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Los palmares de Rocha es una de las postales más características de Uruguay. Quien recorre las rutas del este puede ver miles de palmeras butiá (Butia odorata) en el horizonte. Pero esa imagen de abundancia es un poco engañosa.

Este ecosistema cumple múltiples funciones. Da sombra al ganado, mejora la calidad de las pasturas y sostiene una gran biodiversidad. Sin embargo, detrás del palmar hay una crisis profunda: una población envejecida que no logra renovarse.

Una investigación colaborativa entre el CICADA, el CURE y la UTU —liderada por la bióloga Matilde Alfaro junto a un equipo de científicos— puso el foco en una red de especies que interactúan con el palmar y que podrían ser la clave para evitar su desaparición.

Una población sin herederos

Los palmares de Rocha presentan una situación demográfica particular. Miles de ejemplares adultos conviven sin que se registren nuevas generaciones. La causa principal es la presión del pastoreo y la expansión de los cultivos de arroz. Cuando las plántulas brotan, el ganado las consume rápidamente, y las nuevas palmeras casi nunca logran superar sus primeras etapas de crecimiento.

Es un hogar de ancianos en el sentido de que está tremendamente dominado por árboles muy viejos que, obviamente, van teniendo mortalidad natural y en donde la regeneración es casi nula”, explicó a El Observador Matías Arim, investigador del CURE y del CICADA.

La falta de renovación no solo afecta a las palmeras, también modifica la estructura del paisaje en general. Con el tiempo, las áreas de palmar se reducen y quedan cada vez más aisladas entre sí. A medida que los parches se separan, se debilitan los corredores biológicos que conectan estos ambientes.

La consecuencia es más amplia que la pérdida de árboles. También se ve comprometida la biodiversidad de humedales y montes asociados que dependen de los recursos del palmar. Según Arim, si esta tendencia se mantiene, el ecosistema como tal podría desaparecer en las próximas décadas. Pero el diagnóstico no es definitivo. La investigación plantea que el futuro del palmar depende de recuperar los vínculos ecológicos entre las palmeras y las especies que interactúan con ellas.

El Ñandú, un aliado de larga distancia

Las aves que se alimentan de los frutos del butiá tienen un papel fundamental como dispersoras de semillas. En este proceso, el ñandú (Rhea americana) es parte central.

Registro de cámara trampa: ñandú en la base de una palmera butiá

Al ser un animal de gran tamaño, ingiere el fruto entero y lo retiene en su tracto digestivo durante un período prolongado. Este tránsito permite la deposición de semillas a varios kilómetros de la planta madre. Actualmente, el equipo analiza cómo este proceso genera una estimulación química que favorece la germinación del butiá, funcionando el animal como un activador biológico esencial.

Este desplazamiento es el que permite que el palmar recupere territorio en zonas donde hoy la densidad es baja o nula. "Al moverse a lo largo del paisaje, hace que esas nuevas palmeras aparezcan en lugares distantes. Esto es fundamental para la regeneración natural, pero también para que zonas donde la palmera ya no está presente vuelvan a tenerlas", detalló Arim a El Observador.

Aves de copa y aves de suelo

La diversidad que habita el palmar fue analizada mediante 33 cámaras trampa ubicadas tanto en el suelo como en la copa de las palmeras. El monitoreo registró 27 especies, entre ellas el hornero y el doradito, que son las que más interactúan con los frutos del butiá. Sin embargo, el hallazgo que más sorprendió al equipo fue otro: “No esperábamos que las aves de la copa fueran completamente distintas de las aves del suelo”, señaló Arim.

Una de las especies de aves registradas por las cámaras trampa en los palmares

El análisis mostró que se trata de dos comunidades que prácticamente no comparten integrantes y que responden de forma diferente a la fragmentación del paisaje. Mientras algunas aves pequeñas que se mueven en las copas logran mantener cierta conectividad entre parches aislados de palmeras, las especies que utilizan el suelo dependen mucho más de corredores biológicos continuos. Cuando esos corredores desaparecen, su movilidad se reduce y también su acceso a los recursos.

Según Arim, el declive del palmar podría tener efectos que se extiendan más allá de este ecosistema. Muchas de estas aves utilizan también otros ambientes cercanos, como montes y bañados, donde obtienen alimento o refugio. La pérdida del palmar podría alterar esa red de interacciones de todo el ecosistema.

A la par de las aves, el estudio identificó a la banana de monte (Bromelia antiacantha) como un aliado inesperado. Se trata de una especie espinosa que el ganado evita. Esa característica la convierte, de manera indirecta, en un refugio para las plántulas de palmera.

“Genera naturalmente parches donde las palmeras germinan y pueden crecer sin que la vaca se alimente de la palmera bebé”, explicó Arim. En esos parches, las palmeras jóvenes pueden atravesar sus primeras etapas de crecimiento, las más vulnerables frente al pastoreo.

El picudo rojo

La llegada del picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) a Rocha generó una fuerte preocupación. Sin embargo, para los investigadores el insecto no explica por sí solo la fragilidad del sistema.

“Podemos asignar un fatalismo a la pérdida de palmares asociada al picudo, en el sentido de que es algo que nos llegó de afuera y que no podemos hacer nada. La realidad hoy es que con o sin el picudo, el palmar está comprometido”, señaló Arim.

La plaga puede acelerar el deterioro del ecosistema y volver más complejo su manejo, pero el problema de fondo ya estaba ahí. Por eso, el desafío no se limita a controlar al insecto, sino que implica generar condiciones para que nuevas generaciones de butiá puedan establecerse.

Algoritmos para cuidar el paisaje

La salvación del palmar también depende del procesamiento de datos masivos. A través del CICADA, un equipo de ingenieros, matemáticos y biólogos utiliza modelos computacionales para simular distintos escenarios posibles.

Estos modelos permiten predecir qué zonas son más críticas. También sirven para evaluar la efectividad de medidas como la instalación de perchas artificiales para que las aves defecan las semillas, todo antes de aplicarlas en el territorio. "El manejo apropiado del palmar depende de estrategias bien diseñadas. No podemos poner la responsabilidad solo en la voluntad del productor; es un aspecto de toda la sociedad, del sistema político y académico encontrar esos caminos", señaló Arim.

El investigador sostiene que la combinación entre ecología y ciencia de datos abre nuevas posibilidades para abordar el problema.

“Es mucho más que un rayito de esperanza. Hay posibilidades genuinas de explorar alternativas y preservar el palmar; no es pelear contra molinos de viento”.

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