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Los vecinos dicen que es el punto más alto de Canelones. No es un rascacielos, tampoco un cerro, al menos no de la manera tradicional. Es un cúmulo de basura tapada -en parte- con tierra. Para poder calibrar su tamaño lo mejor es mirar a la cima y distinguir lo pequeño que se ven los camiones que están arrojando sus más de 600 toneladas diarias de residuos.

Es el basural de Cañada Grande, en el municipio de Empalme Olmos.

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La mañana está fría y húmeda. Lo malo es que la tierra que tapó la basura de años atrás se transformó en barro y se pega al calzado y lo bueno es que no hay un calor que haga insoportable el olor. Solo desde la puerta de entrada de la usina el olor se percibe nauseabundo.

“En verano, con el calor, es mucho peor. Cuando lo prenden fuego, que dicen que supuestamente lo prenden a propósito para achicar, no sabés”, dice Sergio, uno de los tres vecinos de Empalme Olmos y Villa Olmos que están recorriendo junto a El Observador esta zona.

El basural está ubicado allí, a 1.8 kilómetros de Empalme Olmos, desde hace 32 años. Se instaló en el gobierno departamental del blanco José Andújar. Luego, en 2007, durante el gobierno del frenteamplista Marcos Carámbula, se decidió cerrar todos los otros vertederos del departamento y llevar toda la basura del departamento a Empalme Olmos. Según el último reporte ambiental de la intendencia canaria, allí llegan diariamente 623 toneladas, entre residuos domiciliarios mezclados, industriales, vegetales y voluminosos.

El olor no es el único problema para los 6.500 habitantes de Empalme Olmos y Villa Olmos. Del lado este de la montaña están los “tajamares de lixiviados”, es decir, las piscinas de líquido negro altamente contaminantes que se genera cuando el agua se filtra a través de los residuos y arrastra sus químicos y tóxicos.

Tajamar de lixiviados ubicado junto a la montaña de basura de Cañada Grande, en Empalme Olmos

Cuando llueve mucho -cuenta el alcalde del municipio, Marcelo Blanco (coalición)- estos tajamares se desbordan y su contaminada agua termina en el arroyo Cañada Grande, ubicado a pocos metros. El agua serpentea y cruza por el medio de Empalme Olmos hasta desembocar en el arroyo Pando. Luego, mucho más al sur, termina en el Río de la Plata, a la altura de Neptunia.

A seis kilómetros del basural se ven las consecuencias de lo que describen los vecinos. En la represa de Villa Olmos, el agua que confluye de los arroyos Pando y Cañada Grande llega verde y con espuma en sus costados.

Arroyo Pando en la confluencia con el arroyo Cañada Grande, cerca de Villa Olmos

“Hoy el agua está clara porque viene lloviendo poco, habitualmente viene color petróleo”, dice Sergio, y recuerda su infancia en ese lugar. “Tengo 50 años, siempre viví acá. Veníamos en verano, era nuestra playa. Ha cambiado mucho. No está muy potable para playita…”. “Era un paraíso, todo el mundo se bañaba. ¡Esto es un ecocidio!”, lanza Elena, otra vecina, y enfatiza que el agua contaminada se está filtrando para las napas inferiores.

Otro video tomado semanas atrás aguas arriba, dentro de Empalme Olmos, confirma lo que dicen los vecinos: cuando llueve, el agua del arroyo es negra.

La promesa

La Intendencia de Canelones prometió cerrar el vertedero a cielo abierto de Cañada Grande en 2030, antes que termine el periodo de Francisco Legnani.

En principio, parecería una buena noticia para los vecinos, luego de años de reclamos y movilizaciones. Sin embargo, hay al menos dos razones por las que reina el esceptisismo.

El primero, que ya "hubo promesas de todo tipo que no cumplieron", en palabras del alcalde. Por ejemplo, el 26 de abril de 2011 el entonces intendente Marcos Carámbula, su secretario general Yamandú Orsi y el director general de Gestión Ambiental, Leonardo Herou, firmaron una carta dirigida al alcalde de Empalme Olmos y sus vecinos en la que se comprometieron a "abandonar definitivamente" el sitio de disposición final de Cañada Grande en ese periodo de gobierno. No ocurrió.

El segundo punto es que la idea de la comuna canaria es que el tratamiento de los residuos del departamento no se vaya lejos de allí.

Basta manejar 4.5 kilómetros por el camino lleno de pozos llamado Minas para llegar desde el basurero de Cañada Grande hasta la Planta Industrial Olmos, donde durante décadas funcionó la fábrica de cerámicas Metzen y Sena. En frente hay un bosque de eucaliptus, que será talado para construir una planta de valorización de residuos.

Zona donde se construirá la planta de valorización de residuos en Villa Olmos, Canelones.

Ese proyecto ya fue aprobado en la Junta Departamental de Canelones con 28 votos en 31, gracias al apoyo de ediles de todos los partidos. Solo tres blancos se opusieron. Además, en febrero de 2025, a días de terminar su mandato, el ministro de Ambiente colorado Robert Bouvier firmó la Autorización Ambiental Previa parcial para este proyecto de la empresa Morseloy Corporation S.A.

Si el basural de Cañada Grande está cerca de Empalme Olmos, este nuevo punto está casi pegado a Villa Olmos: solo los separan 800 metros. Además, está a 1.800 metros de Empalme Olmos y a menos de 3.000 de la ciudad de Pando.

La planta recuperará materiales reciclables, fabricará Combustibles Sólidos de Residuos (CSR), producirá biogás y compostaje. Rodrigo González, director de Gestión Ambiental de la intendencia, dijo a El Observador que se reducirán un 80% la cantidad de residuos que se entierran.

¿Qué pasa con el resto de los residuos? Debe ser enterrado, como ocurre actualmente en Cañada Grande. El proyecto original de la mencionada compañía incluía el relleno sanitario -lo que se hace actualmente en Cañada Grande- en el mismo predio de la planta. Es decir, acercar el vertedero actual a Villa Olmos.

Esto no fue aprobado por el Ministerio de Ambiente, que lo dejó en pausa tras los reclamos vecinales. Es que la norma ampara a los vecinos: la ley 19.525 que fue reglamentada por el decreto 30/020 de 2020 establece que la ubicación de los sitios de disposición final de residuos deben estar a 4.000 metros de los centros urbanos y a 200 metros de las aguas superficiales.

"No está resuelto el sitio de disposición final. Por ahora lo que está aprobado es la planta. El proyecto se encuentra en estudios de viabilidad", explicó González.

Así las cosas, la propuesta del Ministerio de Ambiente, tras los reclamos vecinales, es que empiece a funcionar la planta de valorización y que, lo que no se pueda tratar, se entierre en Cañada Grande, al menos hasta tener el nuevo lugar.

Los vecinos desconfían de la cantidad de toneladas que se puedan tratar y de que el relleno sanitario no se instale junto a la planta, pese a lo que dice la norma.

“Necesitamos que se hagan los estudios que se tienen que hacer y que lo ubiquen en un lugar que no dañe a la población, que no dañe el agua superficial y subterránea, es lo básico lo que pedimos”, dice Elena, mientras otro vecino, Daniel, marca su desconfianza con lo resuelto hasta el momento: “Te van a decir que los estudios ambientales están bien hechos. En realidad se resolvió el lugar por el costo político y porque es el lugar más barato”. "Deberían hacer no una, muchas plantas de este tipo en Uruguay. Pero en un lugar apropiado. Nosotros no queremos seguir corriendo riesgos con nuestra salud", suma Sergio.

El alcalde, por su parte, contradice la postura de la intendencia de que se podría tratar el 80% de los residuos que lleguen a la planta: "No hay planta en el mundo, no la hay en Suecia, en Europa, que industrialice el 80% de la basura. Industrializan el 25%. ¿Nosotros somos magos?".

Los vecinos suman otra inquietud: "Sabemos que la basura es un negocio. Al hombre -el empresario-, la va a servir más quemarla y enterrarla que meterla en una máquina, proque el proceso es caro", dice uno de los vecinos. El alcalde lo grafica en números: "La empresa va a recibir un pago por tonelada de basura. Si hace el tratamiento le sale US$ 15, si la entierra le sale US$ 3. El que decide si es tratable es él. ¡La va a enterrar!", dice.

Los vecinos coinciden en que son un pueblo que ha sido “olvidado” por las distintas administraciones de las intendencias y los gobiernos nacionales. “30 años de basura y Empalme Olmos no tiene ni un metro de saneamiento, no tiene veredas…”, cuestionó Sergio.

“Los ediles departamentales votaron 28 en 31. Estaban todas las banderas políticas. Cuando sopesaron el peso político de la población, fueron todos los partidos. Por eso es que nos encontramos solos en esta lucha. Porque sabemos que el resto de los municipios... Esta problemática no la quieren”, coinciden los residentes.

El referéndum

El colectivo de vecinos se encuentra recolectando firmas para poner fin al "ecocidio". El objetivo es presentar una iniciativa legislativa que sea analizada por la Junta Departamental de Canelones.

Esta iniciativa "prohibe la instalación y radicación de vertederos, planta o plantas de tratamientos de residuos y-o valorización de los mismos, sean sólidos o de cualqueir naturaleza, composición y origen, a una distancia menor a 4.000 metros de la zona urbana de la localidad de Empalme Olmos y Villa Olmos".

Si alcanzan los 950 adherentes que tengan la credencial en el municipio, la Junta Departamental tendrá 60 días para tratar este iniciativa. En caso que vote afirmativamente, se convertirá en ley.

En caso de que la Junta "encajone" el proyecto por 60 días o lo vote negativamente, la Intendencia de Canelones deberá convocar a un referéndum para votar únicamente en el municipio de Empalme Olmos -que incluye a Villa Olmos-.

Los vecinos habían alcanzado 1.600 firmas, más de las necesarias, pero se enteraron que una nueva circular de la Corte Electoral implicaba que se requería la huella digital para este tipo de iniciativas

Ahora, por tanto, están localizando a cada firmante para que vuelvan a manifestar su conformidad y pongan su huella.

"Con el paso que venimos, calculamos que en este mes, a mitad del mes que viene ya las tendremos", celebran.

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