ver más

La relación entre Anthony Flechter y Uruguay comenzó en 1994, cuando el director de teatro y dramaturgo inglés fue invitado por el Teatro del Anglo para presentar dos obras. En esos tiempos Flechter no hablaba ni una palabra de castellano, pero con el tiempo fue estrenando más obras en Montevideo, entre ellas Invierno, de Jon Fosse, Traición, de Harold Pinter (nominada a seis premios Florencio), y Pelea de osos, una obra de su autoría.

Este año encuentra a Flechter instalado en Montevideo, con tres obras en cartel y ganas de quedarse en el país. A Ellos (Teatro Circular), la cual explora las historias de los nuevos inmigrantes uruguayos, y Molly, de Brian Friel, con elenco de la Comedia Nacional (que tras su exhibición en la Sala Verdi se encuentra realizando giras barriales por Montevideo), se suma este sábado El otro lado, de Ariel Dorfman. La obra trata sobre dos ancianos que viven en una cabaña dividida por la frontera de dos países en guerra. El autor chileno reflexiona sobre la incidencia de la política y las fronteras en los individuos, algo con lo que el director inglés ha trabajado con Pinter, pero también en Ellos y en las obras de William Shakespeare. Fue precisamente el autor de Macbeth el que inspiró a Flechter a sumergirse en el teatro cuando un día, mientras trabajaba en una zapatería, pensó que le gustaría dirigir una obra del genial dramaturgo.

¿Cuál es la diferencia entre el teatro que se hace en Uruguay y el de Inglaterra?

En Europa hay muchos más niveles profesionales y acá hay muy pocos que viven de hacer teatro. En Inglaterra el proceso de ensayo es un mes o cinco semanas máximo y acá dos meses parece corto, tres meses es normal y cuatro no es raro. Es interesante la posibilidad de profundizar. Pero también acá, por la falta de plata, encuentras muchos problemas de producción.

¿Cuáles son las virtudes y cuáles los defectos del teatro que se hace en el país?

En Uruguay hay más pasión por el teatro, en Inglaterra la mayoría de la gente del teatro está trabajando ahí no con la intención de hacer lo que están haciendo, sino pensando que eso puede llevarlos a la televisión y el cine, que es donde se gana un buen sueldo. Acá quienes hacen teatro realmente lo hacen por amor.

Sin embargo, parecería que en Inglaterra el teatro es muy importante...

Sobre todo en Londres, hay un nivel alto, pero también allá se van a quejar de que se hacen muchas obras para turistas, de alto presupuesto, y un tipo de teatro para todos, sin definiciones, sin identidad.

¿A qué dramaturgos uruguayos destacaría?

Es interesante la figura del dramaturgo-director como Santiago Sanguinetti, Gabriel Calderón y Marianella Morena. Tengo la teoría de que Uruguay es como un laboratorio teatral. Gabriel usa por ejemplo un código que, para mí, tiene más que ver con el siglo XVIII que con el XXI. En Inglaterra la influencia del naturalismo, del cine y la televisión se infiltra mucho en el teatro y es difícil explorar otros códigos. En cambio, tipos como Gabriel y Santiago pueden hacer lo que quieren.

¿Qué cosas le llamaron la atención cuando llegó al país?

No imaginaba que había tanto desarrollo teatral. Y la otra cosa que me llamó la atención es que acá hacen autores europeos que no se hacen en Londres.

En las obras que dirige suelen tocar temas referentes a las fronteras, el nacionalismo y la inmigración.

Sobre todo en Ellos, donde hice la propuesta al Circular de realizar una obra sobre inmigración hoy en día en Montevideo. Londres es una ciudad donde es una excepción si sos de allí, hay gente de todo el mundo. Para mí estar en Montevideo es lo opuesto, hay inmigrantes, pero son bastante invisibles.

¿Qué conclusiones sacó de su investigación para Ellos?

Que es más fácil ser inmigrante de Europa, como yo, que ser de países latinos. Se puede decir que Uruguay es un país bastante abierto, aunque yo al mismo tiempo estuve haciendo el proceso para conseguir residencia y no es fácil. Es raro, pueden ser generosos pero hay discriminación; tal vez porque hay pocos inmigrantes no hay mucha conciencia de eso.

¿Qué le interesó de El otro lado?

El absurdo de la obra es interesante y me parece fascinante la posición de Dorfman como alguien que es de América Latina pero a la vez es bastante yanqui porque hace 25 años que vive en Estados Unidos. Cuando él estaba en Chile trabajó para Allende y se fue; entonces tiene esa cosa de estar metido en la historia reciente. Veo también con los autores jóvenes uruguayos que la sombra del pasado es muy fuerte y de lo que se trata es de cómo escaparse de eso, pero al mismo tiempo tener respeto por lo que ha pasado. Pinter era muy consciente de cómo la política se infiltra en las relaciones personales. Dorfman trabaja eso también en esta obra. Este es un espacio muy fuerte para el teatro porque permite mostrar cómo funciona su sociedad.

Datos
Sábados a la hora 21.00 y domingos a las 19.30. En El Galpón. Precio: $250

Seguí leyendo