Cuando el mundo tenía sus en la ciudad australiana de Sidney, donde uno de los llamados "" del islamismo radical provoco tres muertes, la guerra religiosa en Asia multiplicó al infinito el dolor.
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Al menos 148 personas, la mayoría niños y adolescentes, murieron hoy en un ataque de los talibanes en una escuela para hijos de militares en Peshawar, principal ciudad del noroeste de Pakistán, según un balance de las autoridades. Es el ataque terrorista más sangriento de la historia del país, según anunció el Ejército.
El anterior récord se remontaba a diciembre de 2007, cuando murieron en un atentado en Karachi 139 personas, entre ellas la exprimera ministra Benazir Bhutto, que acababa de volver a Pakistán.
Los combates entre el ejército y los asaltantes proseguían a media jornada. El ataque fue reivindicado por los talibanes, que dijeron actuar en represalia a la ofensiva militar contra sus bastiones en la región.
Dos ministros regionales dijeron a la AFP que el ataque provocó al menos 108 muertos en esta escuela de Peshawar, la principal ciudad del noroeste de Pakistán.
Según testigos, una fuerte explosión sacudió la escuela pública, tras lo cual los atacantes fueron aula por aula disparando a los estudiantes.
El ataque reivindicado inmediatamente por el Movimiento de los Talibanes de Pakistán (TTP), principal grupo islamista del país, es uno de los más sangrientos cometidos en varios años y es muy significativo porque pone a los hijos de las fuerzas del orden como un blanco militar.
Según dijo a la AFP una fuente de la escuela, al menos cinco atacantes vestidos con uniforme militar entraron al establecimiento hacia las 10H30 locales (05H30 GMT).
El ejército intervino rápidamente y más de tres horas después de iniciado el ataque todavía se registraban combates en el interior de la escuela.
Se presume que dentro del establecimiento se encontraban varios centenares de alumnos, sin un reporte oficial del número de niños retenidos, lo que hace entrever que el saldo de muertos pueda ser bastante más alto.
Según la autoridad provincial de información, Mushtaq Ghani, muchas de las víctimas murieron en la explosión.
Mudassar Abbas, asistente del laboratorio de la escuela, dijo que algunos estudiantes estaban en una celebración cuando comenzó el ataque.
"Yo vi a seis o siete personas que fueron de aula en aula disparándole a los niños", afirmó.
Un estudiante que sobrevivió a la acción dijo que los soldados entraron a rescatar a los alumnos durante un momento de calma entre los disparos.
"Cuando íbamos saliendo del aula vimos varios cadáveres de nuestros amigos en los pasillos. Estaban sangrando. A algunos les habían disparado tres o cuatro veces", contó el testigo.
Un blanco débil
Esta escuela, cuyos estudiantes tienen entre 10 y 18 años, está ubicada en la ruta entre Peshawar y Warsakm y forma parte de una red de 146 establecimientos para hijos de personal militar. Sin embargo, también asisten hijos de civiles, y muchas veces las mujeres de los agentes ejercen como profesoras.
Mohamed Umar Jorasani, portavoz del TTP, reivindicó el ataque y dijo que los militantes utilizaron a francotiradores y a suicidas.
"Se les ordenó disparar a los estudiantes más mayores, pero no a los niños", afirmó a la AFP y declaró que el objetivo de la operación era vengar a sus combatientes muertos en la ofensiva militar contra ellos en sus bastiones cerca de Peshawar.
El TTP, principal grupo islamista del país, es una organización cercana a Al Qaida, que se enfrenta al gobierno desde 2007.
"Realizamos una investigación en la cual determinamos que los hijos de varios altos responsables militares estudian en esa escuela", dijo a la AFP Jorasani.
El ejército lleva a cabo desde hace varios meses una amplia ofensiva contra el TTP en la zona tribal de Waziristán norte, situado en la frontera con Afganistán.
Para Talat Masood, general retirado y especialista en seguridad, esta operación tiene un doble objetivo, táctico y militar.
"Apuntan hacia blancos débiles esperando que esto tenga un fuerte impacto, especialmente a nivel psicológico, en la población. Los talibanes esperan que atacando a niños, van a hacer bajar el apoyo a las operaciones militares contra ellos", explicó.
Pakistán lleva a cabo una lucha contra los grupos islamistas en sus regiones semiautónomas desde 2004, cuando su ejército entró en el área para buscar combatientes de Al Qaida que huían de Afganistán ante la presión estadounidense.