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El neurólogo español Juan Fortea atiende el teléfono para la entrevista unos 15 minutos más tarde de lo pautado. Entonces viene la pregunta obvia para quien ha dedicado buena parte de su tiempo a estudiar la pérdida de la memoria: “¿Se ha olvidado?”.

No, no se olvidó. Se ríe. Tiene ante todo una mirada positiva y esperanzadora, aunque trabaja sobre una enfermedad que es mortal y por ahora no tiene cura: alzhéimer.

Está en el top 25 de los autores más citados en investigaciones sobre alzhéimer. Y estos días —de ahí su tardanza en atender la llamada— tiene la agenda más apretada de lo habitual porque en breve viaja a Montevideo para participar de la Conferencia Global en Neurociencia que inicia el lunes con la organización del CUDIM.

Las personas con síndrome de Down tienen una probabilidad enorme de desarrollar alzhéimer, sobre todo aquellas que sobreviven a más de 60 años (done supera el 90% de chances de padecer el deterioro). Y el neurólogo Fortea ha encontrado en esta población específica una ventana de oportunidad para tener más claro qué biomarcadores (aspectos genéticos, proteínas en fluidos o imágenes cerebrales) indican la existencia de la enfermedad (incluso antes de desarrollar los primeros síntomas). Y ahora inicia un ensayo clínico para ver si los nuevos medicamentos que retrasan el avance inevitable de la enfermedad, podrían funcionar también como preventivos.

Su entusiasmo es tal que, según su pronóstico, “es probable que para 2027 o 2028 tengamos resultados concretos sobre si el alzhéimer va a poder prevenirse”. Sobre esta “auténtica revolución”, como le llama, conversa en esta entrevista con El Observador:

¿En qué momento dejó el alzhéimer de ser una enfermedad que se diagnostica por síntomas y pasó a ser una que se detecta por biomarcadores?

Todavía hay una controversia en el campo de la neurología sobre si el diagnóstico tiene que ser clínico-biológico o solo biológico. Lo que ya nadie discute es que el biomarcador se necesita como parte del diagnóstico certero. Y, a pesar de ese consenso, no es lo que sucede con la mayoría de pacientes (la mayoría se diagnostican solo por los síntomas). ¿El problema? Muchas veces cuando captamos los síntomas, llegamos tarde y en una etapa de demencia avanzada.

¿El uso más restringido a estudios de biomarcadores es fruto de la inequidad de acceso? ¿Es un tema de costos?

El diagnóstico solo por síntomas ya no es un debate. Si lo quiero diagnosticar cuando la fase del deterioro es leve, es decir cuando la persona tiene déficit de objetivos de memoria pero mantiene la funcionalidad, el biomarcador es lo que me va a dar más certeza de si se trata de un alzhéimer o no. Para decirlo en números: solo viendo los síntomas en fase leve, se diagnostica al 60% de los pacientes que realmente tienen alzhéimer. Si se complementa con el biomarcador casi se llega al 100%. El biomarcador además ayuda a entender mejor qué llevó a ese deterioro, a que partes del cerebro (sus redes neuronales) hayan sido dañadas.

Insisto: si no hay debate en que es necesario también hacer estudios de biomarcadores, ¿por qué usted dice que en la mayoría de casos se sigue sin hacer?

Hasta hace muy poco, las formas más comunes de acceder a esos biomarcadores son con una punción lumbar o hacer un PET. La punción es mínimamente invasiva, y el PET es caro y suele estar muy concentrado en los estudios oncológicos. Necesitás servicios de medicina nuclear, trazadores, infraestructura. La buena noticia es que ahora se está pudiendo acceder a biomarcadores en plasma (con un simple estudio de sangre). Eso allana el camino. Incluso en nuestra unidad, que es especializada en Barcelona, los biomarcadores se llegaban a hacer antes de este cambio a un máximo del 40% de los pacientes ya con síntomas (la media mundial es un 20%). Con la opción de estudio en sangre lo subimos al 90%. No es tan caro, sale unos 50 euros (2.300 pesos uruguayos). En Sudamérica me consta que todavía esto no se expandió tanto porque es muy reciente. Pero confío en que se va a resolver y universalizar.

La longevidad es uno de los factores que más va a aumentando las chances de alzhéimer. ¿Estos estudios de biomarcadores habría que hacérselos a toda la población a partir de determinada edad, así como se hace el estudio de próstata en varones o mamografías en mujeres?

Quiero ser bien claro en esto: por ahora no se recomienda el cribado poblacional con estos biomarcadores si no tienes síntomas. Por ahora sirve, sobre todo, para un mejor diagnóstico y adelantarse a la jugada en casos con deterioro cognitivo leve. En conclusión, hasta que tengamos más evidencia de prevención, no se recomienda hacerse el estudio a ninguna edad cuando se es asintomático.

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En ese sentido, ¿estamos más cerca de diagnosticar antes que de prevenir?

En lo que viene siendo la práctica médica, sí. Pero en el campo científico esos biomarcadores posibilitan que en un futuro no muy lejano haya una prevención. Para prevenirlo, tengo que tener el tratamiento comprobado. Y hasta que eso no suceda, no tiene sentido saber que uno va a desarrollar alzhéimer si no puede hacer nada para evitarlo.

Para prevenirlo, tengo que tener el tratamiento comprobado. Y hasta que eso no suceda, no tiene sentido saber que uno va a desarrollar alzhéimer si no puede hacer nada para evitarlo. Para prevenirlo, tengo que tener el tratamiento comprobado. Y hasta que eso no suceda, no tiene sentido saber que uno va a desarrollar alzhéimer si no puede hacer nada para evitarlo.

La Agencia de Medicamentos de Europa revirtió su posición y hace pocas semanas aprobó el Donanemab que se suma al también antiamiloides Lecanemab. ¿Qué significa?

La amilioidosis cerebral, es la acumulación de unas proteínas en partes del cerebro que lo va lesionando. Para saber que eso sucede, se necesitan los biomarcadores y no alcanza con los síntomas solos. Estos medicamentos lo que hacen es combatir parte de eso que se va formando a nivel cerebral y así retrasa el deterioro. Por ahora no lo cura, sino que, como decía un colega, hace que “mamá siga siendo más tiempo mi mamá de siempre”.

Es una reducción de un 20% al 30 % en la vida cotidiana de un paciente. Parece poco cuando se compara con otros fármacos de otras enfermedades.

Si le digo que mañana le aumentan un 30% su salario, le aseguro que no es poco (risas). Hay que ajustar las expectativas. Si el alzhéimer fuera una enfermedad rara, ese porcentaje sería un éxito. Pero como es una enfermedad tan frecuente y una de las principales causas de muerte en adultos mayores en varios países, exigimos más. Hay que decir alto y claro que esto no es una cura. Es un tratamiento que tiene unos efectos que son modestos, pero son robustos. Eso quiere decir que es la primera vez en la historia de la humanidad en el que conseguimos ralentizar el curso de la enfermedad. Ralentizamos, no la curamos. Y eso es tiempo ganado.

Es la primera vez en la historia de la humanidad en el que conseguimos ralentizar el curso de la enfermedad. Es la primera vez en la historia de la humanidad en el que conseguimos ralentizar el curso de la enfermedad.

¿Está estimado en promedio en cuánto tiempo se gana?

Por ejemplo, se gana seis meses sobre 18, es decir, un tercio. Mantiene a tu ser querido un tercio más en una etapa en que no se deteriora tan rápido. No va dar la marcha atrás y quitarle la enfermedad. Si la enfermedad fuera un coche, avanzará a 66 kilómetros por hora en lugar de a 100. Eso se traduce en menos discapacidad temprana, menos dependencia, menos costos de cuidado, más calidad de vida por un tiempo ganado. Es bien importante en adultos mayores, dado que la prevalencia se duplica cada cinco años a partir de los 65 años.

Según la Organización Mundial de la Salud se diagnostica cada tres segundos una persona con demencia (el 65% de ellas con alzhéimer). ¿Seguirá en aumento acorde vivimos más años?

Sí, pero permíteme ser positivo en el mensaje. La edad es un factor clave y habrá más gente con alzhéimer, pero también es probable que alguien llegue a los 75 años más sano que antes cuando morían antes o no se trataban enfermedades como hipertensión o diabetes, la gente fuma menos. No solo eso, ahora ya sabemos que la podemos detectar en fases tempranas y enlentecer su avance. Es una auténtica revolución y soy optimista de que habrá en breve más noticias buenas.

Es una auténtica revolución y soy optimista de que habrá en breve más noticias buenas. Es una auténtica revolución y soy optimista de que habrá en breve más noticias buenas.

¿A qué refiere? Ya es la segunda vez que lo deja a entender en la entrevista…

Todavía no se ha demostrado, pero hay muchos ensayos clínicos que se están haciendo para ver si podemos dar drogas, moléculas o fármacos que prevengan esa enfermedad. Es probable que para 2027 o 2028 tengamos resultados concretos sobre si el alzhéimer va a poder prevenirse.

¿Corremos riesgo de medicalizar el envejecimiento natural?

La enfermedad de alzhéimer es una enfermedad mortal. Lo que ocurre es que mata lentamente y eso nos da una sensación de falsa seguridad. Basta ir a un residencial de adultos mayores y estar un tiempo conversando con una persona de 76 años con demencia tipo alzhéimer y luego tomarse un café con una persona de la misma edad, en el mismo lugar, que es capaz de hacer hasta deporte con usted. La medicalización es para evitar que ese con el que toma el café llegue a la situación de dependencia de manera temprana.

Con un estudio de genes del padre y de la madre podemos ver las posibilidades de que un bebé que todavía no nació tenga chances de desarrollar alzhéimer. ¿Debería ser un estudio a incluir para tomar decisiones en el embarazo?

Eso depende de los padres. El tema es que las chances más óptimas de medirlo es si el gen está en el recién nacido. Pero por tema éticos no se puede hacer hasta que cumpla los 18 años y decida hacerlo por su voluntad. También hay que recordar que es solo el 1% de los pacientes con alzhéimer los que desarrollaron la enfermedad por presencia de genes como APP. Si los estudios clínicos son robustos y dan resultados positivos, como confío, es posible que en un futuro podamos dar fármacos a personas que no tienen síntomas todavía y ya tenemos los biomarcadores que permiten identificarlo. Y ahí hablamos de una prevención a gran escala.

Si los estudios clínicos son robustos y dan resultados positivos, como confío, es posible que en un futuro podamos dar fármacos a personas que no tienen síntomas todavía Si los estudios clínicos son robustos y dan resultados positivos, como confío, es posible que en un futuro podamos dar fármacos a personas que no tienen síntomas todavía

Usted es un optimista pero, ¿qué pasa si los ensayos clínicos fracasan?

Pues seguiremos luchando, porque la ventana de oportunidad la tenemos. La posibilidad de intervenir antes de síntomas la tenemos, no hay ninguna duda. Tenemos esa oportunidad. Ya con parte de los fármacos disponibles queremos ver qué pasa si ese amilioide que se va acumulando lo podemos prevenir o reducir antes que se acumule y dañe. Muchos investigadores pensamos que es posible. Pero para no generar falsas expectativas, todavía no lo sabemos.

En Uruguay el alzhéimer no entra en la nueva ley de eutanasia: no se permite la voluntad anticipada, cuando la persona está en un deterioro leve no hay tal sufrimiento y cuando avanza no tiene la capacidad cognitiva de decidir. ¿En España?

En España existe la voluntad anticipada. También la persona en una fase inicial lo puede decidir. El tema es que como el deterioro es lento, no muchos sienten el sufrimiento. Incluso a veces no recuerdan un nombre, pero no se los ve sufrir. Usted les pregunta cómo se sienten y les responden que bien. Sí sufre la familia. Entonces es una decisión muy personal.

¿Por qué muchos en ese deterioro pareciera que regresaran a la infancia?

El alzhéimer no es un mono con dos pistolas que va disparando en todo el cerebro. Daña algunas partes, y dependiendo qué daña, qué afecta. Muchas veces la memoria de largo plazo no se ve afectada por eso mismo, aunque la persona no recuerde ni en qué lugar está viviendo ahora. Hay enfermedades degenerativas que afectan a unas redes y otras enfermedades a otras. Sabemos que hay unos nodos que son más susceptibles en unas que en otras. Acorde más vayamos entendiendo al cerebro, más chances de prevención.

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