“La mejor ley de medios es la que no existe, si me traen una ley de medios la tiro a la papelera”. Esas afirmaciones categóricas no pertenecen a Mario Vargas Llosa ni a ningún otro liberal contemporáneo sino al presidente José Mujica, que con hechos ha demostrado ser un libertario bastante más liberal de lo que algunos pensaban, lo que aplicado a la economía está propiciando –gracias al viento de cola internacional que amenaza con convertirse en una brisa- una notable fase de expansión productiva con resultados sociales. Pero fiel a su muletilla “como te digo una cosa te digo la otra”, la verdad es que el gobierno que Mujica encabeza –más precisamente los ministerios de Educación y de Industria- trabaja en dos proyectos de ley, uno para regular los contenidos audiovisuales y otro que apunta a revisar los permisos para usufructuar ondas del Estado por parte de radiodifusoras y canales de televisión. En esa misma línea, el Poder Ejecutivo incluyó en la reciente ley de rendición de cuentas un artículo que obligará a radios y canales de televisión a pagar un canon por el uso de las frecuencias radioeléctrica del Estado en un monto a ser fijado. La legitimidad de esas acciones es incuestionable desde el momento que se trata de un gobierno democráticamente elegido por el pueblo. Sin embargo, la primera pregunta que surge es por qué al gobierno, y en particular al presidente Mujica, le interesa tanto meter mano en el contenido de los medios audiovisuales y digitales, en los cuales por cierto está en el primerísimo lugar de exposición Necesita el mandatario más popular de la historia reciente decirle a los medios lo que tienen que emitir. ¿Para qué? Por qué? El jefe de Estado ha dicho que con esas iniciativas no se propone avasallar la libertad de expresión ni de los medios ni de los periodistas pero su conducta pasada y reciente para con los trabajadores de la prensa da por lo menos para sospechar y que conste que quien esto firma es contrario a cualquier clase de interés corporativo per sé, entre ellos el de los periodistas, ya que somos ciudadanos de a pie como todos los demás.
¿Por qué?
El presidente José Mujica tiene un poco de razón si se sigue su lógica porque no hay nada más opositor que preguntar
