El día que Luna Echegoyen fue asesinada, la lluvia no paraba de caer en el Centro de Maldonado y había menos gente que de costumbre caminando por la transitada esquina de Román Bergalli y Zelmar Michelini. Algún vecino contó después que le pareció escuchar un ruido seco, que terminaría siendo uno de los disparos que recibió la niña de 13 años de parte de su padre, que después se pegó un tiro en la cabeza en un frustrado intento de suicidio.

El 19 de agosto de 2025, sobre las 15 horas, ocurrió un hecho de violencia intrafamiliar que sacudió a Maldonado y tuvo repercusiones en todo el país por las características atípicas de la historia: una niña ugandesa había llegado al país para vivir con su padre biológico, el militar retirado José Echegoyen. El hombre nunca terminó de aceptarla y luego de idas y venidas, estadías en centro de acogidas y denuncias de violencia doméstica, la mató, después se pegó un tiro y murió horas después en un hospital.

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Este miércoles se cumple un año de la muerte de Luna, un episodio del que ya casi no se habla, pero que recuerdan con dolor las personas que estaban junto a ella al momento de recibir los tiros y también en la escuela a la que concurría, que durante unos días tuvo que cerrar sus puertas para atender a alumnos y personal sacudidos por la tragedia. Como ocurre tantas veces, el tema fue ocupando cada vez menos espacio hasta que la historia de Luna despareció de la agenda.

El asesinato dejó al descubierto una situación de vulnerabilidad, vínculos familiares rotos y una actuación del Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (INAU) que estuvo en tela de juicio, por la forma en que se produjo el homicidio cuando existían antecedes previos de violencia.

El filicidio de Luna ocurrió en un momento particular, donde hubo otros casos dramáticos de niños muertos a manos de sus progenitores que sacudieron a la opinión pública. En la mañana del sábado 22 de agosto, una mujer policía de 28 años se tiró del balcón junto a su bebé desde un apartamento en Pocitos, en Montevideo. Las dos murieron en el momento. La mujer estaba certificada desde hacía tres años y se le había retirado el arma de reglamento.

Pocos días después, el 5 de setiembre, otro hecho conmocionó a la sociedad. En el arroyo San Esteban, en el departamento de Río Negro, fue hallado el auto de Andrés Morosini, un hombre que dos días antes se había llevado por la fuerza a sus hijos Francisco y Alfonsina, de seis y dos años, respectivamente. Los tres cuerpos estaban en el coche bajo el agua.

Morosini se había llevado a los hijos por la fuerza de la casa de su madre, a la que tenía prohibido acercarse por denuncias de violencia doméstica.

Misiones de paz

Uruguay es uno de los 194 países miembros Naciones Unidas (ONU, por su sigla en inglés) que participa de Misiones de Paz, que tienen como objetivo garantizar seguridad, ayuda humanitaria y aplicación del derecho internacional, de acuerdo a información publicada en el sitio web del Ministerio de Defensa Nacional.

La ONU organiza Misiones de Paz en “países atravesados por conflictos a crear las condiciones para una paz duradera”. “El mantenimiento de la paz ha demostrado ser una de las herramientas más eficaces de las Naciones Unidas para ayudar a los países a recorrer el difícil camino entre el conflicto y la paz”, según la organización.

La presencia de militares uruguayos es frecuente en ese tipo de misiones. Pasan varios meses fuera del país y como respuesta reciben una cantidad de dinero que proporciona Naciones Unidas que les permite “hacer la diferencia” en sus ingresos, según se repite en filas militares. Hay quienes, por ejemplo, con el dinero obtenido en estas estadías fuera del país pueden concretar la aspiración de una casa propia. También hay efectivos que aprovechan los viajes como una capacitación: en un país como Uruguay, sin conflictos, participar de una Misión de Paz les permite conocer de cerca situaciones bélicas e intercambiar formación con pares de otros países.

La participación uruguaya también ha tenido momentos de polémicas a nivel interno, porque algunos políticos se han opuesto a algunas en particular. También hubo denuncias sobre la actuación de algunos efectivos en esas acciones. De todas maneras, en todos los gobiernos se realizan, nadie propuso formalmente que dejen de hacerse y se argumenta que el objetivo que las rige es justamente garantizar la paz en lugares de conflicto.

José Echegoyen, el padre biológico de Luna, participó al menos en dos misiones a la República Democrática del Congo entre 2010 y 2012, según consta en las resoluciones firmadas por los entonces presidentes José Mujica y ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro.

Según informó el año pasado FM Gente, durante la estadía en el Congo es frecuente que en los días de descanso los efectivos uruguayos viajen a un balneario fronterizo de Uganda. Tal vez fue en ese sitio donde conoció a una mujer ugandesa con la que mantuvo una relación en el segundo viaje, de la que nació Luna.

En Uruguay, desde antes del primer viaje, Echegoyen estaba en pareja con una mujer llamada Janet. En 2015, la madre biológica de Luna quiso que la nena viviera en el país de su padre y comenzó un largo proceso que implicó la realización de estudios genéticos para garantizar que era hija de Echegoyen.

La nena nacida en África, de piel clara y un denso pelo enrulado, llegó a Uruguay, un lugar muy diferente a su tierra natal. Desconocía el idioma y cuando comenzó a hablar tenía un cierto tartamudeo, que junto a su aspecto atípico le provocó algunas burlas de sus compañeros de clase en algún momento.

Se integró a la familia de su padre y su pareja, Janet, que tenían una hermana mayor. La integración se escribió en los papeles, porque en realidad la historia estuvo bastante lejos de ser armónica.

Echegoyen volvió dos veces al Congo. Entre el 29 de mayo de 2015 y el 30 de junio de 2016 concurrió en carácter de observador militar, y recibió $ 1.238.512. Entre el 30 de agosto de 2018 y el 1° de agosto de 2020 lo hizo como oficial del Estado Mayor y recibió $ 833.092,19. Las dos resoluciones fueron firmadas por los entonces presidente y ministro de Defensa Tabaré Vázquez y Jorge Menéndez.

En 2022, cuando cumplió 55 años, se dispuso su pase a retiro previsto en la norma, de acuerdo a lo establecido en una resolución administrativa firmada por el entonces ministro de Defensa Javier García.

La vida de Luna

Al momento de su muerte, Luna vivía con Janet y su hermana en una casa de Pinares y cursaba quinto de Primaria en la Escuela N°1 de Maldonado. El Observador intentó comunicarse con autoridades del centro educativo para conocer cómo habían transitado un proceso tan dramático, pero señalaron que no cuentan con autorización para hacerlo.

Durante un tiempo, Luna había participado de clases de canto y apoyo escolar en el Centro Cultural Maldonado Nuevo, pero había dejado de asistir por las dificultades logísticas que tenía su familia para llevarla y traerla.

En una entrevista concedida a Telemundo luego de la muerte de la menor, su tía -que prefirió no dar su nombre- dijo que su hermano ya había intentado matar a la adolescente. "Ella me lo contó. Todos somos de Salto y ellos viajaron hacia allá. Él la llevó a un descampado y la quiso ahorcar con el cinturón. Ese informe está en el INAU de Salto y en el de acá (Maldonado). Fue muy lento para advertir las cosas. Era un llamado de atención urgente”, dijo la mujer, que prefirió ocultar su cara.

Relató que vio “en carne propia” el “terror” de la nena, que temía que su padre la matase. La tía solicitó la tenencia, la obtuvo en noviembre de 2024, pero Luna pidió para volver a la casa donde vivían su madre adoptiva y su media hermana. La casa a la que Echegoyen tenía prohibido ingresar, pero igual lo hacía.

La tía de Luna dijo que lo sucedido “se podría haber evitado”. Otros testimonios que se conocieron en ese momento iban en la misma línea: la situación de violencia era sabida y sin embargo el hombre no acataba las restricciones que se habían dispuestos.

La decisión de Luna de volver al hogar de su madre de crianza estaba vinculada a que la adolescente tenía buena relación con ella y su hermana y que además quería mantener el vínculo con otros familiares, con los que compartía fiestas y cumpleaños. El problema no era la familia, el problema era su padre biológico.

El papel del INAU

Cuando Luna fue asesinada, comenzaron a aparecer voces que hablaban de que el relacionamiento entre la nena y su padre era difícil y que las cosas se complicaron todavía más a partir de su pase a retiro del militar ahora fallecido.

Horas después de ocurrido el crimen, las autoridades del INAU se trasladaron a Maldonado donde, ante un estado de conmoción generalizado, sobrevolaban dudas acerca de por qué el hombre no tenía restringido el acercamiento a la menor, cuando existían denuncias previas en su contra.

En entrevista con Punta News, los jerarcas indicaron que el 24 de junio había comenzado un “proceso de revinculación” entre Luna y su padre, que permitía que la nena tuviera contacto con él siempre y cuando fuera en presencia de otros miembros de la familia.

“Echegoyen estuvo reunido con técnicos del organismo el día antes de asesinar a Luna, en el marco de las evaluaciones habituales en estos casos. INAU había detectado que una de las condiciones que había puesto Luna, no estar a solas con su padre nunca, no se estaba cumpliendo y Echegoyen iba a diario a la casa de la niña”, informó Punta News, en base a la nota realizada a Claudia Romero y Mauricio Fuentes, presidenta y vicepresidente del INAU.

Según la presidenta del INAU, en las conductas de Echegoyen hacia su hija se constató “poca afectuosidad”, “violencia psicológica” contra su pareja Janet y el resto de la familia y “prepotencia”. Tampoco se comunicaba directamente con Luna.

El vicepresidente del INAU, en tanto, dijo que Echegoyen debía haber estado sometido a tratamiento terapéutico, cosa que no ocurrió y que también se le solicitó una pericia psicológica. Cuando se le preguntó por qué el hombre no tenía una tobillera, dijo que esa limitación no le correspondía realizarla al INAU.

El día antes de la muerte de Luna, Echegoyen mantuvo una reunión con representantes del INAU para analizar el proceso de revinculación. De acuerdo al testimonio de Romero y Fuentes, se trató de una evaluación habitual y se dispuso el levantamiento de las medidas cautelares, hasta la nueva audiencia que se realizaría el 24 de agosto y que nunca se concretó porque Luna ya había sido asesinada.

El final

En los días posteriores de la muerte de Luna se realizaron marchas, extensas publicaciones en redes sociales y jornadas de reflexión con niños y personal de la escuela.

Con la muerte de Echegoyen ocurrida horas después del asesinato de su hija, la Fiscalía archivo el caso. Janet y su otra hija recibieron apoyo del INAU para enfrentar lo sucedido.

Cuando a Luna la mataron, estaba por ingresar a una sesión con una fonoaudióloga en una clínica especializada. En el lugar había dos encargadas, una madre y otro menor. El impacto de lo vivido fue tan grande que ante consultas de El Observador pidieron por favor no aparecer mencionadas con nombre.

Echegoyen, de acuerdo a lo que consignó en su momento FM Gente, entró a la clínica y quiso llevarse a Luna, pero ella le respondió que esperaría a Janet, que había ido a buscar a su hermana a clase de inglés. El hombre salió y volvió a entrar armado. Disparó dos veces contra a su hija y luego se apuntó a la cabeza, pero el tiro no fue mortal. Recién horas después se confirmó su deceso en un centro asistencial.

A Luna le gustaba cantar, soñaba con ser YouTuber y juntar dinero para viajar a Uganda a conocer a su madre biológica, una mujer que en 2015 decidió enviarla con su padre biológico a un país más democrático, estable y seguro que Uganda. Un país que, en medio de advertencias, trámites, audiencias e informes, no pudo protegerla de la violencia de su propio padre.

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