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La reducción de las subvenciones estatales y de las donaciones por la crisis económica ha obligado a los directores de los principales museos europeos a buscar fórmulas más osadas para seguir funcionando.

Algunos museos de Italia por ejemplo están alquilando sus salas para eventos y reuniones. En Roma, por un espacio en la Galería Nacional de Arte Moderno, donde se puede disfrutar obra de Edgar Degas, Claude Monet, Paul Cézanne, Gustav Klimt, Vassily Kandinsky, Piet Mondrian, y Jackson Pollock, entre otros, hay que pagar unos u$s 6.500.

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El museo que alberga el Altar de la Paz (Ara Pacis), un monumento conmemorativo del Imperio Romano que también se encuentra en la capital italiana, arrendó en diciembre su fachada para que una compañía automotriz mostrara -previo pago de unos u$s 100 mil- uno de sus nuevos modelos, y el diseñador Valentino presentó una de sus últimas colecciones.

Por un espectacular salón en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, considerado uno de los más destacados en su género y que cuenta en su patrimonio con importantes piezas traídas desde el Antiguo Egipto, hay que pagar hasta u$s 19 mil.

Por otra parte, la publicidad colgada en el Puente de los Suspiros y en las fachadas de la Plaza de San Marcos, en Venecia, hizo que incluso el arquitecto británico Norman Foster, junto a otros próceres, enviaran una carta al gobierno italiano para que se buscara otro método de recaudación.

Según cuenta el diario la Segunda de Chile, esta práctica se repite en otros lugares de Europa. En el museo de la Colección Thyssen-Bornemisza, en Madrid, se están pagando hasta u$s 34 mil por poder festejar eventos entre obras de Caravaggio, Rubens, o Rembrandt, nada menos.

Durante el año pasado, el Museo d Orsay de París alquiló también parte de su fachada a una marca de perfumes de lujo, y en la Ópera de Paris se colgaron afiches con publicidad de Yves Saint Laurent, Ralph Lauren, y hasta de la popular tienda de ropa H&M.

El Louvre de Paris, que recibe unos 8,5 millones de visitantes al año, ya aumentó el precio de su entrada en casi un dólar, y tienen sobre el escritorio varias propuestas como la que les pide prestar‘el nombre para que una marca de relojes suizos bautice uno de sus nuevos modelos.

Con esto podrían amortizar la baja de la subvención estatal que hoy representa la mitad de los u$s 340 millones del presupuesto.

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