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El emprendedurismo como una cultura capaz de cambiar una sociedad, de generar nuevos modelos de negocios. Ideas “locas” que se convierten en proyectos realistas. Enrique Kramer se ha dedicado a llevar a las aulas sus conocimientos como académico y como ex emprendedor y empresario (en el rubro textil), que aunque reconoce fue una experiencia dura, sacó su mayor provecho para hoy ser un referente para los emprendedores. En la actualidad es el coordinador académico de Gerencia en la Facultad de Administración y Ciencias Sociales de la Universidad ORT Uruguay.

¿Cuáles entiende usted que son las caraterísticas de los emprendedores en general?
Nassim Taleb señala que el impacto de algunos eventos que son raros pero que te cambian la distribución. Aquellas circunstancias que pueden ser tan tan distintas que te cambian todo algo así como extremistán. De alguna manera los emprendedores viven en extremistán no en mediocristán, donde no te apartas demasiado de la media y no tenés capacidad porque muchos de ellos prueban cosas que no le hacen daño a nadie. En todo caso ponen dinero propio, se frustran un poco pero a la economía no le cambia nada. Sin embargo, cuando son exitosos pueden cambiar sociedades y la economía, tener un impacto social importante.

Taleb dice que esto se parece un poco a la guerra; así como celebramos a los soldados que mueren, muchos sobreviven. Esto se parece a lo que pasa con los emprendedores: algunos triunfan y muchos quedan por el camino, pero todo el esfuerzo contribuye a que sean exitosos aquellos que terminan cambiando la economía, la sociedad, el modelo de negocios. Esto como educador es un aspecto muy duro. Uno quiere que los alumnos pongan su propia empresa pero hay que avisarles que el camino es muy arduo, donde hay muchos que la quedan, algunos son medianamiente exitosos y los menos que realmente triunfan. Esos éxitos espectaculares son los que cambian el juego.

¿Existe una subcultura del emprendedor?
Sí, te encontrás con gente muy divertida que tiene muchas ideas y es un poco alocada ya que considera que nada es imposible. Y si se les cae una idea, buscan otra y siguen adelante. En alguna medida tiene aquello que en las empresas tradicionales hemos perdido que es el espíritu de juego. Es una actitud un poco juguetona no porque estén jugando con el dinero de los inversores sino porque es por la experiencia misma, para divertirse y quizá es la herramienta que los humanos tenemos para aprender. Cuando dejamos de jugar empezamos a ser una caja cuadrada que no nos deja entrar nuevas ideas.

¿Cuáles son las barreras que tiene el emprendedor en Uruguay?
Hay por lo menos tres obstáculos. El primero tiene que ver con las características de la sociedad. Cuando alguien fracasa en un emprendimiento socialmente es como un estigma, se le pone un sello en la frente algo asi como perdedor. En EEUU no es así: si fracasaste te dicen que vas a aprender de los errores. En Uruguay es como una muerte civil porque el tejido social te marca.

El segundo tema son los costos que son absurdamente altos; para competir en el mundo es un problema. Uno de los mayores problemas es el acceso a las Tecnologías de la Información; deberían ser muchos accesibles y baratas. Otra barrera son las herramientas educativas. Hoy en día hablar inglés fluidamente es un requisito básico para conectarse con el mundo; aquí es poca la gente que cumple con esto y se te achican mucho las oportunidades.

¿Y cuales serían las principales ventajas de emprender Uruguay?
Considero que ser chicos nos da determinadas ventajas porque las redes, el networking funciona. Aquí se accede rápido y fácilmente a las altas esferas del poder políico y económico. En Uruguay si tenés una buena idea, sólida, perfectamente podés llegar a hablar con el presidente José Mujica o con el director de una gran empresa. Imaginate en Estados Unidos.

Por otro lado, el ser pequeños nos permite tener una visión holística: en poco tiempo se conoce el mercado, los intereses, no es un mercado complejo y eso permite que un emprendedor inicie aquí como una plataforma de experimentación con un capital pequeño y luego proyectarse al exterior. Hay muchos emprendedores que inician aquí para luego tener una proyección internacional.

¿Cómo se ayuda desde la academia a forjar el espíritu emprendedor?
En los últimos dos o tres años ha habido un verdadero boom de modelos conceptuales sobre emprendurismo que parten de la base de que un emprendimiento no es una empresa chiquita sino que es un bicho que tiene un ADN diferente al de una compañía establecida porque está buscando un modelo de negocio repetible y ensayable. Está en la fase de busqueda, de aprendizaje, no en la de ejecución, que es muy distinta.
Nosotros introdujimos los modelos en nuestros estudiantes y el impacto ha sido muy grande, hemos tenido una gran cantidad de proyectos reales.

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