¿Newtown cambió a Obama?
El presidente de EEUU se animó a dar pasos para concretar sus declaraciones
Puede una masacre de niños en una pequeña escuela de una localidad de Connecticut tener implicancias globales? ¿Puede llegar a cambiar la política de armas e incluso el humor político de Estados Unidos? ¿Puede ayudar a que un presidente cauto se transforme en uno más audaz, puede cambiar a un hombre calculador por uno de visión y acción? ¿Puede ese presidente dejar de lado los grandiosos discursos llenos de ideales por pasos concretos por cumplir con algunas de las promesas que hizo en esos discursos?
Barack Obama es un hombre frío y sus más cercanos lo saben. Los que lo apoyan destacan esto como una virtud y en algunas circunstancias lo es. Pero también es un defecto y con demasiada frecuencia Obama confió demasiado en la matemática, dividir los resultados y ser expeditivo. En su primer mandato esto fue evidente en asuntos grandes como el clima, la extensión de los recortes a los impuestos de Bush, la guerra en Afganistán y las armas, como se vio en los días recientes.
Pero Obama también es padre de dos hijas. Y la manera en que el horror de Newtown lo tocó fue palpable, tanto en su primera reacción del viernes como cuando le habló a los más afectados por la masacre. No fueron solo las lágrimas lo que ilustraron lo hondamente tocado que estaba. Fue la medida en que dejó de lado –finalmente– esa cautela característica de Obama.
Los líderes estadounidenses rara vez hacen lo que hizo Obama el domingo: decir que el país está descuidando a sus hijos y sus obligaciones hacia los demás. “¿Podemos honestamente decir que estamos haciendo lo suficiente por mantener a todos nuestros niños a salvo?”, preguntó. “Si somos honestos, la respuesta es no. No estamos haciendo lo suficiente. Y tendremos que cambiar”.
No mencionó las armas y no tenía que hacerlo: estaba claro que decía que 300 millones de armas en circulación es demasiado. Fue claro que dijo que 30 mil muertes por armas de fuego al año es una abominación. Estados Unidos gastó US$ 3 billones en el combate al terrorismo desde los ataques del 11 de setiembre y las armas adentro del país han matado al doble de personas que las que los terroristas aniquilaron en todo el mundo desde 2001. No es solamente un escándalo nacional. Es una enfermedad, una falla tremenda y fundamental en el carácter nacional.
Obama sabe mejor que nadie que cambiar la legislación sobre las armas no será fácil. Conoce a las fuerzas que se oponen a ello. Pero también las vio en retirada este fin de semana, cuando la Asociación Nacional del Rifle dio de baja a su página de Facebook y 31 senadores que se declaran a favor de las armas rechazaron una invitación a defender su postura en un programa televisivo.
Los armados de EEUU se esconden. Capaz que Obama intuyó que el shock del viernes puede empezar, o tal vez ya comenzó, a cambiar el color del debate político de Washington. Y tal vez el presidente dejó de preocuparse tanto de si el debate cambia o no, lo que es mejor aún.