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Para cuando Horacio González Fontova llegó a la televisión en 1989 en el programa Peor es nada, vestido de mujer, con un traje mezcla de empleada doméstica y de gitana adivinadora mal producida con senos de goma y con unos soberbios bigotones y lentes negros en el papel de Sonia Bragueti (con su latiguillo que decía “Don Shonson...”), el hombre ya tenía una larga carrera en la escena musical argentina.

Había tocado en grupos como Pata de Mosca, Fontova y sus sobrinos, y con los músicos uruguayos Rubén Rada y Leo Masliah, quien también estuvo con Jorge Ginzburg en la génesis de Peor es nada. Para Fontova, ese papel en televisión fue bisagra para su carrera. El programa tuvo enormes picos de audiencia y arrasó por tres años seguidos en su categoría los premios Martín Fierro. En 1991, el propio Fontova se llevó el galardón a “revelación” y “mejor actuación cómica masculina”.

Eran los primeros años de Carlos Menem, todavía de patillas frondosas. Argentina de a poco volvía a respirar luego de la económicamente dura década de 1980, Domingo Cavallo trepaba hacia la cumbre y ni siquiera se veían los cataclismos futuros. Alberto Olmedo estaba muerto y Marcelo Tinelli era todavía un púber televisivo. En ese contexto tan particular, Ginzburg y Fontova crearon una forma de humor que abrevaba en el pasado pero que poseía rasgos de originalidad y de riesgo: un sketch burlándose de los judíos (Zukermann), cuando su protagonista era judío, entre otros (Grande y zonzo Pa, Truchant, La banda del gordo Roque, todas parodias a programas argentinos de mucho rating entonces), más las inefables entrevistas de Ginzburg a un invitado famoso, donde preguntaba de forma explícita por su debut sexual.

Peor es nada fue un gran yacimiento para programas como Todo por 2 pesos, la primera época de El show de VideoMatch y más modernamente para Peter Capusotto y sus videos.

Pero los años pasaron y los vientos del tiempo se llevaron a Menem, a Cavallo, la pizza, el champán y a Yuyito González. Y también a Peor es nada. Luego de eso, Fontova volvió al teatro, actuó en mil y una obras, grabó más discos, participó en discos de otros, actuó en cine y prestó su voz para personajes infantiles, como en Metegol, de Juan José Campanella .

Ahora llega a Uruguay invitado por la embajada argentina en Montevideo para participar hoy en dos espectáculos en Montevideo y uno mañana en la ciudad de Rocha, en conmemoración de los 203 años de la Revolución de Mayo. Cantos de aquí y allá es un amplio popurrí musical que recorre los muy amplios gustos de Fontova, desde tangos a coplas españolas, desde Sinatra al folclore, todo acompañado solo de su voz y de una guitarra electroacústica. Con 66 años pero sintiéndose “como un pibe”, Fontova conversó con El Observador acerca de su carrera, de cómo cortaba la avenida Corrientes con una cuerda de tambores de Rada, de su obra literaria y de su “hippismo apolítico” hasta Néstor Kirchner y de su particular concepto de revolución.

¿Qué va a presentar en Montevideo y Rocha?
Yo soy músico por genética. Esa fue siempre mi profesión básica, siempre trabajé en grupo, pero desde hace un par de años estoy tocando solo, con guitarra “clarita”. Eso es lo que presento esta vez en Uruguay. El espectáculo se llama Cantos de aquí y de allí, y tiene temas nuevos y viejos. Desde covers de Frank Sinastra como I’ve got you under my skin, a mis tangos preferidos como Bien de abajo, Pero yo sé, Al mundo le falta un tornillo. Además hay de todo: canzonettas italianas, rock and roll y folclore argentino. También un poquito del condimento que me sostuvo la vida desde que nací: el humor.

¿Hace cuánto que no venía a Uruguay?
Hace un par de años toqué en El Tartamudo y en Punta del Diablo. Muchos piensan que soy uruguayo, porque digo mucho “vamo’ arriba”. Tuve una relación grande con Leo Masliah y con el negro Rada. Salíamos del teatro, en Corrientes y Esmeralda, donde hacíamos un show que se llamaba Oscura pareja, un delirio, con los tambores y cortábamos la calle. Una locura.

¿La gente le sigue recordando su papel en Peor es nada?
Sí, por supuesto. Pocos saben que en el primer Peor es nada éramos un trío conformado por Ginzburg, Masliah y yo. Salíamos en canal 13 y fue tan bizarro que no se entendió. Se cayó el proyecto, Masliah se fue y el petiso y yo lo organizamos de nuevo. El éxito me parecía incómodo, porque como viejo jipón me parecía que la televisión era muy careta,pero nos divertíamos mucho. En este momento el humor está muy árido. Los mejores son Capusotto y Sin codificar. Pero se “tinellizó” todo, por estilo y por programa: chismes, peleas, culos, tetas.

Además de músico y actor, usted ha escrito libros...
Escribí dos libros, donde me salí del estilo humorístico. Al primero lo titulé Temperamental, y son escritos delirantes. El segundo es Humano, cero humano. Es acerca de la actividad humana, con monólogos de animales como cucarachas, pulpos, tiburones, águilas, contado en primera persona.

¿Cómo ve la polarización cultural en Argentina hoy? ¿De qué lado se ubica, si se ubica en algún lado?
Hoy muchos dicen que no hay libertad de expresión. Que no rompan las pelotas: hay mas libertad de expresión que nunca. Siempre fui un hippie apolítico hasta Néstor Kirchner, que nos abrió la cabeza. Fue un revolucionario. La supuesta alternativa, o sea la oposición, es un mamarracho.

Hablando de revolución, usted ha citado varias veces un poema del escritor inglés DH Lawrence sobre la revolución...
Es un verso de un poema más largo, que dice: “Hay que hacer la revolución, pero no para que seamos todos iguales, sino porque somos todos demasiado iguales”.
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