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"Los perros duros no bailan" es la nueva y estupenda novela de Arturo Pérez-Reverte

Es una novela negra protagonizada por animales que destaca por su originalidad y solidez narrativa

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26 de agosto de 2018 a las 05:00

Como su más famoso personaje, el capitán Alatriste, Arturo Pérez-Reverte es un hombre de capa y espada, uno de esos acostumbrados a atacar o defenderse según la ocasión, pero que nunca le escurre el cuerpo a un buen combate. Polémico y sin pelos en la lengua, despierta desde siempre pasiones encontradas: se lo adora o se lo detesta.

Sucede esto sobre todo en España, país maravilloso y complejo, que gusta de dividirse en dos bandos cuando en realidad hay muchos más. Territorio grande o pequeño según se mire, donde ser "de izquierdas" o "de derechas" puede llegar a ser un estigma imborrable y donde el éxito va siempre acompañado por una buena dosis de envidia.

A él le importa poco estar cada día en la picota o al menos no lo frena a la hora de escribir con absoluta libertad, cosa que hace sin parar, ya sean libros o columnas periodísticas que abarcan todos los temas. Los perros duros no bailan, su último libro, es un ejemplo más de esa autonomía intelectual.

Darle la palabra a los animales o animalizar a los seres humanos no es un recurso inédito en literatura y mucho menos en el cine, pero parece estar de moda si se tiene en cuenta Memorias de una osa polar, de Yoko Tawada (Anagrama), la película Isla de perros, de Wes Anderson y este libro de Pérez-Reverte protagonizado por una constelación de sabuesos que no tiene desperdicio aunque tenga varios párrafos políticamente incorrectos y muy debatibles.

Hay dos maneras de leerlo, como metáfora constante donde cada perro es un arquetipo reconocible o dejándose llevar por la historia en sí misma, cosa que finalmente se impone gracias al talento de Pérez-Reverte, que urde una trama apasionante de novela negra que mantiene al lector pegado al sillón hasta la última frase.

El protagonista principal es Negro, mezcla de mastín español y fila brasileño, un excampeón de los pesos pesados del mundo de las peleas clandestinas de animales, que lleva su retiro con dignidad aunque no logra evitar las recurrentes pesadillas que lo asaltan, recuerdos de cadáveres ensangrentados y perros mutilados por su mandíbula implacable.

Casi todos los días va a beber agua con anís que corre por una cuneta regenteada por Margot, una perra argentina lesbiana y feminista, de malas pulgas pero amiga de sus amigos. También está Agilulfo, propenso a filosofar y muy culto. Susa, la prostituta que nunca dice que no. Fido, el perro policía estricto pero buena gente. Y una larga constelación de chuchos arquetípicos, desde la perra mexicana que trafica con huesos hasta el doberman Helmut, neonazi de esvástica en el collar.

Hay que decir que más de un párrafo puede erizar alguna sensibilidad. El mismo autor es plenamente consciente, ya que escribe como advertencia: "Una de las ventajas que los animales poseemos sobre los humanos es que nadie nos exige ser políticamente correctos". Y más adelante, como para despejar dudas de lo que se viene a continuación sostiene: "Los perros somos machistas, oigan. Faltaría más. Y a mucha honra".

La magia de Pérez-Reverte está en cómo logra que el lector aguante el discurso polémico y no cierre el libro. Escenas de acoso callejero a perras hermosas, destrato vil al can homosexual de turno y un largo etcétera de comentarios sesgados son presentados con tanto humor y buen hacer literario que el lector decide seguir adelante sin pensarlo mucho.

Porque en realidad importa mucho más la aventura de Negro para rescatar a dos amigos que son secuestrados para participar en las luchas clandestinas a muerte. En este sentido la novela es muy negra y le da mil vueltas a muchas del género que copan las librerías. El relato es apasionante.

Hay pasajes realmente estupendos, como las luchas de Negro en el Desolladero, verdaderas peleas de boxeo apenas camufladas. La situación de Boris, el guapo, que pasa de aristócrata ruso de familia bien a semental reproductivo acosado diariamente por varias féminas perrunas que lo usan como a un juguete. O las reflexiones acerca de la libertad perdida de los canes de antaño, casi lobos, ahora devenidos en mascotas domésticas burguesas que venden el alma para no renunciar al confort y a la seguridad.

De lo mejor que ha escrito Arturo Pérez-Reverte, que ha escrito mucho.

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