Con el prestigio de haber sido, 13 años atrás, sede de la primera Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe, Montevideo fue esta semana la anfitriona de la sexta edición de esta reunión que organiza la Cepal en conjunto con el Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa).

El tema central de los paneles y exposiciones fue la “resiliencia demográfica”: la caída de la natalidad y el envejecimiento de la población.

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En 2013 se firmó el acuerdo más importante del continente en la materia: el Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo. Más allá de las palabras, allí se laudaron principios y objetivos rectores de la salud sexual y reproductiva que guiarían las políticas en Uruguay y la región.

“Recuerdo bien los debates que dimos”, afirmó el miércoles Leonel Briozzo, en aquel entonces y también hoy subsecretario de Salud Pública, ante un auditorio diverso y multiétnico. Y “sin duda, el tema del embarazo adolescente, si vemos el contexto de los temas que aborda el Consenso de Montevideo, es probablemente uno de los que más éxito tuvo en cuanto a la concreción de logros en estos años”, apuntó.

La región, en relación con este tema, estaba en una situación muy diferente a la actual, retomó Briozzo. “Persistían visiones de que la fecundidad adolescente para muchos y muchas era un derecho”. Al final, la gestación de mujeres menores de 19 años se posicionó como “un problema social y sanitario”, y “se llegó a un conjunto de estrategias” que se plasmó en el acuerdo. Básicamente, la prevención del embarazo adolescente y la deserción estudiantil asociada, la eliminación del aborto inseguro, la promoción de educación sexual y el acceso universal a anticonceptivos.

En la conferencia de esta semana, los distintos países expusieron sus logros, avances y desafíos pendientes sobre embarazo adolescente. A Briozzo, como referente del tema, le consultaron qué se podía mejorar de lo escrito en 2013. “Creo que todos esos puntos tienen una vigencia absoluta; no hay que cambiar ni un punto ni una coma”, aseveró.

La inequidad que persiste

Uruguay puede exhibir un avance indiscutible en este tema. En 2013, cuando se alcanzó el Consenso de Montevideo, la tasa de nacimientos en adolescentes de entre 15 y 19 años era 60 por cada 1.000 mujeres a nivel país. Estábamos mejor que la media regional (79), pero lejos de la mundial (49).

Actualmente, la tasa de embarazos adolescentes es de 20,9. Esta reducción a casi un tercio se asocia a las estrategias implementadas para prevenir las gestaciones no intencionales y eliminar los embarazos de las menores de 15 años (que en seis de cada diez casos se originan en abusos sexuales).

Si bien el cambio es notorio, hay una realidad subyacente que preocupa y se puede advertir al analizar los datos del sistema de salud. “Esto lo vemos en mi país de una manera prístina. En Uruguay, el SNIS de alguna forma estratifica los sectores de los quintiles más pobres de ingreso, que se atienden en el subsector público, y los sectores de mayores ingresos que se atienden en el sector privado”, explicó Briozzo. La tasa disminuyó en todos los sectores, “pero persiste la desigualdad estructural en los más pobres, con una fecundidad adolescente que es prácticamente cuatro veces mayor que en el sector privado”, expuso el jerarca.

Para ponerlo negro sobre blanco: en ASSE, en 2024, cada mil mujeres embarazadas, 13 eran adolescentes; en las mutualistas, en tanto, solo 3,7 eran adolescentes. La relación ha permanecido casi incambiada en los últimos años.

La cifra proviene de un documento del Ministerio de Salud Pública denominado Estrategia de derechos sexuales y reproductivos, que contiene un relevamiento por subsector en varios indicadores. Briozzo, que está a cargo de dicha estrategia, ahondó en lo realizado en diálogo con El Observador.

“Fue un esfuerzo importante de hacer todos los indicadores tomando en cuenta el subsector público y el privado. Lo que diferencia a los subsectores no es la calidad de la atención, eso es una pavada; lo que los diferencia son los quintiles de ingreso a los que pertenecen los usuarios. Y a partir de ahí se ve claramente la inequidad que existe prácticamente en todos los indicadores. En este en particular, a pesar de que la fecundidad adolescente ha disminuido universalmente, es claramente diferente el resultado del estándar que tenemos a nivel de las adolescentes pobres y las no pobres”, señaló.

Todavía hay un 8% del total de los nacimientos que son de madres adolescentes. En números absolutos, en 2024 fueron 2.390.

Que se cumpla

“A la pregunta concreta de qué hay que hacer, lo que hay que hacer es que se cumpla”, sentenció Briozzo respecto a cómo mejorar el Consenso de Montevideo 13 años después.

Y agregó: “Porque lo que está pasando es que las adolescentes y jóvenes que pueden hacer uso de estos derechos son aquellas de los medios socioeconómicos más acomodados, con un capital social adecuado, con una educación completa. Mientras que las mujeres jóvenes que viven en la pobreza, las mujeres afro, las mujeres provenientes de los pueblos originarios, las mujeres que viven en el medio rural, muchas veces no pueden llevar adelante estos derechos”.

El jerarca sostuvo que la clave en este momento, en toda la región, es trabajar para generar “equidad social, educación y mejores condiciones de vida en los hogares”, y “no seguir inventando políticas nuevas”.

En una línea similar se pronunció la investigadora uruguaya Wanda Cabella, profesora titular del Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar. Cabella recordó que durante mucho tiempo la fecundidad adolescente se mantenía alta mientras la fecundidad general bajaba. Y si bien los embarazos adolescentes “están menos en agenda” -en parte porque mejoró la tasa, y también en buena medida porque América Latina observa un proceso generalizado de caída de la fecundidad-, sigue habiendo problemas.

“Me preocupa entrar más en las decisiones reproductivas”, enfatizó la doctora en demografía. “Quién puede decidir sobre su vida reproductiva y con qué posibilidades reales, y cuán desigual es la agencia reproductiva, en el sentido de la capacidad de llevar a cabo esos derechos, y en cuánto pesa la ausencia de narrativas de futuro”, disparó.

Buena o mala noticia

La tasa de fecundidad general en América Latina viene en una bajada pronunciada.

En los años 50, cada mujer latinoamericana tenía 5,8 hijos. En 1995 la cifra se redujo a la mitad (2,9). Para 2014 se alcanzó el nivel de reemplazo (2,1), y hoy cada mujer tiene en promedio 1,8 hijos, según el último Observatorio Demográfico de la Cepal. A su vez, la fecundidad adolescente, que en 2013 estaba en 79 embarazos cada mil, se redujo casi un 40% y hoy ronda los 50.

En un contexto en el que varios países de la región observan atónitos lo que Uruguay viene viendo desde hace años, e incluso con una transición mucho más acelerada que lo presenciado en Europa, Briozzo procuró aportar otra mirada.

“Quiero aclarar que desde mi punto de vista y desde una perspectiva de derechos humanos, la baja fecundidad solamente debería interpretarse como un eventual problema porque existen las tres trampas de la desigualdad. Si esto no fuera así, creo yo, para nadie sería argumentable que la baja fecundidad fuera un problema”, afirmó.

Esas “tres trampas” son los grandes obstáculos para el progreso identificados por Cepal para la región: bajo crecimiento, desigualdad y problemas de gobernanza.

“En una sociedad con un modelo de desarrollo diferente, con un modelo de igualdad social y reproductiva, en un modelo no verticalista hegemónico como el que tenemos, probablemente la baja de la fecundidad en la cuarta revolución industrial, con el desarrollo de la inteligencia artificial, sería una gran oportunidad para la pública felicidad de todas las personas que vivimos en esta región”, continuó el jerarca. “Sin embargo, persiste este problema y se ha transformado en una argumentación publica en contra de los derechos sexuales y reproductivos”.

En diálogo con El Observador, Briozzo explicó que a su juicio “la baja fecundidad en una sociedad desarrollada, rica, puede ser una muy buena noticia para mejorar todavía más el índice de desarrollo de la sociedad”.

“Es, en todo caso, un problema, si tenemos el viejo modelo productivo de la gente carpiendo la tierra o del obrero industrial. En ese sentido sí, porque al faltar mano de obra puede enlentecerse el desarrollo”, aclaró.

Lejos de esa sociedad desarrollada y rica, América Latina se debate entre generar políticas que favorezcan la natalidad y apostar a la inmigración como solución, siendo ambas ideas lo suficientemente controversiales.

“En cualquier caso, para aumentar la natalidad, lo que hay que aumentar son los derechos sexuales y reproductivos, y el sistema de cuidados. Es lo único que ha dado ciertos resultados; muy magros, por cierto, porque hay una tendencia global en esto de la que no escapamos como país”, concluyó Briozzo.

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