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Con 34 años asumió como el director de Rentas más joven en la historia de Uruguay. Dice que eso no le jugó ni a favor ni en contra. Sí reconoce que al principio hubo cierta “expectativa” por su edad pero que se disipó cuando todos hicieron “sintonía en tener un ritmo de trabajo muy fuerte y exigente”, pero también al trabajar con proyectos concretos y motivantes. En el amplio despacho del piso 9 del edificio de Fernández Crespo y Colonia, destaca el termo y el mate sobre la larga mesa de reuniones. Pablo Ferreri se entusiasma al mostrar en su teléfono móvil las aplicaciones que viene generando la Dirección General Impositiva.

Una encuesta de Equipos Mori publicada por Búsqueda mostró una opinión mayoritariamente positiva sobre la DGI. ¿Cómo se logró esto?
Hace 10 años la DGI empezó una reforma importante. El inicio fue durante el gobierno de Jorge Batlle, cuando la unanimidad del sistema político votó una ley en ese sentido. Fue reglamentada en el gobierno de Tabaré Vázquez, por lo que hay una clara política de Estado. A partir de 2005 fue llevada adelante con una clara voluntad política de transformar la DGI.

Los resultados han sido notables. En 2003 la tasa de evasión del IVA era superior al 40% y cerramos 2013 con 13%, , que nos permitió tener por tercer año consecutivo la tasa de evasión más baja de América Latina.

La percepción de riesgo es mucho mayor. Los empresarios saben que hay una administración tributaria potente, que, siempre respetando los derechos, detecta y combate el fraude fiscal y lo penaliza. Hoy por hoy evadir impuestos no es un buen negocio. La ecuación de riesgo-beneficio cambió notoriamente. Los empresarios honestos saben que la ley se cumple para todos por igual, que no hay quienes tengan ventajas competitivas sustentadas en la capacidad de evadir impuestos. Eso para un empresario serio siempre es un muy buen mensaje. En lo que tiene que ver con la satisfacción relativa a los trámites es muy elevada. Mejores controles y servicios son los objetivos fundamentales que perseguimos.

¿En que se sustenta todo esto?
En una cada vez mayor capacitación y profesionalización de los funcionarios, y en un apoyo enorme en la tecnología de punta disponible. Han surgido proyectos muy importantes como el de factura electrónica. Ya tenemos casi 300 empresas facturando digitalmente. Ya hay más de 150 millones de documentos electrónicos emitidos. Esto es un cambio radical, no solo en la capacidad de control sino también en los ahorros de costos para los empresarios.

Es la línea de acción que queremos seguir en todos los proyectos. Esto fue desarrollado en conjunto entre el sector público y privado, logrando sinergias positivas que no hubiera sido posible obtener si hubiera actuado cada sector por su lado o con objetivos distintos. Es ganar-ganar porque la DGI tiene más herramientas para controlar y el sector privado tiene ahorros de costos logísticos y de papel enormes.

Antes debíamos concurrir a una empresa para obtener la documentación para inspeccionar; ahora, antes de la inspección, ya vamos a tener los documentos en nuestro poder. El quid del negocio para nosotros ahora está en saber cómo gestionar inteligentemente esas bases de datos tan importantes.

¿Y el tema de la seguridad?
Es una ganancia para la sociedad en su conjunto, porque los documentos bajan cifrados y firmados digitalmente. Esta es la primera experiencia de utilización masiva de firma electrónica en Uruguay. Esperamos que sea un know how que sirva para otras cosas, como para dinamizar el comercio electrónico.

¿En qué se trabaja ahora?
Esperamos tener pronta para la mitad de año la posibilidad de pagar impuestos a través de teléfonos celulares.Ya hemos desarrollado aplicaciones para teléfonos móviles, en las que se recibe noticias de la DGI, reportes de prensa, calendario de vencimientos y posibilidad de agendarlos, mapa georeferenciado de sucursales en todo el país. Ya se puede consultar saldos de IRPF, y declaraciones juradas en borrador.

La DGI tiene esa capacidad de innovar, que me parece fundamental y es de lo que más motiva a la hora de trabajar. Tenemos preocupación no solo por hacer las cosas bien sino por hacer cosas nuevas. Es mentira que en un organismo público no se puede innovar. Es un tema de la cabeza con la cual se encaren las cosas.

¿Se ha encontrado en su gestión con funcionarios con dificultades para adaptarse a los cambios o involucrarse con ellos?
Una vez que la gente entiende, se motiva y se considera parte del proyecto, lo hace con mucho gusto. En líneas generales, cuando sacamos estos proyectos concretos que tienen objetivos de mejora y que innovan, generan un estado de efervescencia que está bueno en la organización.

Para negar una entrevista con la prensa, hay empresarios que argumentan que serían blanco de la DGI, ¿qué hay de cierto?
De ninguna manera. Eso sería subvalorar la profesionalidad con la cual debemos actuar. Se trata de hacer un trabajo técnico, profesional y objetivo. Cada uno es libre de poder aparecer (en la prensa) y dar las entrevistas que quiera. Nos basamos en indicadores y en parámetros, en cruzamiento de bases de datos de manera cada vez más prolífica y cada vez con más información; de esos análisis y del trabajo de inteligencia es que surgen los candidatos a fiscalizar en función de su riesgo potencial de evasión.

¿Qué modalidad de trabajo le resulta más eficiente para llevar adelante la labor con su equipo?
La DGI tiene ocho divisiones, cuatro asesorías, y una secretaría técnica. Con ese equipo tenemos reuniones periódicas. A veces las hacemos con todo el equipo, y a veces grupales. Tenemos un horario de trabajo muy amplio. Llego a las 8.15 horas y me quedo hasta las 19.30-20.00. Tratamos de resolver los temas en el día. La interacción es permanente.

La DGI tiene una cultura muy fuerte de trabajar por objetivos y metas cuantificables –y eso parte fundamental del éxito y un proceso de una década-. Tenemos un plan estratégico quinquenal que marca las grandes líneas de acción, pero después desarrollamos planes operativos anuales, con objetivos concretos.

Y hay bonos por alcanzar metas...
Hay una prima que puede ser equivalente al 15% de la remuneración anual. Ese porcentaje está atado a metas concretas. El trabajo de afinado, año a año, de esos indicadores para que redunden en un beneficio a la organización, es parte del trabajo más interesante. Una de las partes que más me gustan y me motivan todos los años, es cuando en el último trimestre monitoreamos las metas de ese año y planificamos el año siguiente. Dedicamos muchas horas a eso.

Es muy activo en Twiter (con la cuenta @pabloferreri), lo siguen empresarios y ha llegado a entablar conversaciones con ellos. ¿Cómo maneja esa herramienta de comunicación? ¿Para que le sirve?
Me gusta tener contacto directo con la gente. El fundamental y más importante, que no lo sustituyen las redes, es el contacto cara a cara mirándose a los ojos. Pero como complemento, y cuando no se tiene tanto tiempo, la interacción a través de las redes sociales es bien importante. Me gusta, me engancho, y sondeo la opinión de mucha gente. El poder tener contacto con la realidad es una obligación para quien tiene un cargo público. Como medio de comunicación para transmitir opiniones o informaciones, es asombrosa su velocidad.
Muchas veces recibimos denuncias a través de redes sociales. Mis perfiles los manejo yo y nadie más. Me permite una interacción directa que está buena y me gusta mucho.

La figura del director de la DGI es conocida popularmente. ¿Como se mueve fuera del trabajo?
Mantengo mi vida absolutamente normal. Voy al supermercado, camino por la rambla. Con el paso del tiempo, es mayor la cantidad de gente que me reconoce, pero el pueblo uruguayo, en general, es muy respetuoso y educado. Se me acerca mucha gente a hacerme comentarios buenos, malos, regulares, pero siempre con respeto. No he tenido jamás un incidente. Es parte de la cultura de convivencia que ojalá los uruguayos mantengamos.

¿Cómo reacciona si en un comercio no le dan la boleta correspondiente?
Exijo que se me de la boleta, porque el exigirlo no es algo que tenga que ver con mi cargo sino con los deberes y derechos ciudadanos. Lo exijo como ciudadano. Después siempre gestiono que se fiscalizen los lugares donde constato que no se entregan boletas. Obviamente es mi obligación hacer que eso se corrija.

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