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Corría la década de 1950 y Stefan Lano era un niño de Boston, hijo de una pareja de origen albanés. Sus padres compraron un piano para su hermano, quien no se interesó por el instrumento, pero él sí se subió al taburete y a los 5 años comenzó a tomar clases. Tiempo después entró en el conservatorio. Sin embargo, a su padre no le convencía que se dedicara a la música y Lano se licenció en Biología en Harvard.

No obstante, el compositor insistió con su vocación y se convirtió en maestro interno de la Ópera Estatal de Viena y posteriormente en director asociado de la Orquesta Sinfónica de Pittsburg. En 1993 fue invitado a inaugurar la temporada del Teatro Colón, en Buenos Aires, y posteriormente el compositor asumió como director musical de la Orquesta Estable de este teatro. Allí conoció a Ariel Cazes, el director artístico del SODRE, que lo trajo a Uruguay, para que asumiera como director de la Orquesta Sinfónica (Ossodre).

“Siempre le digo a mi hija, no se puede planear la vida, si haces un plan vas a llegar a otro camino, y aquí estoy, inesperado, pero chocho”, afirma Lano en su oficina, mientras transmite un magnetismo ajeno de afectaciones. El maestro, nacionalizado suizo, recibió a El Observador a propósito de la Temporada Sinfónica de la Ossodre, que el sábado pasado presentó obras de Emmanuel Chabrier, Paquito de Rivera y Manuel de Falla y que este viernes interpretará la Sinfonía número 3 y el Concierto para piano y orquesta número 2 de Johannes Brahms. El ciclo continuará el sábado 14 de setiembre con Un americano en París, de George Gershwin, el Violin Concerto (The Red Violin) de John Corigliano y la Sinfonía Numero 7 de Jean Sibelius.

¿Qué podría decir del repertorio que está interpretando la Ossodre?

Estoy tratando de mezclar cosas nuevas para el público, como Shostakóvich y Stravinsky, y música que la gente siempre va a poner en su compact disc, como Brahms. Intento presentar un gran espectro de música, por un lado por el interés y educar al público, y por otro para el desarrollo de la orquesta. Creo que estamos logrando algo bueno, el año pasado estuvimos con sala llena siempre, este año por un tema de cambios de precios se bajó un poco pero lo estamos ajustando para el que viene. Tratamos de superar 1.500 personas por concierto. Mi sueño es repetir los conciertos y acomodar más público. Hay una curiosidad inherente en el pueblo acá y nunca hay que subestimarlo.

¿Qué le parece el nivel de educación musical en Uruguay?

Uruguay tiene una tradición bastante digna, el Sodre es una de las orquestas más antiguas de América Latina. Antes de la segunda guerra mundial en todo el mundo hubo más educación, pero después de la guerra y de las dictaduras, en América Latina se rompió mucho, pero ahora estos países están empezando de nuevo. Hay más curiosidad en América Latina que en EEUU. Los niños que vinieron a ver Hansel y Gretel del interior, lo hicieron con disciplina, pero también con entusiasmo. Me impresionó mucho. Hay que seguir desarrollando esta curiosidad y este amor a la música. Porque en la adolescencia entran muchas cosas como internet y los video games, que son una gran seducción.

¿Por qué es importante la música?

El arte, la educación, la ciencia, la música, para mí son los motores de la humanidad. Hoy en todos los países hay más gente estudiando negocios, pero el rigor intelectual está bajando por la idea de que el marketing es todo. La música tiene un valor que sobrevive décadas, siglos, y es importante porque se anima la historia y normalmente pensamos que la historia está muerta. Tenemos ahora una especie de Adolf Hitler en Siria matando a su propia gente y nadie está haciendo nada. Entonces la historia está muerta en cierto sentido, porque no aprendemos de ella. En la música vemos un poquito de la historia buena de la humanidad. Hay gobiernos que quieren imbecilizar a su pueblo. En la época de Bush cortaron mucho la educación y su misión fue hacer un ejército más grande, porque no queremos un soldado demasiado inteligente, queremos un soldado que va a ser lo que tiene que hacer, matar. Paralelamente está bajando la importancia de la música en EEUU. Este camino para los países es muy peligroso.

¿Cuál cree que ha sido la evolución de la Ossodre?

Estoy contento con su progreso. En Europa la Orquesta del Sodre sería de categoría A. Las orquestas de A plus son como Dresden y Viena. No podemos competir con ellos, pero sí con teatros como el de Frankfurt y Zurich. Hay una tendencia en América Latina a subestimar la capacidad de la gente y es nuestra responsabilidad y del gobierno fomentar el orgullo. La visión de Fidel Castro para Cuba fue enriquecer a su pueblo. Hoy en Cuba el 96% del pueblo puede leer y es gracias a su visión. Hay que facilitar la capacidad de un pueblo para desarrollarse. Nosotros somos simplemente una pequeña parte de esto.

¿Qué cosas todavía hacen falta trabajar?

Deseo que podamos realizar la visión de presentar música al más alto nivel. Esto implica un teatro que funcione como un reloj suizo, pero un teatro es una casa de colaboración y si no la hay no va a funcionar bien. El Sodre está funcionando, pero hay cosas que afinar.

¿Qué opina respecto al conflicto que se ha desatado entre la Ossodre y el Ballet Nacional del Sodre, a cargo de Julio Bocca, por el estreno de El lago de los cisnes?

Hay gente en este teatro que habla demasiado. Hubo conflictos, pero puedo decir que la orquesta no tiene culpa de ellos. La prensa llega siempre como que la Ossodre es un grupo de divos y primas donnas; tenemos nuestros divos y primas donnas en el teatro, pero no voy a decir quiénes son. Los conflictos llegan y quedan porque hay gente que no está comunicando bien y no está reconociendo dónde hay un problema y cómo resolverlo.

¿Qué tiene que decir de que el Sodre haya comunicado que la orquesta no tocaba en El lago de los cisnes por problemas con los tiempos de ensayo?

Esta es una obra que la orquesta ya ha tocado, era capaz de llegar a la función, pero si la dirección del ballet no quiere colaborar con la orquesta yo no puedo cambiar la actitud de esta. Para mí es una pena que cuando estamos festejando los 100 años de La consagración de la primavera se haga con cinta. Programé esta obra en abril para tenerla lista para el ballet. Esas son decisiones en las que yo como director musical no puedo ponerme de acuerdo.

¿Qué opina de los recursos que recibe la orquesta y de los reclamos salariales de la Ossodre?

Es una pregunta muy complicada y en el contexto del Sodre casi provocativa porque hay gente que va a tener otras opiniones. Hay una orquesta de 37 estables, los demás son contratados, unos por todo el año y otros por servicio. Hay mucho talento en el continente y las orquestas merecen una cierta estabilidad para trabajar con dignidad. Prefiero no comentar porque estoy abriendo una caja de Pandora. Yo estoy contratado para dirigir, no soy sindicalista ni abogado. Estoy ayudando a la orquesta en lo que puedo. Pero no tengo un mandato para cambiar el ambiente político acá y es lo que es necesario para tener un modelo de trabajo eficiente.

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