"El arte puede pegarse al sistema pero chuparle la sangre”
El exsubdirector del Museo Reina Sofía de Madrid dará hoy una conferencia en el Centro Cultural de España; antes conversó con El Observador sobre la compleja relación entre arte, mercado y globalización
La Bienal de Venecia comenzó la semana pasada con la cifra record de 88 pabellones nacionales. No por ello la calidad de algunos de los trabajos presentados ha dejado de ser cuestionada, en un evento en el que predominan las instalaciones que pretenden desconcertar al público. Esta exposición solo es otro ejemplo que pone en evidencia la compleja relación entre el arte y el mercado global. En este contexto, resulta pertinente la charla ¿Es el arte global? ¿Qué puede hacer?, que este jueves a las 18:00 dará el teórico inglés Kevin Power en el Centro Cultural de España (CCE).
Por un lado, explicó Power en entrevista con El Observador en el CCE, en la actualidad hay un cambio de poder efectivo en lo económico y países anteriormente periféricos están adquiriendo fuerza en el arte. Sin embargo, el mercado de la compra y los criterios de evaluación de lo artístico siguen estando en los grandes centros. Por otro lado, desde lo local, los museos muchas veces excluyen a las distintas culturas que forman parte de su sociedad.
La globalización es “positiva porque podría dar lugar al mejor entendimiento del otro, pero es negativa porque todo gira alrededor del capital neoliberal y quedan afuera los países pequeños”, sostuvo Power. Por otro lado, explicó, muchos nuevos compradores carecen de sensibilidad y lo que quieren, en realidad, es el “estatus que viene con la cultura”.
¿Qué reflexiones le deja la última bienal de Venecia?
No soy fan de las bienales. Algunas están hechas por razones políticas, para darle visibilidad al país, pero el resultado ha sido muchas veces un desastre económico. Y pienso que están dando lugar a una repetición de una serie de curadores chic que van con los mismos nombres por distintos lugares. Lo que me gustaría en una bienal es una inclusión mucho más amplia.
¿Qué opina de los trabajos que se han presentado allí? Algunos de ellos han sido muy polémicos, como el del Pabellón Español (la obra consistió en seis toneladas de escombros, los cuales costaron € 400.000).
Es una ligereza tremenda, no entiendo ni al curador ni al gasto. Estamos frente a un fracaso imaginativo.
La pintura ha estado prácticamente fuera del mapa de la Bienal, ¿esto habla de la decadencia del cuadro en el arte actual?
El sistema de la bienal muchas veces le da prioridad a lo social. De alguna manera hay una ecuación entre burguesía y pintura, pero lo que se vende en el mercado del arte sigue siendo la pintura. En la exposición del Grupo Mondongo en el Mamba (Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, de la que Power es curador) se presentan una pintura hecha con plasticina, de 45 metros. Es una imagen bellísima, de un género que apenas aparece, y reintroduce algo que al mundo conceptual no le importa tanto que es la belleza. No debemos olvidarnos de estos otros espacios, el de la belleza o lo espiritual. Los especialistas de lo contemporáneo están menos interesados, pero el público sí responde.
¿Qué opina de la obra de artistas como Damien Hirst?
Creo que lo interesante es el fenómeno Hirst, pero la obra sufre una banalización tremenda, que ataca el gusto del público, un espacio meramente mercantil.
¿Cuál es el limite entre lo que es arte y no?
Yo creo que se puede hacer arte con cualquier material y cualquier problema. Como el que hizo su autorretrato con su propia sangre, fue una idea genial, pero ¿qué haces después? Parte de lo contemporáneo está basado sobre los conceptos, pero el hombre no tiene tantas buenas ideas.
¿Cómo ve el caso de España y de ARCO (Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid)?
En España se ha hecho una inversión tremenda por el Estado y las autonomías han promocionado artistas que no tienen la más mínima importancia, pero que eran representantes autonómicos. ARCO se está yendo al carajo. Fue un intento de estar en el espacio contemporáneo e inicialmente funcionó porque había dinero público y autonómico y nuevos coleccionistas, muchos de ellos blanqueando dinero. Las compras se hacían por políticos y compraban lo autonómico en ARCO.
¿Cómo puede el arte distanciarse de estas variables que lo atraviesan, como el mercado y la política?
La pregunta es si el arte va a tener una capacidad para crear nuevas visiones y si va a poder cuestionar a su propio sistema, que está tan atado a la situación económica. En eso quizás lo conceptual tenga su parte positiva. Hay dos formas: una es una acción subversiva, pegarte al sistema pero chuparle la sangre. En cuanto al público, subir el nivel de educación, pero no parece que lo estemos haciendo, más bien lo contrario.
¿Qué artistas actuales han logrado ese poder subversivo con su obra?
Hans Haacke siempre ha sido subversivo frente a los sistemas de poder norteamericanos, transnacionales, museos, bancos. Fredi Casco en Paraguay, el primer artista en utilizar a Stroessner como referencia en su obra. Juan Manuel Echevarria en Colombia, que se enfrenta con la matanza de civiles; Teresa Margolles en México, que abarca a muchos niveles el problema de la violencia. Ai Weiwei en China, con sus enfrentamientos con el poder.
¿Han sido acaso otras formas artísticas más exitosas? Pienso en el cine, por ejemplo. Alejandro López Sandoval, del museo mexicano Franz Mayer, realizó un análisis interesante sobre cómo la máscara de Guy Fawkes, popularizada por V de Vendetta, “logró inseminar huellas de negatividad contra el sistema a través un símbolo concreto” y terminó convirtiéndose en un ícono para movimientos como Anonymus u Occupy Wall Street.
Diría que no. Casi todo eso se mueve dentro de procesos interesados económicos y corre el riesgo de neutralizarse. Sin embargo, el cine y el video son vehículos potentes para una posible crítica. Pienso en el cine iraní.