5 de octubre de 2026 5:00 hs

“¿Otra vez están arreglando acá?”, pregunta una anciana mientras camina por Avenida Brasil, entre Chucarro y Benito Blanco. A su derecha, un albañil pasa la amoladora por una fachada mientras otro lo cubre con un cartel roto —el mismo que antes daba la bienvenida al Espacio Cultural García Lorca— para evitar que las chispas salten a los peatones.

La anciana vivió durante años en frente al edificio y desconfía de que este elefante blanco —estructura de gran tamaño que queda inconclusa— deje de serlo a la brevedad. Dice que ya ha sido testigo de muchsa obras allí y lamenta, como gallega que es, que el dinero que aportó el gobierno español años atrás no haya servido para terminar la obra que comenzó hace 18 años.

Es jueves 24 de setiembre y en el centro cultural Federico García Lorca se trabaja a contrarreloj para, esta vez sí, inaugurarlo el 9 de octubre.

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El edificio de 1.500 metros cuadrados y cuatro pisos recibirá por primera vez una exposición: “Tutankamón: la experiencia”. Será el primero de los eventos culturales, que estará en cartelera por dos meses y ya tiene las entradas a la venta.

Búnker

La planta baja parece una obra en plena construcción. En el fondo hay sillas apiladas, en la otra punta, bajo una escalera sin baranda ni destino claro, aparecen decenas de equipos de sonido. A su lado, baldosas por colocar.

La temperatura es mucho más fría que afuera. "Es un búnker", resume el exdiputado frenteamplista Daoiz Uriarte, mientras recorre el edificio de cemento junto a El Observador. La calefacción quedará para más adelante, reconoce, mientras se rie señalando una estufa hongo que parece escasa para el enorme espacio que debe calentar.

El exdiputado es, desde 2021, el presidente de El Camarín de los Pocitos, la asociación civil sin fines de lucro que ganó en 2008 la licitación para explotar por 30 años este espacio cultural nunca abierto.

El edificio pertenece a Antel y el Correo. Las obras fueron financiadas por el gobierno de España —más de 1 millón de euros—, pero seís años después de iniciadas, en 2014, se frenaron por falta de fondos. Desde ese momento y pese a varios intentos, el edificio quedó abandonado e inutilizable.

"Hace un tiempo le pedimos a Diego O'Neill —expresidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay— la actualización de cuánto costaría terminar el proyecto y nos dijo: 'Muchachos, faltan US$1.5 millones'", recuerda Uriarte. El Camarín, con la intermediación del economista y político Enrique Iglesias —uno de los principales impulsores del proyecto desde su inicio—, intentó encontrar financiamiento de distintos organismos públicos y privados, pero no tuvo éxito.

Resignados a obtener ese monto, cambiaron de postura: "Le dije a Enrique: 'Lorca hacía teatro en barrancas, nosotros haremos teatro en cemento'. Estuvo de acuerdo y cambiamos la estrategia: '¿Cuánto me podés dar? ¿US$ 10.000?¿Pueden ser US$ 15.000?' Entonces nos empezamos a insertar en el mercado", recordó Uriarte.

Este año, entonces, iniciaron una vez más las obras imprescindibles para terminar el edificio y ponerlo en marcha.

En abril se llevaron una sorpresa: delincuentes habían entrado a robar y ocupar el lugar.

“Un día llegamos y vimos que era todo un desastre, una mugre, todo tirado. De repente nos pasó una sombra: ¡Estaban adentro! Tuvimos que llamar a la Policía”, contó Uriarte. Entre otras cosas, robaron focos, el equipo electrógeno que utilizaban para iluminar, los implementos de bomberos y “kilómetros de cable” del sistema de aire acondicionado central.

La sala

La sala principal del espacio está en el primer piso. Luego de subir por la escalera, aparece el amplio espacio rodeado por una galería de dos pisos.

Aún faltan dos aspectos claves para una sala de teatro: acondicionamiento acústico y térmico.

Al fondo se ubicará el escenario cuando se realicen obras de teatro. Detrás, aparecen los camarines. Allí sí queda claro que hubo gente viviendo: ropa, valijas y cigarros siguen siendo parte del paisaje.

"¡En un lugar encontramos 19 balas en una bolsita!", recuerda Uriarte sobre la recorrida luego de desalojar a los ocupantes ilegales.

¿Y después de Tutankamón? el presidente de El Camarín ya tiene planes: “Se viene un ciclo de jazz y rock y una trilogía de Lorca”.

Uriarte detalla que la asociación tiene la concesión por 12 años más y aclara que no son "gestores culturales".

"Nosotros proporcionamos un lugar para los artistas. Lo alquilaremos, pues el teatro independiente, por ejemplo, no puede pagar una sala de shopping. Y con lo que te cobro, puedo avanzar con las obras. La sala no será perfecta, pero después de esto yo puedo hacer cualquier representación, está todo armado", cerró.

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