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Escuchar a Ariel Ardit es como subirse a un tranvía por las calles empedradas de Buenos Aires y bajarse en alguno de los clubes que dieron cobijo a los grandes cantantes de la época dorada del tango. Pero su voz, grave y límpida a la vez, no solo arrastra el halo melancólico del género rioplatense sino que lo imprime de ternura, juventud y un rango vocal capaz de hacer lucir cada frase con inusitada fluidez.

Mañana, en el marco del Festival de Tango en Punta del Este, Ardit se presenta en el cine teatro Cantegril. Proveniente de una familia de artistas, el cantor, nacido en Córdoba hace 38 años, comenzó su carrera como intérprete en el canto lírico y se inició en el tango en 1998. De 1999 a 2005 fue el cantante de la orquesta El Arranque, una de las más destacadas de la escena rioplatense, con quienes obtuvo el premio Gardel a la Mejor Orquesta de Tango. Desde 2008, Ardit logró algo poco corriente en la actualidad de este género musical: tener su propia agrupación, con la que se presenta en Punta del Este adelantando alguno de los temas que estarán en su próximo disco, que será editado entre julio y agosto.

¿Cuál fue su primer acercamiento al tango?

Mi mamá cantaba folklore y el tango solo era una referencia que me traía ella, hasta que un día, en una reunión, pusieron un casete de Gardel. Lo escuché y presté atención a cómo modulaba la voz, a la naturalidad con la que lo hacía, y entonces me fanaticé. Entré en el mundo gardeliano y no pude salir nunca más. Pero si Gardel hubiese cantado otra música, yo no sería un intérprete de tango sino que hubiese seguido lo que él hubiera hecho.

Hoy día no es algo corriente que un cantante de tango pueda tener el éxito que usted ha logrado y que tenga su propia orquesta. ¿Qué es lo que lo diferencia?

Siempre tuve la mirada puesta en la esencia del tango y creí importante tener un buen repertorio que me distinguiera. Me he preocupado por mantener la forma de mi llegada al tango, que fue desde el canto lírico y formarme desde el trabajo vocal. Y eso en esta época es más raro, pero en la década del 40 eran todos grandes cantantes.

¿En qué se diferencia su repertorio?

Hurgando en los años 20, 30 y 40, o incluso en el repertorio escondido en los grandes discos hay montones de temas que están ahí pero que no se cantan. La clave es hacer un repertorio que al oído del tanguero le traiga reminiscencias de un pasado que no se escucha más y que la gente joven lo descubra como nuevo. A mí me ha ido muy bien durante años con un tango que grabé en 1998, que se llama Mariposita. Tenía versiones de Goyeneche y Alberto Marino, pero había quedado escondido. Con orgullo puedo decir que lo he cantado en todo el mundo y me lo siguen pidiendo.

¿Cuál es la importancia de los músicos uruguayos en la evolución del tango?

Julio Sosa ocupa un lugar de estandarte. En los 60, el tango en Argentina había perdido popularidad y Sosa fue quien sostuvo el tango contra una lucha organizada y desigual de los medios de difusión para imponer el rock. Esto es algo que el tango debe agradecerle de acá a la eternidad, porque después de Sosa, fue que en los años 70 surgieron cantantes como Rubén Juárez. También siento una admiración muy grande por Enrique Campo, uno de los cantantes más importantes de la década del 40.

¿Y en la actualidad?

He escuchado al cuarteto Ricacosa y a Tabaré Leytón, que me pareció muy serio. Tuve la fortuna de cantar con Lágrima Ríos y Nina Miranda.

¿Qué cosas hizo antes de ser cantante de tango?

He trabajado en una casa de fotografía, como canillita, vendiendo ropa, en una estación de nafta. Tenía trabajos que me duraban un día, una semana. En una época me habían echado del colegio y vendía señaladores en un colectivo. Hice de todo; por eso, cuando empecé a trabajar con el tango, lo hice con mucha seriedad y disfrute porque yo sé muy bien lo que es trabajar de otra cosa.

Tengo entendido que hasta fue luchador de catch...

No lo hice como un trabajo. De chico veía el programa Titanes en el ring y me gustaba uno de los luchadores que se llamaba Mr. Moto. Pasaron los años y en la secundaria conocí al hijo, que me presentó a su viejo. Entonces me preparé, engordé varios kilos y luché. Después, por suerte, apareció el tango.

¿Sigue sin interesarle el rock?

Yo he escuchado a grandes cantantes desde que soy muy chico y las canciones de rock me parecen versiones desvirtuadas de una música que no nos pertenece; el rock no tiene nada que ver conmigo.

¿Le interesan las fusiones del tango con otros ritmos?

El tango es básicamente una fusión de varias cosas. Hacer una fusión de una fusión me suena muy raro y no creo que vaya a perdurar en el tiempo. El tango electrónico me parece más de corte comercial.

Cuando se escucha tango generalmente se recurre a las composiciones del siglo pasado. ¿Hay poca creación en la actualidad?

Composiciones nuevas hay, pero el problema es cómo las difundís. En estos años he grabado cosas nuevas, pero la gente me sigue pidiendo Mariposita. En el repertorio que estoy preparando para el disco nuevo va a haber tres temas inéditos.

¿Cree que hay que actualizar la temática?

El tango es la vida misma. Eso de que el tango hay que modernizarlo y cambiarle el farolito… yo tengo un farolito en la terraza de mi casa. La esencia del tango, por la que ha logrado atemporalidad, es porque trata de temas simples, como la ópera. La atemporalidad tiene que ver con el amor, con contar el transcurrir humano; eso que parece chiquito es justamente la fuerza que tiene el género.

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