ver más

Desde sus comienzos, One Direction demostró que no es la típica boy band. Para empezar, no bailan. De hecho, algunos de ellos son muy malos moviéndose. Pero hay otro aspecto tal vez más importante, por el cual se apartan definitivamente del legado que sus predecesores forjaron: ellos suenan diferente.

La referencia directa de One Direction ya no son los Backstreet Boys ni ‘N Sync. A nivel musical, han recurrido a la fórmula que otros han mejorado para llenar los estadios de todo el mundo: las bandas de hard rock y especialmente, los hits de las décadas de 1970 y 1980.

Disco a disco, el grupo confirmó que la unión de rock con tintes pop bajo el formato boy band es una unión de factores que funciona. Con su cuarto disco, titulado apropiadamente Four, hicieron historia al ser el primer grupo cuyos cuatro discos debutaron en el puesto número uno del ranking Billboard 200, rompiendo su propio récord de tres discos consecutivos.

Este aggiornamiento, que se basa en tomar sonidos viejos y aplicarlos en nuevas canciones pop rock, parece funcionar a dos niveles: primero, para crear un nuevo camino dentro del campo del pop radial y, segundo, como guiño a quienes realmente padecen del fanatismo que generan, es decir, los padres.

Los tímidos inicios

What Makes You Beautiful, el tema con el cual se dieron a conocer, transporta con su riff al verano de 1978, cuando Summer Nights del musical Grease se transformó en un hit. Este fue el primer intento de tomar una referencia fuera del espectro pop de los últimos 20 años y fuera del abanico sonoro de sus fans. Y funcionó.

A nivel general, el álbum Up All Night (2011) se basó en un pop fundamentalmente guitarrero, con algunos intentos de dance y demasiado arraigado a la batería electrónica.

Con Take Me Home (2012), comenzaron a levantar algunas cejas y despertar varias críticas. Desde entonces, la búsqueda de referencias en el pasado se tornó obligatoria para la prensa a la hora de criticar sus discos.

Live While We’re Young, su primer corte de este segundo disco,es prácticamente un plagio de Should I Stay or Should I Go de The Clash. Incluso Harry Styles llegó a confirmar a la agencia Associated Press que la referencia fue intencional: “Es un riff genial”, admitió.

Ya este disco da un paso al costado, pero no se aparta demasiado del pop electrónico. Temas como Kiss You, Rock Me (con su percusión a lo We Will Rock You) o en menor medida Heart Attack se acercan disimuladamente al amplio espectro del rock.

Referencias cercanas

Ya para Midnight Memories (2013) la cosa se puso seria: Best Song Ever es un calco de Baba O’Riley de The Who. Desde su icónica introducción hasta el riff, todo hace que suenen alarmas de plagio.

Aunque no se llegó a recurrir a los abogados, ante el mero rumor de que The Who tomaría acciones legales y haría bajar la canción de YouTube, las fanáticas iracundas decidieron ejecutar la justicia.

Como suele suceder a cualquiera que se atreva a contrariar la palabra de One Direction, las fanáticas atacaron en masa a The Who en Twitter. El incidente terminó con el veterano guitarrista Pete Townshend aclarando que no irían a la justicia y que, además, le parecía un gran tributo. “Me gusta el single y me gusta One Direction”, dijo. “Me alegra pensar que ellos podrían haberse influenciado por The Who”, agregó.

La misma reacción despertó en Def Leppard la alarmante similitud de su hit Pour Some Sugar On Me con el tema que da nombre al tercer disco de One Direction, Midnight Memories. La banda de rock británica demoró apenas días en reafirmar que no demandarían a la boy band y que todo les parecía un halago.

“Veo la similitud”, dijo el baterista Rick Allen al probrama TMZ, “pero esos tres acordes han sido usados por décadas. No es nuevo. Y en todo caso, sentimos que es un cumplido. Está bueno que sus fans puedan ver de dónde toman sus influencias”.

Con dos referencias claras, Midnight Memories se consolidó como el primer disco con intenciones rock del quinteto. Sin embargo, no se detiene ahí. Diana parece un mashup de un puñado de sonidos de los años 80, comenzando de nuevo con The Who y desviándose hacia The Police. Mientras que Little Black Dress parece a una versión lavada de la introducción de Black Sugar de The Rolling Stones.

Happily y Through The Dark, no obstante, hacen un salto al futuro y toman el guitarreo y la percusión basada en aplausos y zapateos del folk de Mumford and Sons.

Retro pop

Si tres veces no son suficientes para dar por probada la teoría, la cuarta lo consigue. Los cortes elegidos para presentar cada disco demuestran una clara intención revivalista. Si bien es evidente para los oyentes más adultos, suena nuevo para sus fans y se aparta de sus coetáneos, demasiados ocupados en buscar la útlima tendencia en electrónica y poner a Pitbull en todo.

Con Four, One Direction continúa la formula aunque, según varias críticas, con menos éxito. El disco trae consigo a Journey y su Faithfully en el tema Steal My Girl; a Fleetwood Mac con Fireproof; a Tears for Fears en Stockholm Syndrome; y a Paul Simon en Girl Almighty.

Tal vez One Direction es otro grupo más que confirma la tesis de Simon Reynolds y su libro Retromanía: el pasado se impregna en el hoy. Sin ir más lejos, el año pasado la tendencia era el sonido disco y funk de la década de 1970 que revivieron Daft Punk y Pharrell. Este año, la electrónica y el R&B de los años 90 estuvieron en todos lados.

One Direction sigue ese camino, pero indagando en el hard rock, hair metal y new wave para sacar piques nuevos. No en vano, a pesar de que todavía no abandonaron el pop, Billboard ya los nombró como “la mejor banda de rock clásico que no toca instrumentos ni estaba viva en 1980”.

Seguí leyendo