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Desde el 17 de diciembre de 2014, fecha histórica en la que Estados Unidos y Cuba anunciaron que restablecerían los vínculos –con esfuerzos tras bambalinas de, por ejemplo, el Vaticano y el gobierno canadiense–, las dos partes interesadas en zanjar el distanciamiento histórico han avanzado en diferentes puntos, con varias reuniones incluidas, y con el anuncio de la reapertura de embajadas en ambos países. La consigna es, según los diplomáticos involucrados, avanzar sin prisa pero sin pausa. Sin atropellarse pero sin tiempo para perder.

Hay mucho por desmontar, tanto en términos prácticos como ideológicos. El 1º de enero de 1959 triunfó la revolución en Cuba y Fidel Castro entró en La Habana sepultando el régimen de Fulgencio Batista y desde entonces el distanciamiento no tuvo vuelta atrás. Un año más tarde, el Congreso estadounidense autorizó al presidente Dwight Eisenhower a establecer y mantener un embargo total sobre el comercio entre Estados Unidos y Cuba. Y a inicios de 1961, ambos países rompieron las relaciones diplomáticas de forma definitiva.

La manera de pensar no ha variado en todo este tiempo: Barack Obama aseguró dos días después del anuncio que Cuba sigue siendo "un régimen que reprime a su pueblo" y que "el cambio va a llegar" a la isla, mientras que Raúl Castro habló de que la "lucha" para terminar con el bloqueo "será larga y difícil". Lo que cambia hoy es la disposición al diálogo: Cuba está dispuesto a hablar sobre democracia y Estados Unidos entiende que la total normalización llegará con la finalización del embargo.

Según denunció en setiembre de 2014 el gobierno de Cuba, el embargo económico se ha recrudecido y cifró el impacto en más de 90.000 millones de euros desde su implantación. Si tan solo entraran al mercado estadounidense productos como el ron o el tabaco, el país dispondría de 205,8 millones de dólares adicionales. Además, el turismo deja de recibir más de 2.000 millones de dólares por los impedimentos para viajar a la isla a ciudadanos estadounidenses.

A mediados de mayo se celebró la cuarta cumbre entre las partes, siempre encabezadas por Josefina Vidal, directora de la división de Estados Unidos de la cancillería cubana, y por Roberta Jacobson, subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental del gobierno estadounidense. Ellas han liderado todas las instancias de alto nivel, son la prolongación de Raúl Castro y Obama, respectivamente.

La primera cuestión es llegar a acuerdos que permitan abrir sedes diplomáticas en los dos países, pero las expertas aseguran que aún resta camino por recorrer para llegar a esa instancia. "Aunque se han hecho progresos en nuestros esfuerzos para restablecer las relaciones diplomáticas, todavía no llegamos a ese punto. Aún hay asuntos pendientes que necesitan ser resueltos", aseguró Jacobson en mayo. Esta reunión se concentra en "cerrar el resto del acuerdo para (tener) una embajada que opere en forma similar a la que operamos en otros países", añadió.

En paralelo, y atendiendo esos asuntos pendientes, se reunieron comisiones técnicas para conversar sobre políticas migratorias, contactos postales y acerca de la aeronáutica civil. También resolvieron conversar en Washington, en una fecha a fijar, respecto de derechos humanos.

Desde el lado cubano también son precavidos y prefieren la cautela. El vicecanciller, Marcelino Medina, pronosticó que el proceso tomará "muchísimo tiempo" y que los actuales movimientos son solo la primera etapa, concentrada en la apertura de sedes diplomáticas. "Esto es el inicio de una etapa que, una vez se resuelvan estos temas pendientes, llevará en un momento posterior a discutir temas más de fondo, como la necesidad de poner fin al bloqueo, la devolución del territorio ocupado ilegalmente en la base naval de Guantánamo o el cese de las transmisiones radiales y de televisión ilegales", explicó.

"Los temas más de fondo (...) llevarán tiempo, tomarán muchísimo tiempo, es de prever que sea un proceso prolongado, duradero, en el camino largo hacia una normalización de las relaciones que no podría tener lugar si no se resuelven estos temas pendientes", insistió el diplomático.

Hechos concretos

Desde el anuncio de una vuelta de página, se han dado algunos pasos tendentes justamente a bajar la pelota al piso entre las dos naciones. En ese sentido, Cuba considera que se han eliminado dos grandes obstáculos para el proceso desde la ronda anterior, celebrada en marzo en La Habana, a esta de mayo, entre ellos la situación de su Sección de Intereses en Washington, que llevaba un año sin un banco con el que hacer sus operaciones en Estados Unidos y acaba de firmar un acuerdo con el Stonegate de Florida. El otro era el asunto de la presencia en la lista de países terroristas, que Cuba dejó de integrar desde el 29 de mayo.

Cuba como "Estado patrocinador del terrorismo" había sido ya objeto de revisión desde el año pasado, cuando la Casa Blanca mencionó su intención de forjar una apertura hacia la isla después de décadas de enfrentamiento por la guerra fría. La designación de Cuba en la lista era curiosa y, hasta cierto punto, una reliquia del pasado, indicó un análisis de The Washington Post. Cuba estaba en el listado desde 1982 y en la actualidad solo la integran Irán, Siria y Sudán.

En pos de esta nueva era también se concretaron otros hechos que apuntan en la misma dirección. A mediados de enero, Estados Unidos anunció que Cuba liberó a los 53 presos políticos que había prometido dejar en libertad como parte del acuerdo para la normalización de relaciones.

Por las mismas fechas, Estados Unidos puso en vigor medidas para relajar el embargo a Cuba como la flexibilización de los requisitos para que los estadounidenses viajen a la isla y autorización para exportar equipos informáticos y software al país caribeño. Un poco después, se aligeraron otras cuestiones comerciales entre los dos países. Los estadounidenses, a raíz de un anuncio de su gobierno, tendrán la posibilidad de importar algunos productos fabricados por el sector privado de Cuba. Y en la isla, el monopolio estatal cubano Etecsa y la firma estadounidense IDT comunicaron en febrero el cierre de negociaciones para un acuerdo en telecomunicaciones, en el primer convenio empresarial bilateral tras el anuncio de deshielo diplomático.

Analistas aseguran que es irreversible la tendencia democratizadora de Cuba, con una apertura económica que no dejará margen para la vieja guardia

También en enero, una delegación de congresistas demócratas, liderados por el senador Patrick Leahy, realizó la primera visita de legisladores estadounidenses, al tiempo que el presidente Obama pidió a su Congreso levantar el embargo comercial a Cuba. Ese mes se llevaron adelante las primeras conversiones entre las partes, en La Habana, y versó sobre temas migratorios.

En febrero pasado, el gobierno de Estados Unidos señaló que por el momento no se negociará el futuro de la Base Naval de Guantánamo. Por esos días, el gigante estadounidense de distribución de películas y series de televisión por internet Netflix anunció que comenzará a ofrecer sus servicios en Cuba.

En marzo continuaron los gestos y así fue que casi un centenar de empresarios miembros de la Coalición Agrícola de Estados Unidos para Cuba visitó la isla para apoyar el fin del embargo. Ese mismo mes llegó a Cuba el primer vuelo directo entre Nueva Orleans y La Habana en 57 años. También se autorizaron en Estados Unidos viajes en ferry para pasajeros hacia Cuba, al igual que se estrenaron servicios de envío de mensaje de texto desde suelo estadounidense hacia la isla.

Y la Cumbre de las Américas, celebrada en el mes de abril en Panamá, manifestó de forma simbólica el acercamiento entre las partes: el apretón de manos entre Obama y Castro y el primer encuentro bilateral entre gobernantes de estos dos países en más de medio siglo.

¿Habrá democracia?

El final del injusto embargo económico de Estados Unidos sobre Cuba parece bien encaminado. La otra cuestión es si la isla por fin abrazará la democracia y abandonará el régimen comunista y de único partido de los últimos 50 años. Algunas analistas aseguran que es irreversible la tendencia democratizadora, con Raúl Castro ya octogenario, al igual que los principales dirigentes, y con una apertura económica que no dejará margen para la vieja guardia.

Otros no opinan de la misma manera. Los legisladores cubano-estadounidenses rechazan la idea del gobierno de Obama y aseguran que la eliminación del bloque solo beneficiará a la administración de Castro y que no llevará ningún cambio político en Cuba.

Un asunto a trabajar era la presencia de Cuba en la lista de países terroristas, que la isla dejó de integrar el 29 de mayo

Más allá de este punto, el acercamiento avanza y hay signos de que el gobierno cubano ya no es tan radical como antaño. "Hay un interés en reintegrar a Cuba al sistema internacional y también hay más voluntad desde que Raúl Castro llegó al poder en 2006, pues ha actuado de manera menos radical e inició la reforma económica", dijo Rachel DeLevie-Orey, del Atlantic Council, un centro de estudios de Washington, al diario El Nuevo Herald de Miami.

"Ciertamente ha habido pocos pero significativos cambios bajo Raúl y entonces hay una voluntad de avanzar. Los europeos vieron eso y establecieron sus propias negociaciones" en 2014, añadió DeLevie-Orey.

El politólogo y exdiplomático cubano Jesús Arboleya opina en el mismo tono y recalca el potencial que tienen los cubanos para ofrecer al mundo. "La apertura de las relaciones con Estados Unidos ha derribado un dique que explica en parte la avalancha, no solo de Estados Unidos sino del resto del mundo. Hay que hacer un análisis serio del potencial del mercado cubano, creo que muchas aproximaciones (actuales) se quedarán en la exploración, pero hay dos cosas que importan mucho: la geografía y el capital humano de Cuba", concluyó.

El reto para que vuelva a la OEA

Convencer a Cuba de que se reintegre a la Organización de Estados Americanos (OEA) es uno de los principales retos del uruguayo Luis Almagro, que asumió este año la secretaría general del organismo. Almagro, que forjó una buena relación con el gobierno de Raúl Castro en su época de canciller uruguayo (2010-2015), está bien posicionado para conversar con Cuba, pero no se espera que a corto plazo la isla vuelva a ser miembro activo de la OEA. La tesis general en la OEA es que no se puede ir de la nada al todo, por lo que la estrategia podría pasar por buscar proyectos concretos de colaboración que allanen el camino hacia el posterior reingreso de Cuba, el único país del continente que no participa en el organismo. El secretario general saliente, José Miguel Insulza, se va dejando la puerta abierta para la vuelta de Cuba a la organización y reclama crédito por el papel de la OEA en el deshielo entre Estados Unidos y la isla. Bajo su mandato se produjeron tres hitos en las relaciones entre la OEA y La Habana: en 2009 se levantó la suspensión de Cuba, en 2014 el chileno se convirtió en el primer secretario general en viajar a la isla en cinco décadas y este año el país caribeño participó por primera vez en una Cumbre de las Américas. Cuba, miembro de la OEA desde su creación en 1948, fue suspendida en 1962 tras el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro debido a su adhesión al marxismo-leninismo en el marco de la guerra fría entre el bloque capitalista encabezado por Estados Unidos y el comunista dirigido por la Unión Soviética. (Agencia EFE)

Se puso de moda

El deshielo con Estados Unidos ha puesto de moda a Cuba, que no para de recibir visitas políticas de alto nivel y de destacadas misiones empresariales de diversos países para explorar sobre el terreno las posibilidades que abre esa distensión y tomar posiciones ante la nueva etapa. Un buen ejemplo fue el histórico viaje a Cuba del presidente de Francia, François Hollande, el primer jefe de Estado del país galo que visita la isla. Hollande llegó acompañado de los responsables de importantes empresas francesas, algunas ya presentes en la isla, en estratégicos sectores como el de bebidas y licores Pernod Ricard, la hotelera Accor o la aerolínea Air France. Pero no solo Francia asiste a los nuevos tiempos en Cuba: Holanda, Japón y Reino Unido han sido algunos de los que en los últimos días han enviado a sus cancilleres y misiones empresariales para conocer in situ el proceso de actualización de un modelo socialista que busca inversiones extranjeras para reanimar su maltrecha economía. También el turismo se ha disparado y se espera a 300 mil estadounidenses este año en la isla.



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