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La hija del presidente Raúl Castro y ministra cubana, Mariela Castro Espín, intercambió en noviembre algunos tuits con Yoani Sánchez. En uno de ellos, Castro la llamó “parásito despreciable”. A Yoani no la acusan de “gusano del imperio”, puesto que se opone al embargo estadounidense, sino de “parásito” de España, donde ha ganado varios premios por su blog Generación Y, en el que publica crónicas desde La Habana. La información que difunde allí muchas veces es confirmada por el gobierno, a pesar de su disidencia. Por este trabajo, la semana pasada fue postulada al Premio Nobel de la Paz 2012. Yoani tiene 36 años, 18 intentos frustrados de salir de la isla y su cuenta en Twitter más de 200 mil seguidores. Mañana intentará reunirse con la presidenta Dilma Rousseff en La Habana, luego de que la cancillería brasileña le concediera el visado para viajar al país norteño. De todas maneras, lo más probable es que una vez más termine tuiteando dentro de un patrullero.

¿En qué ha avanzado el gobierno cubano desde que Raúl Castro llegó a la Presidencia?
Sin lugar a dudas, el gobierno de Raúl Castro ha dado pasos en la dirección correcta hacia la flexibilización económica. Cuando tomó el poder de manera oficial, el 24 de febrero de 2008, tenía la posibilidad de tomar dos caminos: la apertura y la eliminación gradual de la camisa de fuerza que amarraba la iniciativa productiva cubana, o encaminar el país hacia un modelo con más estadismo, más control, más estandarización de la producción. Raúl tomó el camino de la reforma. Sin embargo, la reforma –que está en la dirección correcta– va a una lentitud desesperante. No tiene la velocidad que demanda la urgencia de la situación cubana.
Por otro lado, no ha avanzado prácticamente nada en los derechos ciudadanos. Ahora mismo hay mucha represión en el país, que es muy diferente a la que teníamos con Fidel Castro. Con Fidel a las personas se las condenaba a largas penas de 20 o 30 años, incluso podían ser fusiladas. Con Raúl la represión está más escondida, no deja rastros, pero está en la calle: se detiene un auto con matrícula privada, te meten a la fuerza en el auto, te golpean, te intimidan y después te sueltan. Hay una paramilitarización de la Policía. Han aumentado la vigilancia, las escuchas, las cámaras. Yo nunca estuve en prisión, por ejemplo, pero sí he sufrido la represión al estilo de Raúl.

Fidel dimitió por cuestiones de salud y Raúl ya tiene 80 años. ¿La sucesión generacional es el camino hacia una mayor apertura?
La peor de las pesadillas sería que el poder se siga heredando por vía sanguínea, a través del árbol genealógico de la familia Castro. El hijo de Raúl, Alejandro Castro Espín, es un hombre que ahora está detrás de la Policía política y del Ministerio del Interior en Cuba. Además ha ocurrido que todos los posibles sucesores y benjamines fueron satanizados.

¿Lo más probable es que el sucesor de Raúl sea su hijo?
Esa es una posibilidad con la que se especula. Pero sería la posibilidad más tenebrosa. Lo cierto es que no se vislumbra ninguna otra figura, porque Raúl se ha encargado de arrasar a todo el que lidiaba consigo. Las últimas personas defenestradas fueron Carlos Lage, el ex vicepresidente, y Felipe Pérez Roque, el ex canciller (destituidos en marzo de 2009). Eran los posibles benjamines que quedaban para sostener en sus manos las fuerzas del sistema.

¿A usted le interesaría ocupar cargos gubernamentales en algún momento?
Creo en la política con mayúscula, que no es la política que se hace desde el palacio de gobierno, sino la política que se hace desde la palabra, desde el argumento y desde el periodismo. Siento que este país está muy necesitado de información, de que le expliquen muchas cosas que estuvieron silenciadas y calladas durante décadas. Quiero fundar un periódico libre, que es la única manera de hacer política, política sin color partidista. A mí no me interesa estar sentada en una silla parlamentaria, sino en la redacción de un periódico para hacerles saber y recordándoles a los presidentes, a los parlamentarios y a los ministros que son nuestros servidores públicos.

Mañana la presidenta brasileña Dilma Rousseff visitará Cuba. Usted le envió una carta solicitándole una reunión y que interceda con el gobierno para permitirle que viaje al exterior. Luego de que la presidenta le concedió el visado, ¿qué expectativa le genera su visita?
Dilma es una persona escuchada en el Palacio de la Revolución Cubana. Por su historial personal, ella ha sufrido el autoritarismo y debe comprender lo difícil que la tiene un ciudadano cuando se le cortan todos los caminos para cambiar de manera electoral y pacífica lo que no le gusta. Pienso que puede cambiar el rumbo de la relación con Cuba, volcarla más hacia los ciudadanos.
En cuanto al visado, es una señal, pero ya tengo un pasaporte lleno de visas. El gobierno no me deja salir, porque sabe que voy a volver. Entonces no me hago muchas esperanzas. Más aun teniendo en cuenta que después de la muerte de Wilman Villar Mendoza (preso político fallecido en huelga de hambre en una cárcel cubana el 19 de enero), el discurso oficial se ha radicalizado.

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