Janet Mills, respaldada por el establishment demócrata. Aunque Mills se retiró de la contienda y el propio Platner formalizó más tarde su renuncia tras enfrentar una serie de escándalos, que culminaron con una grave acusación de agresión sexual, ambos nombres permanecieron en la boleta electoral. En las urnas, Platner terminó imponiéndose sobre Mills con un 78% frente a un 17%.
Por último, en Iowa, el representante estatal Josh Turek y sus aliados contaron con una ventaja publicitaria de 7,2 millones de dólares, frente a los 600.000 dólares de Zach Wahls. Turek ganó con un 63% de los votos frente al 37% de Wahls.
A pesar de que numerosos candidatos demócratas a la Cámara de Representantes superaron a sus rivales en recaudación individual, los comités republicanos cerraron el segundo trimestre del año con ventaja financiera. A esto se suma el factor de Elon Musk, cuya capacidad de financiamiento sigue al acecho sobre las contiendas.
Sin embargo, si el escenario es tan adverso como temen algunos estrategas republicanos, el dinero por sí solo no alcanzará para salvar a todos sus candidatos.