La transformación del transporte de pasajeros en Montevideo durante la última década ha estado signada por la irrupción de las plataformas tecnológicas, los cambios en los hábitos de consumo y las recurrentes discusiones en torno a la seguridad vial y laboral. En ese escenario, la figura de la mampara de protección y la adaptación del taxímetro tradicional continúan siendo materia de debate ciudadano y técnico.

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Al respecto se refirió Óscar Dourado, presidente de la Gremial Única del Taxi (CPATU), durante su participación en el programa Todo Un Tema, transmitido por el canal de streaming de El Observador. El dirigente gremial repasó la actualidad del sector, abordó las complejidades en materia de seguridad urbana y dejó una definición categórica sobre las limitaciones materiales frente al delito violento: "Ni el papamóvil es antibalas; pretender una solución perfecta que anule cualquier riesgo es desconocer la realidad de la calle".

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La mampara: un debate histórico entre la integridad física y la seguridad vial

La instalación obligatoria de la mampara en la flota de taxis de Montevideo se remonta a 1994, aprobada por la Junta Departamental tras una serie de homicidios y asaltos violentos contra choferes que conmocionaron a la opinión pública. Desde entonces, el dispositivo ha dividido opiniones: mientras los trabajadores y propietarios la consideran una barrera indispensable frente a la delincuencia, diversos colectivos de usuarios y técnicos de la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev) han señalado el riesgo de lesiones cervicales o craneales que sufren los pasajeros en caso de impacto frontal.

Consultado sobre si las mejoras tecnológicas y la disminución de la circulación de dinero en efectivo justifican el retiro progresivo de este elemento, Dourado mantuvo una postura firme en defensa de la protección del conductor:

"La mampara no fue un capricho; surgió de una necesidad trágica en momentos donde perdíamos compañeros todas las semanas. Se habla mucho de la comodidad y de eventuales golpes en un choque, pero la mampara ha salvado vidas de manera constante e invisible. No se puede legislar desde un escritorio pensando que el riesgo desapareció. La seguridad absoluta no existe en ninguna parte del mundo; ni el papamóvil es antibalas si alguien decide cometer un atentado de gran calibre, pero los elementos de disuasión son los que marcan la diferencia entre volver o no a tu casa después de un turno de doce horas".

El dirigente remarcó que, si bien la industria automotriz y las adaptaciones locales han mejorado la ergonomía del habitáculo y los anclajes de seguridad en los vehículos aprobados por la Intendencia de Montevideo, prescindir del panel aislante representaría un retroceso que el sector no está dispuesto a asumir.

El impacto de las aplicaciones y la reconversión operativa

Otro de los ejes centrales del intercambio en Todo Un Tema fue la convivencia del taxi con las empresas de transporte por aplicaciones (como Uber y Cabify), cuyo desembarco a finales de 2015 generó una fuerte disrupción gremial, legal y económica en la plaza uruguaya.

Dourado reconoció que la llegada de la competencia digital aceleró cambios que el sector venía postergando, aunque enfatizó la asimetría regulatoria con la que operaron durante los primeros años:

"El desembarco de las multinacionales nos obligó a mirarnos hacia adentro, a modernizarnos con mayor celeridad y a entender que el usuario exigía otras formas de despacho, trazabilidad y cobro. Sin embargo, el taxi siempre jugó con las reglas de la formalidad absoluta, pagando impuestos, cumpliendo con inspecciones técnicas rigurosas y manteniendo puestos de trabajo estables. Con el tiempo, el público fue redescubriendo que el servicio regulado ofrece garantías que las plataformas no siempre aseguran en momentos de alta demanda o tarifas dinámicas".

En esa línea, Dourado destacó la incorporación de herramientas tecnológicas propias —como la aplicación Voy en Taxi— y la modernización de los métodos de pago a través de tarjetas de débito, crédito y la integración progresiva de transferencias electrónicas, lo que contribuyó a desalentar los robos al paso por recaudación.

Seguridad pública y el retiro del efectivo: luces y sombras

El proceso de inclusión financiera impulsado en el país a partir de 2014 modificó sustancialmente la operativa del taxi montevideano. La reducción del circulante físico en las unidades fue uno de los principales argumentos para proyectar una disminución del delito, aunque Dourado matizó los resultados.

"El retiro gradual del efectivo ayudó, sin dudas. Hoy la gran mayoría se abonan mediante medios electrónicos, lo que desincentiva al delincuente común que buscaba la recaudación del día. Pero la violencia urbana ha mutado. Hoy los asaltos muchas veces no van dirigidos exclusivamente al dinero del viaje, sino a las pertenencias personales del chofer, a su teléfono celular o incluso al intento de secuestro de la propia unidad para cometer otros ilícitos. Por eso insistimos en que el retiro del efectivo no sustituye a la mampara ni al monitoreo satelital".

El presidente de CPATU subrayó que la flota actual cuenta con sistemas de geolocalización por GPS, botones de pánico conectados a centrales de monitoreo y cámaras de videovigilancia en varias unidades, lo que ha permitido una coordinación más estrecha con el Ministerio del Interior. No obstante, advirtió que la prevención del delito en las zonas periféricas del área metropolitana continúa requiriendo presencia policial efectiva y patrullaje preventivo sostenido.

La transición hacia la movilidad eléctrica

Hacia el cierre de la entrevista, Dourado se refirió al recambio de la flota hacia modelos híbridos y eléctricos, un proceso estimulado por incentivos fiscales del Poder Ejecutivo y normativas de la Intendencia de Montevideo:

"Montevideo tiene una de las flotas de transporte público más avanzadas de la región en materia de sostenibilidad. El taxi eléctrico no solo reduce las emisiones contaminantes y la huella acústica de la ciudad, sino que ofrece una ecuación económica más sustentable para el trabajador y el empresario en el largo plazo, amortiguando los costos operativos de mantenimiento y combustible".

Para la dirigencia gremial, el futuro del taxímetro capitalino dependerá de mantener un equilibrio entre las exigencias de calidad y confort que demandan los usuarios y la preservación innegociable de la seguridad física de los choferes, en un entorno urbano complejo que no admite soluciones unilaterales.

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