"Somos conscientes de que vamos a durar más". La frase de José María González, director ejecutivo de Vida, un servicio de compañía, resume uno de los cambios que atraviesa la sociedad: el aumento de la expectativa de vida no solo modifica la estructura de la población, sino también las necesidades de cuidado y las estrategias para llegar a la vejez con buena salud.

Tanto Gónzalez como Silvina Tocchetti, referente en medicina funcional y estilo de vida para América Latina, y Marisa Montes de Oca, médica internista y especialista en Emergentología, formaron parte de una conversación durante el especial de Health Care en Café y Negocios, un programa de El Observador Streaming.

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Similar al planteo de González, Tocchetti mencionó que uno de los principales desafíos está en trabajar sobre los factores que pueden incidir en la salud mucho antes de llegar a la vejez.

"La extensión de vida está siendo mayor, se está alargando, pero el gap entre la buena calidad de vida y la buena salud es más grande. No podemos esperar a sentirnos adultos mayores para empezar a trabajar sobre factores", afirmó.

Tocchetti explicó que la epigenética permitió comprender cómo el ambiente y el estilo de vida pueden tener efectos biológicos sobre los genes. Según sostuvo, la influencia de estos factores es considerablemente mayor que la de determinados componentes genéticos vinculados a enfermedades crónicas. Por eso, sostuvo que existe un margen "enorme" para actuar sobre esos factores.

Para González, este fenómeno ya tiene un impacto en el mercado de servicios de compañía, pero el cambio no se limita a una mayor cantidad de personas mayores. El director ejecutivo destacó que también se está registrando una "disminución en el promedio de edad de afiliación" a los servicios de compañía.

Una caída puede tener "secuela emocional" en la vida de una persona

Las caídas son uno de los problemas que pueden marcar un antes y un después en la vida de un adulto mayor, según explicó Marisa Montes de Oca, médica internista y especialista en Emergentología.

"Una caída puede no tener ninguna consecuencia física, pero siempre, siempre tiene una secuela, que es el miedo a volver a caer", afirmó.

Montes de Oca explicó que una caída no debe entenderse solamente como un accidente puntual que requiere levantar a la persona. El impacto, agregó, "es económico, social, emocional". Sobre esto, Montes de Oca mencionó como referencia una medición realizada en España, que indica que las caídas que no generan fractura de cadera implican un gasto de 420 millones de euros al año. De ese monto, señaló la médica internista, "el 10% corresponde a salario que pierden las personas que acompañan al adulto mayor".

Además, la caída también puede modificar los hábitos y la autonomía de una persona: "Eso hace que probablemente ese mismo adulto mayor no vuelva a ir a ese lugar y empiece a restringir su salida. Eso condiciona mucho", explicó Montes de Oca.

Para la médica internista, prevenir las caídas implica también revisar el entorno en el que se mueven las personas mayores. La especialista señaló que, a partir de un relevamiento realizado desde una emergencia móvil sobre caídas en domicilio, identificaron tanto carencias en la formación médica como problemas en los espacios físicos.

"Tenemos muy claro que estamos envejeciendo, pero no hacemos nada para mejorar", afirmó. Entre los factores de riesgo destacó las "barreras arquitectónicas" y cuestionó que sigan existiendo elementos que pueden provocar caídas, incluso en edificios nuevos.

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