17 de abril de 2026 14:47 hs

La medalla cuelga de una cadena de plata, en el medio de su pecho. Un círculo perfecto con el relieve reluciente del escudo nacional. El cerro de Montevideo, el buey, el caballo y la balanza. Un emblema uruguayo, sobre el pecho de Claudio Martínez.

25032026-G_B_8353 Claudio Martínez
Claudio Martínez

Claudio Martínez

La medalla que en algún momento perteneció a su abuela, María Castillo. Una funcionaria de Inau que recibió aquella condecoración después de 30 años de trabajo. Una noche, tiempo después de que aquella medalla quedara como recuerdo de su partida, fue nominado a los Premios Graffiti con La Calenda. Y, antes de salir de su casa, volvió a verla. “Me la llevé y ese año ganamos el Graffiti. Así que desde ahí en más, esa medalla no se mueve de ahí”.

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De eso ya pasaron 14 años. La medalla es ahora amuleto y conexión constante con una mujer que inspiró una de las canciones de su último disco, Tiempo de andar, junto a la inconfundible voz de Rubén Rada: Evas del Sur. “Es un tema que está dedicado a las mujeres de mi familia y en ellas especialmente a mi abuela”, dice Martínez a El Observador antes de ponerse a cantar.

Luz que me iluminas y que guías mi camino
Se que donde vaya, llevo tu protección
Con la frente al alto y orgulloso al que yo voy

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Tiempo de andar es el primer disco de Martínez, un músico que lleva más de dos décadas en el panorama cultural uruguayo. Desde comparsas como Concierto Lubolo, Sinfonía de Ansina, Serenata Africana, Yambo Kenia e Integración hasta bandas como La Calenda, La Candombera y el fenómeno de la Rueda de Candombe.

Hasta que llegó el momento de hacerle frente a su propio proyecto solista. Y presentarse, nuevamente, en este momento de su carrera. Un registro pormenorizado de su identidad musical, que mucho tiene que ver con su identidad montevideana y nacional.

“Durante mucho tiempo no le di mucha importancia, me enfoqué más en divertirme. Pero siempre estaba esa pregunta dando vueltas: ¿Cuándo iba a enfocarme en un disco propio? La eludí mucho tiempo. Llegó cuando tenía que llegar, ni antes ni después. Empezó a ser una necesidad hacerme responsable de 100% de lo que está en este disco”.

Fue Alfredo “Chole” Gianotti, uno de los principales cómplices para la existencia de este proyecto, quien se lo dijo sin rodeos: tenés que tener tu disco, ya. Lo que siguió fue un largo proceso en medio de una pandemia que imposibilitó en muchos casos la dinámica grupal, el encuentro y la cercanía. Y a pesar de esas limitaciones, Tiempo de andar creció en influencias y aportes de músicos uruguayos desde todas partes del mundo como sus primos, Nico Sánchez y Marcelo “Sapuca” Terra, desde Bélgica o Francisco Fattoruso y Federico Navarro desde Los Ángeles.

Tiempo de andar, el tema que le da nombre al disco y abre la selección de 10 canciones que lo componen, era una canción que había comenzado a componer pero no había terminado. Y ese fue precisamente el comienzo de todo. La incertidumbre sobre el futuro.

“Vive la vida sin miedo, tus sueños son tu verdad. Ese es el motor de lo que vamos buscando en esta vida, los sueños. A veces no tener el valor de ir detrás de eso, te termina dejando fuera de la gratitud que te da cuando alcanzas una meta planeada. Por eso decidí que ese iba a ser el nombre que le iba a dar al disco, Tiempo Andar”.

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El álbum recorre diferentes géneros con la participación de más de 53 artistas de diferentes encuadres musicales para lograr la “fidelidad” que el disco requería. Con la identidad como eje del disco, navega entre diferentes ritmos de raíz afroamericana, del reggae al ska, el afrobeat, la timba, el funk y el candombe, como vehículo para contar su forma de sentir y ver la vida. “Era una oportunidad de mostrar otros perfiles. El perfil de Candombe ya es más conocido y disfruto pero no es lo único que hago, ni es lo único que escucho, ni es lo único que me gusta”, señala.

Martínez, que había pasado en Cuba los meses anteriores al cierre pandémico tocando como parte de Interactivo –y debió salir de la isla en un vuelo momentos antes del cierre de fronteras– volcó también esa sonoridad en su nuevo proyecto como una forma de mirarse a sí mismo y a todo aquello que lo había influenciado en estos años.

“Me resultó tremendamente divertido poder transcurrir por esos diferentes géneros y lograr lo que logré. Tratar de mostrar mi sentir, mi forma de ver el mundo, mi ciudad, mi forma de sentir”.

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Claudio Martínez

Claudio Martínez

Martínez, que durante años colaboró en los proyectos de sus colegas, volvió a tocar las puertas de sus colegas para ofrecerles sus canciones. Desde Rubén Rada a Hugo Fattoruso, de Sarah Sabah al Checo Anselmi, de Alejandro Luzardo a Diego Paredes. Ellos, entre tantos.

“Entendía que lo que yo necesitaba era de ellos. Y me ocupé de nombrarlos a todos, no hubiera sido lo mismo si no contara con el talento, el tiempo, el amor y la dedicación de todos esos que vinieron y pusieron su tiempo y su talento al servicio de la música, de mi música”.

Tiempo de andar funciona por momentos como una crónica montevideana. Y Martínez como un observador de su tiempo, su entorno y un canal con aquellos músicos que lo precedieron. Puede ser, también, un redescubrimiento de su acervo cultural. Desde Silencio, está Pedro Ferreira con Se va la comparsa, están los Rolling Stones en la casa del Lobo Núñez, están los nombres de Ansina: Gustavo Oviedo, Daniel “Pumpido” Esmoris, Mariano Barroso. Un homenaje nacional.

Todo volvió resignificarse en un acto cotidiano. Cuando llamó a su tío para pedirle un tambor prestado para reemplazar el suyo. Cuando lo desarmó y miró en su interior todo tomó otro sentido: “Cuando lo fui a buscar y tenía que sacarle la pintura y todo eso porque medio que estaba como ahí en desuso. Cuando lo desarmé, miro el tambor y adentro decía Pumpido. Terminé tocando en el tambor que fue de él”.

Una voz sobre el silencio

La música siempre estuvo en el futuro de Martínez. “No se condice la música y la noche con el deporte. Y me ganó la música. El Inter de Miami no existía, el Milan no me llamó, así que decidí colgar los botines”, dice el músico con una risa que queda en el aire.

A los 17 años tuvo una de sus primeras experiencias como parte de una banda junto a Jorginho Gularte. Mirándolo a la distancia, dice, es una de las experiencias que más lo marcaron. “En ese momento lo disfruté y era un juego muy novedoso. Con el paso de los años me di cuenta de que había pasado por un lugar tremendamente significativo”.

Si bien su trayectoria musical comenzó como tocador e instrumentista, el canto siempre había estado ahí como un juego con la intención de soñar con ser cantante en algún punto. Fue en La Calenda donde empezó a poner también la voz al servicio de las canciones.

Recuerda que en una prueba de sonido con la banda de Jorginho en Azúcar, un boliche que sonaba en la esquina de Galicia y Magallanes, agarró el micrófono y se puso a cantar. No se acuerda exactamente qué, pero sí recuerda la pregunta que le hicieron los músicos: Pero, ¿por qué no cantás? Y no es extraño. Claudio Martínez tiene una de las voces más reconocibles de su generación candombera.

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Claudio Martínez

Claudio Martínez

Eventualmente empezó a usar su voz como instrumento. “Yo creo que el talento va hasta cierto punto, después hay que trabajar”.

“Tuve la oportunidad de ver de cerca a uno de mis cantantes preferidos, que es Heber Píriz, y de él tomé un montón de cosas. Digo tomé por no decir robar. Para mí siempre fue una referencia. No hay muchos cantantes como él”.

Pero más allá de la técnica vocal, había un aspecto a considerar: el público. “Cantar delante del público implica una exposición que no todo el mundo logra llevar con facilidad. Por más que te guste, pasan un montón de cosas cuando vas a cantar, y más adelante de poca gente o de mucha gente, todo eso puede generarte cosas”. Ahora Martínez canta frente a decenas, cientos o miles de personas. “Siempre me lo tomo en serio. Sea en el Madison Square Garden, en el Teatro Verano, o en esta cafetería”, sostiene.

Esa seriedad con la que canta está ligada al contenido de los temas que interpreta: la responsabilidad sobre el mensaje que llevan sus canciones. “Me ha tocado cantar canciones muy... muy sentidas”. Martínez recuerda Relato –o Relato de un hecho impune–, la canción que escribió con La Calenda sobre el asesinato de Jorginho Gularte. “Es de esos temas que hubiera preferido no tener que escribir. Pero fue la forma que encontré de repudiar lo que había sucedido, con las herramientas que tenía, desde un lugar muy sentido. No todo es fiesta. A veces toca decir y reclamar”.

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Candombe Flow

Tiempo de andar nació del otro lado del túnel pandémico. La reapertura de los espacios culturales y los lugares de encuentro, en los que el Candombe fue aflorando nuevamente y con más fuerza entre las cuerdas de tambores desde Barrio Sur, Palermo y Cordón hacia los rincones más lejanos del país y fuera de fronteras.

“El candombe, precisamente, siempre genera unión y encuentro. No es casualidad que después de la pandemia haya una necesidad importante de juntarse con gente a compartir música, un momento, un sentir. Creo que es producto de lo que nos sucedió”, dice.

Y Martínez lo vive desde la Rueda de Candombe, el proyecto que integra junto a Rolo Fernández, Caleb Amado, Darío Teran, Hernán Peyrou, Alejandro Luzardo y Diego Paredes en la Plaza España y que se ha expandido incluso fuera del territorio. No es casualidad que lunes a lunes se junten cientos o miles de personas a cantar y a bailar el repertorio candombero. “La humanidad necesita juntarse y pasarla bien, porque para pasarla mal ya sabemos cómo es”.

En este sentido, Martínez considera que a los uruguayos todavía les “cuesta un montón” tener un alto consumo de su música.

“Eso lo hace difícil para cualquier género y para el candombe mucho más. Este proyecto viene a dar luz sobre esos artistas y esas obras que no estábamos aprovechando, ni poniendo en el lugar que se merecen”. Un repertorio se hace cada vez más amplio y profuso. Y, según Martínez, seguirá creciendo. Una red de conocimiento e información que lleva el candombe canción a mucha gente que se acercó a su proyecto, ávida de profundizar en el género.

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La Rueda de Candombe está a punto de cerrar su segunda temporada de verano. Es un proyecto que ha crecido rápidamente y ha logrado posicionarse entre los eventos más interesantes de Montevideo. Un encuentro donde se celebra y se pone en valor a los hacedores del género.

“Nos sigue dando mucho gusto llevar adelante, encarar nuevos desafíos y seguir dando luz a esto que nos gusta tanto, que es el candombe y su repertorio, tanto de artistas que dejaron una riqueza enorme como contemporáneos. Nos tiene enamorados, nos ha mostrado que es posible mostrar todos esos temas y que se generen encuentros enormes llenos de paz y de respeto; que es algo que no es fácil de encontrar y menos en este tiempo”.

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Claudio Martínez

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Este Carnaval, dos décadas después de su última participación en el Concurso Oficial, Martínez volvió al Teatro de Verano con la comparsa Integración. En el regreso al concurso, el cantante se encontró con una serie de cambios en la categoría. “Es otro carnaval”, dice el vocalista del espectáculo Reencarnación y destaca el crecimiento en la producción de los espectáculos.

“Hay pocas comparsas, tendrían que haber más. Muchas veces no tiene mucho que ver el esfuerzo y la inversión de las comparsas con lo que luego termina siendo el premio. La categoría y las comparsas generan un montón, y no ganan un montón”, evalúa Martínez.

Ante ese panorama, el artista considera que “cada año se trabaja menos” durante la temporada y que ese esquema “no resiste mucho más”. “Hay un montón de gente muy talentosa en todas las comparsas y se merecen tener la posibilidad de montar sus espectáculos con todo lo que se necesita”, sostiene.

Claudio Martínez lleva su música a dónde va. Ya sea desde su proyecto solista o como parte de los tantos ensambles de los que participa. Siempre con la medalla sobre el pecho, como un certificado nacional. “Trato de disfrutarlo mucho y prestar mucha atención a todo lo que se va generando alrededor”.

“Fluyo. No hay mucho más”.

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