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Pocas veces en la historia sucede un fenómeno como el que ocurrió con Ocho apellidos vascos en España. Y es que cuando esta comedia romántica, que se estrenó en Uruguay el jueves, apareció en la cartelera española no solo batió todos los récords y las expectativas, convirtiéndose en el filme más taquillero de la historia del cine del país ibérico, con unos 10 millones de espectadores, también logró hacer reír al unísono a un país históricamente dividido por los nacionalismos de sus comunidades autónomas.

Desde su aparición, Ocho apellidos vascos, ganador de tres premios Goya, se ha transformado en objeto de análisis periodísticos y sociológicos, y hasta generó un despegue turístico en los pueblos de Euskadi en los que se desarrolla la película, que ofrecen rutas visitando los escenarios donde se filmó, incluida una pequeña iglesia que antes no recibía fieles y ahora se llenó de turistas .

La historia, que es deudora de la película francesa Bienvenidos al norte y de Los Fockers: la familia de mi esposo, no difiere mucho de una clásica comedia romántica en la que el pretendiente hace lo que sea por caerle bien a su suegro cascarrabias.

La particularidad de esta cinta que la hace única es que se vale de los estereotipos de los vascos y andaluces, del norte y el sur, para hacer reír de una manera que no se había hecho hasta ahora. La cinta no pretende mucho más que hacer eso, pero lo cierto es que lo logra con creces.

Rafa, interpretado por el debutante Dani Rovira, es el típico "pijo" (cheto) sevillano, lengua larga y de gomina. Amaia (Clara Lago) es el prototipo de la vasca con "mala hostia" y el flequillo cortado como "un camionero rumano". En su afán de conquistarla y de congraciarse con el padre de Amaia (Karra Elejalde), Rafa viaja al País Vasco, donde intentará hacerse pasar por uno de ellos, con la ayuda de una vecina (Carmen Machi).

Detrás de este éxito están el impresionante debut de Rovira y la maestría de Elejalde, el Robert De Niro de la película, quien en los últimos años se ha consolidado como uno de los mejores actores españoles, así como la gran mano para la comedia del director Emilio Martínez-Lázaro (El otro lado de la cama). Pero, sobre todo, los nombres detrás del suceso son los de los vascos Borja Cobeaga y Diego San José, guionistas de esta cinta, quienes antes habían hecho juntos los filmes Pagafantas y No controles, así como el programa de humor vasco Vaya semanita, que lleva una década al aire en esta comunidad autónoma española.

"Vaya semanita fue el primer programa que trató el conflicto vasco en clave de comedia. Queríamos hacerlo por primera vez en la gran pantalla y que la gente se pudiera reír fuera de Euskadi. Que fuera una lectura desahogada y optimista de lo que había sido durante muchos años un problema mucho más grave", señaló San José, de 36 años, en entrevista telefónica con El Observador.

Ocho apellidos vascos
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¿Cree que por ser tan localista la cinta puede ser menos entendible en el mundo?

La película ha estado en varios países de Latinoamérica, en Alemania, Portugal, Grecia. Lo que está siendo sorprendente no es que la película se vea, sino que la gente la disfrute cuando fue escrita de manera local. A veces por arrogancia de los que escribimos pensamos que solo vamos a entenderlo nosotros y resulta que es mucho más universal de lo que esperábamos.

La película se siente muy local pero a la vez se nota mucho la influencia de la comedia romántica estadounidense.

La generación de gente que nos dedicamos a escribir y dirigir películas y tenemos menos de 40 años hemos crecido bajo la influencia imparable del cine norteamericano. La comedia romántica es un género que en los noventa en Estados Unidos se hizo muy bien y en España tampoco se hizo tanto. El humor español de naturaleza es negro, es el de Azcona y de Berlanga (se refiere al guionista y al director), está más unido al disgusto. También nos influyó mucho la comedia británica, de Richard Curtis (Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill). Lucimos orgullosos esa influencia, que está presente en la nueva comedia española, que es cada vez más norteamericana, no solo en cuanto a los guiones sino en cuanto a la realización.

El boom de la cinta es muy llamativo en el contexto de crisis del cine español.

Fue muy sorprendente porque la película se estrenó el año pasado en España, en un momento en que no solo el cine español funciona mal sino que el cine como manera de ocio está en claro declive. Lo maravilloso de la película es que convocó filas de gente y las sesiones de Ocho apellidos vascos se agotaban. Era una imagen que uno no esperaba ver y lo mágico es que en el norte y el sur del país, que es verdad que son muy diferentes, de repente compartían afición por una película. Me hablan de abuelos que no iban al cine desde ET de Spielberg. Lo mejor que podría pasar es que la película sirva para que un pequeño porcentaje de los que habían perdido el hábito de ir al cine lo recuperen.

Se han hecho muchos análisis del filme. ¿Usted a qué atribuye el éxito?

La mayoría no llegan a conclusiones fiables por el hecho de que si fuera tan fácil de ver se hubiera hecho antes. Creo que es que la película ha ofrecido la relectura en comedia de elementos que años atrás eran siempre vinculados a noticias pesimistas, como todo lo que tenga que ver con el conflicto vasco. Creo que la gente logró en la sala una suerte de efecto sociológico de pasar página.

¿Y cómo influyó la crisis económica?

Se dice mucho pero no lo creo porque recuerdo cuando las cosas en España iban muy bien la gente también veía comedias. Yo creo que a uno siempre le apetece reírse.

¿Cuánto influyó el marketing? (Telecinco encargó, produjo y difundió la película).

En España se promocionó mucho. Telecinco es muy buena en eso. En España las películas españolas no suelen venderse como las norteamericanas, pero Ocho apellidos vascos fue vendida con la misma confianza que cuando llega un estreno de fuera. Pero luego la gente fue por el boca en boca. Se empezó a comentar tanto la película que si no la habías visto quedabas fuera de la conversación.

¿Cuál es clave para hacer reír a tanta gente?

No sabría volver a hacerlo. Soy consciente de que es el punto más alto de nuestra carrera como escritores. No lo digo en clave pesimista, soy realista. Nadie sabe cómo se hace una película como esta, ha sido una conjunción de muchos factores, nunca sabes si algo va a ser atractivo para el público. Dani Rovira, por ejemplo, nunca había hecho una película y ahora es una superestrella en España. Pero para los guionistas es el mismo esfuerzo escribir un éxito que un fracaso.

¿Cómo va a ser la segunda parte de Ocho apellidos vascos?

Se está rodando. Son los mismos personajes, pero ahora la acción se desarrolla en Cataluña, que en España es el nacionalismo más presente en los medios de comunicación. Estamos muy contentos con el guion, creo que es incluso más divertido, pero me parece que es muy difícil que la película haga tanto dinero porque lo que ocurrió en la primera parte fue mágico.

Diccionario


Euskadi /Las Vascongadas. País Vasco.

Kale borroka. Actos de violencia callejera realizados por simpatizantes del nacionalismo vasco.

Herriko taberna. Bar donde se reúnen los adeptos de la izquierda abertzale (nacionalismo independentista vasco).

Eskerrik asko. Gracias.

Agur. Adiós.

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