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Ganar un premio Gardel fue para Daniel Drexler un gran honor pero a la vez considera que tiene valor relativo. Se lo dedicó a sus amigos argentinos y especialmente a la generosidad de un país que supo recibirlo desde sus comienzos musicales. Y a pesar de que fue su segunda nominación, estuvo a punto de no ir a la ceremonia.

Drexler se define como un ciudadano del mundo, y son tres las ciudades que considera su hogar: Buenos Aires, Porto Alegre y Montevideo. En su casa en el puerto del Buceo recibió a El Observador y habló de las inspiraciones detrás de su premiado quinto disco Mar abierto, así como de su relación con Argentina. En su sala de grabación, atiborrada de recuerdos, discos e instrumentos, un mapa de Rocha predomina, pero es la figura de Carlos Gardel, desde su pedestal plateado y negro, la que llama más la atención.

¿Por qué no pensaba ir a la ceremonia?
Me convenció mi productora para que fuera. El fin de semana anterior había estado tocando en Buenos Aires y el otro en Trelew. Eran muchos viajes seguidos y me parecía un gasto de dinero ir para saber que no iba a recibirlo. Me convenció porque, y tiene razón, los premios son muy importantes también para todo el equipo que trabaja alrededor. Por eso invité a mis amigos, que estuvieron involucrados desde que llegué a Buenos Aires por primera vez en 2002-2003. Y desde acá fui con Dany López (el productor del disco).

Llegó a los premios en subte además, sin ningún tipo de glamour.
Fue muy gracioso porque uno se imagina que a ese tipo de premios llega en limusina, pero estábamos yendo en el subte B. Llegamos y, de pajuerano que soy, me paré en una cola larga y cuando llego a la puerta, después de media hora, me dicen: “ah pero vos sos nominado, vos vas por el otro lado”,de y me metieron por la alfombra roja. Parecía como una especie de astronauta que había caído en un grupo de yanomamis y no entendía los códigos de lo que estaba pasando. Me senté convencido de que íbamos a ver la ceremonia y hacer un poquito de sociales. Pero después pasó el tiempo, fui al baño y me encontré con el director de nuestro sello argentino, y me dice “vas a ganar”. Lo primero que hice fue lavarme la cara, porque había tomado bastante, y pensaba, “no, está loco”.

¿Y cómo fue recibir el premio finalmente?
Para mí los premios, desde el punto de vista artístico, tienen un valor muy relativo. En el arte comparar cosas, generar competencia, es una cosa medio rara con la cual filosóficamente no estoy muy de acuerdo. Pero tienen dos funciones muy importantes. La primera es lograr visibilidad para el trabajo, más en un mar de información en el que vivimos ahora. Y recibir un reconocimiento es algo importante para uno mismo y la gente que está alrededor. Es gente que labura por la camiseta. Lo vi como una posibilidad de devolver todo eso. Y en el momento, cuando se ve que lo ganaste, es muy fuerte. El corazón me hacía tucu tucu. Pero es muy importante. Varios proyectos que antes estaban en el aire se concretaron (ver recuadro).

¿El premio tiene algo que ver con que varios de sus discos hayan sido editados primero en Argentina?
Están pasando cosas raras (risas). No sé explicar cómo pasó eso. Creo que tiene que ver más con circunstancias mías que no tienen nada que ver con decisiones artísticas.
En 2003 tuve un cataclismo vital, me di cuenta de que la carrera que estaba haciendo no era lo que quería hacer, justo tuve una separación de pareja y me fui a vivir a Buenos Aires. Iba y venía. Generé un núcleo de pertenencia muy fuerte y creo que es lo que fue llevando mi eje hacia ese lado. Ahora estoy haciendo un esfuerzo muy grande por reconectarme con Uruguay.

¿El vínculo con Buenos Aires también es musical?
Sin lugar a dudas. Hace años que vengo hablando de una cosa que se llama “templadismo”. Yo soy un ciudadano del mundo y mi casa está en la cuenca del Plata. No entiendo mi país como una cuestión geográfica o una frontera. Estar en Buenos Aires es estar en mi casa, en Porto Alegre también. Lo siento y lo vivo de esta manera y el disco es un reflejo de esto. Fue grabado en las tres ciudades. Y ahora estoy en el centro de lo que yo considero mi país. Esta es mi zona y acá me siento cómodo.

El mar, el tema del disco, también relaciona estos rincones donde se siente cómodo.
Sin lugar a dudas. El mar siempre fue desde la historia de la humanidad un gran generador de vínculos. En el mar no hay fronteras, no hay caminos delimitados, uno puede ir en cualquier dirección que lo lleve el viento. Creo que también el mar es una gran metáfora que atraviesa el disco y sobre todo esa sensación de realidad líquida. Estamos en una realidad inestable, todo pasa muy rápido, todo cambia todo el tiempo. Cuando uno se adapta a algo ya pasó otra cosa. Y el agua es así. Por eso me parece que Mar abierto es una metáfora de la realidad en que estamos expuestos y esa dicotomía entre la sensación de placer, esa cuestión medio uterina, y el miedo y los peligros.

En ese plano metafórico también aparecen las sirenas como distracciones. ¿Qué significan?
La vida está llena de cantos de sirenas. Creo que la vida está llena de tentaciones y distracciones. Más ahora que se ha multiplicado el acceso a la información. Es un gran desafío saber qué elegir dentro de ese tsunami de información, qué es lo que uno quiere y precisa. Es un gran desafío. Me gusta que se haya mencionado a las sirenas porque es un tema en el que pienso mucho. Este tipo de premios tiene una cosa hermosa pero puede ser un canto de sirenas también. Quizá una de las cosas importantes que puedo tener en cuenta ahora es no distraerme del foco y seguir haciendo lo que me gusta, que es tener la guitarra en la falda, hacer canciones y viajar por el mundo.

También está la metáfora del horizonte en la canción Digo.
Esa canción es muy rara. Porque se la hice a mi mujer estando en Barcelona. Había tenido un show espantoso y estaba medio deprimido. Estaba caminando, mirando al mar y me dio la sensación de que nada de lo que estaba viendo y sintiendo tenía la profundidad que me gustaba que tuviera y eso lo lograba solo cuando lo comentaba con ella. Pero (risas) me causó un problema de pareja porque después me di cuenta de que también se la hice a mi guitarra, que me viene siguiendo hace 11 años . De noche, si estoy solo o de viaje en un hotel agarro la guitarra: es una compañía. “Nada de lo que digo tiene arraigo ni pasión, sé que no digo nada si no te lo digo a vos”. Es esa sensación de que en realidad las cosas no me quedan bien dichas si no las digo con ella.

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