ver más

Javier Malosetti tiene unas cuantas raíces echadas en Montevideo, que van mucho más allá del cariño turístico o pseudoidílico que algunos compatriotas suyos suelen tener para con la ciudad.

Amplio conocedor del estilo y las capacidades de los hermanos Ibarburu, los Fattoruso y otros importantes referentes locales como el guitarrista Juan Pablo Chapital o Urbano Moraes, Malosetti –a quien además lo une con Montevideo una prolongada amistad con Rubén Rada y “Lobo” Núñez– presenta hoy un concierto, precisamente, “de banda uruguaya”. Allá en Buenos Aires quedó Electrohope, su último grupo formado por jóvenes promesas argentinas. Esta semana lo que toca junto a Malosetti se llama Electrobó, una banda 100% uruguaya conformada por Lobo Núñez en tambores, Juan Pablo Chapital en guitarra, Andrés Arnicho en teclados y Javier Cardellino en batería.

El concierto fue la excusa para charlar sobre algunas perspectivas de la carrera de un músico exquisito por linaje, con pasado rockero esencial y que a sus 47 años aparece como una de las figuras más visibles y aceptadas del jazz rioplatense.

A su edad y en el momento de su carrera actual, ¿cuál es la prioridad? ¿Tocar, grabar... o hay alguna otra asignatura pendiente?
En realidad, a mí me gusta mucho tocar y no tengo grandes dramas con girar bastante con mis compañeros y aparecer en distintos teatros de ciudades a las que uno llega por la ruta. Todavía me divierte hacerlo, aunque se que en algún momento me voy a cansar. Aun así, planes tengo muchos y certezas ninguna. Algún día tendría que hacer mi disco solo completamente, ese es un plan que siempre está. Me gusta mucho la música clásica también. No es que quiera tener un disco de ópera ahora, pero lo que quiero decir es que alguien que está en estado de absorción permanente como yo puede terminar yendo por muchos caminos.

Una pendiente casi obvia parece esta banda uruguaya que acaba de armar, usted viene a tocar a Uruguay al menos una vez por año.
Sí, de hecho es algo que quise hacer desde hace tiempo. Esta vez les mandé la música antes y cada uno la trabajó a su forma, luego la ensayaron. Se juntaron e hicieron tres o cuatro ensayos hace más de un mes. Cada uno se la amasó por separado y después yo vine a hacer otros cuatro ensayos más. Conocía a todos los músicos menos a Javi Cardellino, de quien vi videos y me di cuenta de que se toca todo. Y se sonó todo. Conozco a muchos músicos uruguayos. La primera vez que vine a Uruguay fue con Lito Epumer, el hermano de (n. del a.: la fallecida guitarrista de Charly García) María Gabriela. Fue en Laskina, antes de que entrara a tocar con Spinetta. Después, con Luis vinimos muchas veces y luego además toqué en el Cine Plaza con Lito Vitale. Al “Lobo” ya lo conocía desde hace tiempo; a los Ibarburu los conocí cuando tenían 16 años.

En paralelo a eso, usted se fue haciendo un nombre propio. ¿Siente que tiene un público fijo en Uruguay?
No lo sé honestamente. Me da la sensación a veces de que sí por la gente que me comenta cosas cuando toco en la ciudad. El público de Montevideo es como el de ciudades como Córdoba o Rosario. Acá la gente está acostumbrada a vivir de adentro la música, a entender y sentirla de otra forma porque esta es una ciudad con mucha música.

Volviendo a las bandas, ¿es el (o los) géneros que usted trabaja los que posibilitan que pueda cambiar de músicos sin demasiado problema? En un grupo de rock o de pop no se ve tanto esto.
Es probable que tenga que ver con la improvisación, que es una de las líneas que yo más trabajo. Yo he venido mucho a tocar con Electrohope aquí, que es mi banda actual. Sé que muchos músicos hacen más eso del ensamble. Yo no lo había hecho y estoy disfrutando de la experiencia porque estos músicos llevan lo que yo voy haciendo para otros lados más suyos.

¿Cómo fue la experiencia de ser protagonista del musical El pasajero?
Fue muy bueno ser parte de una obra con música negra, con un actor como Diego Reinhold que es alguien a quien admiro mucho, con la música hecha por mi amigo Mariano Otero. Fue una gran experiencia ser parte de esa historia. Creo que es un poco la inquietud. También eso me llevó a hacer una serie de programas vinculados a la música en el canal Encuentros. Todo se trata de moverse para no quedarse quieto.

Hace pocos meses, Santiago Tavella, de El Cuarteto de Nos, dijo que el nuevo rock argentino está marcado por las bandas uruguayas. ¿Cómo lo ve usted?
Yo creo que tiene razón en lo que dice. Y en una buena, conviven con las bandas argentinas. Hubo un desembarco bastante violento de bandas uruguayas que han tenido un exitazo. A mí me pasa algo con el rock argentino que es que si bien ha sido autorreferencial –porque el rock es una música poco abierta, que se fagocita a sí misma en sus referencias– de un tiempo a esta parte se han abierto para mal a referencias artísticas pobres. Se han abierto a boludeces como la bailanta y el cuarteto, por ejemplo. Por ejemplo, si tenés un grupo de peludos que tocan cuarteto con una guitarra distorsionada, ¿qué es eso? Creo que Divididos sí sigue influenciándose del folclore, de artistas de ese lugar. Otra cosa es que se hayan influenciado tanto de los muchachos del tablón, que haya cantantes que se ponen en el lugar del fan de la banda para cantar, como si fuera una tribuna. Creo que eso no es rebelión desde un punto de vista artístico.

¿Podrá seguir hacia algo más este proyecto de la Electrobó?
Me encantaría grabar un disco con esta banda uruguaya, porque quiero aprovechar los músicos para armar algo inspirado en el modo de tocar de cada uno. Tocar a dos violas con el chapa o que él toque el bajo, adaptarme al ritmo de Cardellino o del “Lobo”. Y seguir viniendo, claro.
Seguí leyendo