Una pregunta inicial, ¿existiría Hamas si Gaza y Palestina no estuvieran ocupadas desde 1948?
Evidentemente no.
Una pregunta inicial, ¿existiría Hamas si Gaza y Palestina no estuvieran ocupadas desde 1948?
Evidentemente no.
Tomando en cuenta lo que el historiador israelí Illan Pappe expresa, estamos hoy ante un genocidio progresivo y Gaza misma no es la primera vez que es bombardeada. La finalidad es vaciar el territorio palestino de árabes. Es por eso que la lucha finalmente es demográfica.
Si se observa a la población árabe que habitaba el territorio originalmente, veremos que en 1946 era de 1.203.000 habitantes musulmanes y 145.000 ciudadanos cristianos, contra tan solo 608.000 ciudadanos de religión hebrea. La población de ambas colectividades es pareja actualmente, aunque muy superior. Hoy son 12 millones de habitantes y la superficie no crece, se mantiene en unos 27 mil kilómetros cuadrados.
Los pretextos para sentarse en la mesa de negociaciones –especialmente de la parte israelí– son infinitos, y el trabajoso arreglo que consiguieron los palestinos para constituir un gobierno de unión nacional con un gabinete de técnicos no fue bien recibido en Tel Aviv.
Los palestinos y la opinión pública mundial tienen sobradas razones para no confiar en la actitud israelí, que además teme que si finalmente los árabes constituyen un Estado soberano con fronteras reconocidas, pueden llevar varios casos encarpetados ante el Tribunal Penal Internacional, iniciativa por otra parte tomada ahora por el gobierno boliviano. Caen mal también las violaciones reiteradas a las resoluciones de la ONU, especialmente la 242 y la 338 por parte de Israel. Pero quizá lo que más sorprende en estos momentos es la ferocidad con que actúan los israelíes con el bombardeo indiscriminado a objetivos civiles, en especial a la escuela de la ONU donde se habían refugiado quienes trataban de protegerse de los bombardeos, y que llevó al secretario general de las Naciones Unidas a manifestarse horrorizado ante estos desmanes.
Quizá haya que buscar uno de los pretextos inmediatos de estas operaciones bélicas en el asesinato de dos niños palestinos en la ciudad de Beituna. Allí, Nadim Muwara y Mohamad Abu al Thahit hallaron la muerte a manos de un francotirador el 15 de mayo pasado. Luego fueron asesinados los tres jóvenes israelíes, pero Hamas no ha reivindicado esa acción. Finalmente llegó la represalia de israelíes a costa de otro joven palestino que, esta vez, fue quemado vivo.
La violencia ciega se pone de manifiesto además en la destrucción total del barrio de Shujayiyah y la misma parece no tener fin.
Declaraciones como las del ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Avigdor Liebermann, indudablemente no contribuyen a pensar en una actitud tolerante y prudente ante tamaña crisis. El diario La Jornada de México transcribió el 5 de agosto de 2009 sus expresiones nada edificantes. “Hay que ahogar a los palestinos en el mar Muerto, que es el punto más bajo del planeta”, dijo. El señor Liebermann nació en Moldavia y emigró en 1978 a Israel.
Se impone que prime la cordura, que haya un cese al fuego de inmediato y que se tomen medidas humanitarias, como el fin del bloqueo a que es sometida la población de Gaza y que todos los protagonistas hallen una solución definitiva a este conflicto que lleva ya demasiados años y cuyas heridas cada vez van a ser más difíciles de restañar.
* Historiador. Autor de La intifada palestina y su poesía, entre otras obras.