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Los compositores murgueros y las murgas encuentran su lugar este fin de semana en el Café Tribunales. A la fiesta por partida doble de la Falta y Resto se suma la presencia, mañana, del compositor Damián Salina, quien editó su primer disco con el sello MMG en 2010. El responsable de Más liviano conversó con El Observador sobre los gajes de la composición por fuera de la murga, la interacción del artista con las redes sociales y los lugares habituales de inspiración cuando se trabaja dentro del género.

¿Cómo encuentra un murguero el camino para hacer composiciones en solitario?
En mi caso, de una manera muy atípica. Yo miraba mucho a mi hermano, era mi referente a seguir. En un ensayo de (la murga) La Gran Siete, se dio esa típica ronda de canciones en las que cada uno se toca un tema suyo. Después de que me tocó (los generadores de la MPU del sello MMG) Ernesto Muñoz y Federico Marinari me propusieron grabar un disco. Inesperado es el término que mejor lo definiría. Pasé de tocar las canciones en el fondo de mi casa, a 4.000 personas en el Teatro de Verano.

Cuando ya hay un disco y una carrera solista, ¿qué es lo que toma más trabajo?
La dedicación. Yo tuve que dedicarme a esto antes de que fuera económicamente rentable. He intentado compatibilizarlo con trabajos típicos, el último fue conducir una ambulancia. Pero de repente tenés toques y no podés decir que no, o tenés 40 notas, como me pasó para un concierto con El Alemán. Entonces, todo he tenido que dejarlo. Pero de todas formas, recién ahora me acomodé como para poder mantenerme.

Independencia, dedicación total, manejo de la logística... ¿dónde se encuentra con las composiciones?
Yo digo que las que mejor me salen son las que caen de un tirón. Ojo, me gusta aquellas que me toma determinado tiempo escribir. Pero hay algo en las que salen de un tirón, ahí en mi casa, como de golpe, que es especial. No se si es que es algo que tiene que ver con que quedan como más acabadas o redonditas o crudas. O sinceras. Sobre los lugares, muchas de estas canciones salen de casa. Mis canciones trabajan con los sentimientos, con el romance. En esas canciones siento que todo fluye, son distintas.

¿Se siente más cómodo escribiendo sobre sí mismo o armando historias de la nada?
Creo que la comodidad, ante todo, estaba en la murga. Aquello era cantar con otros 17 y la cara pintada (es decir, casi irreconocible salvo para los fanáticos) sobre algo que había escrito otro. Esto es mostrar lo que uno hace, de frente y con tu cara. Ahora, lo mejor de todo es que la gente elija ir a escuchar a un sitio tus historias, tu creación, lo que te salió. A mí me encanta la murga pero mucho más disfruto de poder hacer lo que yo compongo. A estas alturas, lo obvio es que para mí es una necesidad.

¿Se reconoce un producto del entorno? ¿Cuánto de urbano hay en las canciones de Damián Salina?
No hay nada particularmente montevideano en lo que yo hago, diría que mi música es más universal que otra cosa. Puede ser que en el futuro escriba cosas más cercanas físicamente a esta ciudad, por ejemplo. Pasa que ¿cómo hacerlo, con tanta cosa buena que se ha escrito sobre Montevideo? Es difícil. Creo que los temas que manejo se pueden escuchar en todos lados. Me doy cuenta de eso cuando reviso mi Facebook y veo lo que me escribe la gente.

¿Usa mucho las redes sociales para vincularse con su público?
Ahora mismo tengo cerca de 500 personas que me siguen. Tuve un par de problemas con seguidores en mi perfil personal, pero lo cierto es que me gusta mucho subir las letras a esa página, que la gente las mire y comente qué le pasa con ellas. Está muy bueno saltarse los intermediarios y tener a la comunicación con gente que a lo mejor en vivo por timidez no se te quiere acercar. Sirve para que se caiga esa idea de que la gente no se crea que uno es agrandado o distante. l
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