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Con apenas un disco homónimo, Fernando Santullo volvió al primer plano de la música uruguaya con canciones a mitad de camino entre Montevideo y Barcelona (donde vive) y con un personaje y un lugar en el escenario que fue encontrando concierto a concierto, según cuenta. El recital de mañana en La Trastienda y la experiencia de tocar en Montevideo con Faith No More, además de las colaboraciones y proyectos se colaron en la conversación.

¿Cómo está resultando este primer ciclo como solista?
La verdad que muy bueno, el disco anduvo en Argentina y Uruguay. Y pasaron cosas como algo que no sabía si se iba a consolidar o no, que es que se generara un público atento a si toco o no, distinto al del Peyote Asesino. En las anteriores Trastiendas en Montevideo estuvo bueno percibir que la emoción del momento se centraba en las canciones de este disco, más allá de que haga algún tema de (su otra anterior banda) Kato o del Peyote. Estas canciones, después de tantos conciertos, están un poco más cerca de aquellas más viejas, de ahí que esté bueno sumarlas.

¿Y cómo fue la experiencia de tocar con Faith No More, aquí?
Increíble. Para mí es una de las bandas que más me influyó. Yo había conocido allá por el 2001 a Billy Gould, el bajista, había intentado darle una mano con un sello que él quiso armar y salíamos bastante. Y en ese entonces le había dicho que si algún día Faith No More se juntaba, me gustaría telonearlos. Y él me había dicho que no había forma de que eso sucediera. Años después, pasa esto y nos volvimos a escribir. Ya en Montevideo compartimos un rato en el camerino. Estuvo bueno también ver cómo hablando con Mike Patton, el cantante, te ponés a pensar en lo que dice la gente: “Uh, Mike Patton está reloco”. En realidad, Mike Patton tiene un personaje reloco que lleva al escenario. En el camerino es un tipo con el que hablás de narcotráfico, de violencia en México, un tipo con un nivel cultural muy alto.

El “personaje” es una referencia constante que utilizás, tanto para hablar de otros como para referirte a vos…
Es que hay una distancia entre el hombre que escribió esas canciones de Santullo y el que soy hoy. Por ejemplo, ahora la intención de la música que hago puede ser distinta a la del Peyote, pero la profunda, la de provocar, incomodar…, creo que eso sigue estando. Es verdad que es un disco sincero en cuanto a la situación emocional que estaba viviendo. Pero pasan los años, tu situación de vida no es la misma y tomás cierta distancia de ese tipo. Por eso, cuando digo lo de personaje me refiero más a quién va a cantar esas canciones. Es decir, busco todavía al tipo que tiene que resolver en vivo eso de que soy yo, pero que a la vez ya no soy yo, cuando canto canciones que compuse en otro momento de mi vida. Esos tonos, esas sensaciones que quizá tenías cuando compusiste y luego ya no. En lo sonoro mi música de hoy es otra cosa porque busco tomar otros géneros y referencias, mezclarlos y que quede algo mío; no me interesa que se detecte que uso tal o cual referencia. Cuando agarré cosas como el dubstep inglés eran muy emergentes, ahora se volvieron algo muy cargado. Es la apropiación de los géneros: el hip hop era una música politizada, universitaria o de gueto… y años después es hoy el género de los fiolos y las putas.

¿Con qué Uruguay te encontraste a nivel cultural?
Yo vengo poco tiempo a ensayar, a juntarme con colegas. Pero sí veo que hay un ánimo muy bueno en la gente. Y hay mucho dinero, concentrado en ciertas cosas dentro de lo cultural. Creo que cosas como los festejos del Bicentenario estuvieron muy bien, pero tampoco creo que sea una cosa que haya hecho mucho bien a los promotores y productores locales, ya que modificó el mapa de cosas que se podían hacer en el año. Por otro lado, los gobiernos hacen eso. En España el gobierno incide casi indecentemente en la cultura, poniendo plata donde le interesa. Aquí es la primera vez que pasó esto y yo no digo que sea malo, sino que hay que mirarlo con lupa. En el único momento en que pasa es en las exoneraciones del gobierno al carnaval, cosa que entiendo que irrite a mucha gente por la distorsión que genera, hace que el género no compita en igualdad de condiciones con otros. Hay mucha más profesionalización también… Y hay iniciativas emergentes, como el festival de Contrapedal, que si bien aún no hacen el crossover hacia un público más amplio, ya tienen su gente interesada yendo a ver esa música.

En estos años hiciste muchas colaboraciones con otros artistas… ¿Cuál fue la más rara?
Supongo que fue con (la banda de metal) Índigo. Les mandé unos gritos muy fuertes, metaleros, y creo que ellos esperaban que rapeara. Fue como que los sorprendí. Me pude sacar las ganas de que me llamaran y no rapeara, sino que pudiera pegar unos buenos gritos, aunque al final cedí un poco. Disfruto mucho también de componer canciones específicamente pensadas para otro artista, como compositor. l

Santullo se presenta en La Trastienda este sábado. Entradas a $ 280 y $ 410 en Red UTS y la boletería de la sala.

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