3 de junio de 2026 5:00 hs

Con su compra de una camioneta de alta gama, el presidente Yamandú Orsi le asestó un duro golpe al núcleo duro del discurso ideológico de su grupo político, el Movimiento de Participación Popular.

Apenas unos días antes de que la periodista Patricia Madrid informara que Orsi se había comprado un vehículo de 79.000 dólares ayudado por una generosa rebaja, el senador Daniel Caggiani había dedicado un hilo en X (ex Twitter) a repetir y recordar cuál tiene que ser, según el MPP, la relación de los políticos con el dinero.

Lo hizo al enunciar las razones por las cuales el MPP presentará tres proyectos de ley: uno para obligar a los legisladores a rendir cuentas y devolver los viáticos que les sobran cuando viajan, otro para impedir que los legisladores tengan otras fuentes de ingresos y un tercero para equiparar los seguros de desempleo de los políticos al del resto de los mortales.

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“Quienes tenemos la oportunidad de ejercer responsabilidades públicas debemos practicar el principio de austeridad republicana”, escribió Caggiani. “Nuestras decisiones jamás deben tomarse para obtener un beneficio personal o particular, sino para transformar la realidad y ayudar a vivir mejor a quienes más lo necesitan”.

En su posteo en X, Caggiani citó a Mujica: “A los que les gusta mucho la plata hay que correrlos de la política; son un peligro”. Y recordó que “desde nuestra organización, el MPP, tomamos la decisión hace más de 20 años de topear nuestros ingresos y donar el resto a varias iniciativas sociales”.

Caggiani concluyó con un tajante: “Tenemos que vivir como vive la mayoría, y no como vive la minoría”.

A esta altura ya no es lo más importante del caso, pero de todos modos es imposible soslayar que en todo este asunto de la camioneta de alta gama los hechos chocan de frente con esos postulados que Caggiani recordaba y que -se podrán compartir o no- pero sin dudas son el cerno de la propuesta del MPP, su carta de presentación ante la ciudadanía.

Comprarse un auto de alta gama, inaccesible para la inmensa mayoría de los uruguayos, no es el ejemplo más claro de lo que es ser austero. Más bien todo lo contrario.

Tampoco se vive “como la mayoría” con una camioneta de US$ 79.000 en el garaje.

Además, si te gusta tener un auto de alta gama y de ese precio, algo te tiene que gustar tener ese dinero, porque para la gente común no hay otra manera de comprar un auto que ahorrar las decenas de miles de dólares que cuesta. ¿Pero no era que a los que les gusta el dinero hay que correrlos de la política?

Al presidente Orsi el auto le costó US$ 25.000 menos, en una rebaja que permanece inexplicada y qué es el punto central que debería ser aclarado a la ciudadanía en todo este entuerto. Las idas y venidas que ha habido con este tema, las declaraciones en solfa del propio presidente (“cuando hay descuentos me tiro de cabeza”) y la demora en presentar una explicación seria, clara y completa han sido cualquier cosa menos transparentes.

Aún con la rebaja obtenida, la camioneta cuesta mucho dinero, notoriamente más del que puede ganar un ciudadano con un sueldo modesto. Y todos en el MPP ganan módicos salarios: ese es el núcleo duro del discurso del sector. Su máximo orgullo. Sus ingresos están topeados. La mayor parte del dinero que cobran por los cargos políticos que ejercen se lo queda la organización que supuestamente lo dona a obras benéficas (aunque cuánto y cómo y dónde nunca se le exhibe a la ciudadanía).

Se ha repetido que todos los cuadros del MPP, en el puesto de gobierno en el que estén, ganan como un capataz de la construcción.

La práctica de que cada persona que ocupa un cargo electivo o de confianza en la administración le deba entregar la mayor parte de su salario a su grupo político tiene evidentes pros y contras que algún día sería bueno que se discutieran en forma más abierta y menos demagógica.

Pero –más allá de ese debate pendiente- es la forma que el MPP ha elegido como seña de identidad y como bandera.

Entonces, en el caso de la camioneta la pregunta se imponía: ¿cómo pudo ahorrar tanto dinero el presidente Orsi, si el MPP se había quedado con la mayor parte de su salario durante todos los años que fue intendente de Canelones?

En medio del escándalo, dirigentes del MPP le dijeron a El Observador que el descuento del MPP no se le aplicó al hoy presidente mientras fue intendente de Canelones.

¿Pero cómo? No era que desde hace 20 años todos los gobernantes del MPP donan su sueldo? ¡Caggiani lo había escrito una vez más apenas unas horas antes de que estallara el escándalo de la Hyundai Santa Fe!

Ahora parece que no todos y no siempre. Que algunos sí, pero otros no. Y que no todos ganan como un capataz.

Entonces, ¿quiénes donan y quiénes no?

Poco después de esa nota de El Observador, el presidente grabó un video donde pretendió ser claro sobre cómo y por qué compró la camioneta (aunque no dijo nada de por qué le hicieron una rebaja de nada menos que US$ 25.000).

Pero apenas minutos más tarde de que el video comenzara a circular en las redes, el semanario Búsqueda informó que Orsi había usado para pagar la camioneta de alta gama su auto de 2020, pero también otro automóvil, un Renault que el Frente Amplio había declarado ante la Corte Electoral como una donación recibida para su campaña.

Orsi había omitido por completo semejante dato en su video de sinceramiento.

Vaya omisión. Vaya transparencia. Vaya sinceramiento.

Los detalles, además, son rocambolescos. El auto fue rifado para obtener fondos para la campaña del Frente Amplio. Pero al parecer nadie compró el número ganador. Y en lugar de volverse a rifar, o ser donado, el auto se lo quedó Orsi y meses después terminó sumándose a la operación para poder comprar una camioneta híper cara, que pasó a engrosar el patrimonio personal del presidente.

Quedan muchas preguntas pendientes. Pero hay una cosa que ya está clara. Todo este episodio de la camioneta de US$ 80.000 choca de frente con el discurso tantas veces pregonado.

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